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Janet, Lopeyok, Alice Egelan, Anne, Rose, Alice Akura y Sarah, las siete jóvenes turkanas que esperan poder continuar sus estudios
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Janet, Lopeyok, Alice Egelan, Anne, Rose, Alice Akura y Sarah, las siete jóvenes turkanas que esperan poder continuar sus estudios (Foto: Asociación Manyatta)

El futuro de siete chicas en la subida de dos madrileños al Kilimanjaro

sábado 01 de febrero de 2020, 09:05h

José Antonio y Cristina Carrillo son un padre e hija madrileños que se han propuesto un gran reto para el próximo 22 de febrero: subir en una semana a la cima del Kilimanjaro para darle una oportunidad de futuro a siete chicas turkanas. Se trata de una campaña lanzada vía GoFundMe en la que proponen este reto solidario con el que pretenden reunir 2.800 euros en donativos para poder pagar la educación superior de siete chicas jóvenes de la tribu de los Turkana -se puede participar en la campaña donando la cantidad que se desee-

Ambos han pertenecido desde muy jóvenes a un grupo de Scouts y han vivido varias experiencias de voluntariado en diferentes partes de África: Hace ya tres años que Cristina Carrillo visita cada verano esta región del este africano para ayudar como voluntaria y lanzando campañas. Además, se convirtió en madrina de tres chicas turkanas y ha participado en la construcción de un centro educativo en Marruecos.

Cristina y José Antonio Carrillo durante una actividad en la montaña

José Antonio, ginecólogo de profesión, ha ejercido como voluntario médico para la ONG Zerca y Lejos en Camerún, donde permaneció un mes. En su familia existe una gran tradición montañera y, por supuesto, vocación voluntaria. “Llevaba varios años con la idea de subir el Kilimanjaro”, añade Cristina sobre su padre, “entonces se nos ocurrió unir las dos cosas y así lanzamos el reto solidario”, al que se han unido otros dos montañeros.

Turkana, la educación les hará libres

Los Turkana son una tribu de pastores nómadas y tradiciones rígidas. Usan casas de paja, adornan sus cuellos con hileras de collares de colores y visten con ropas llamativas que transmiten mucha energía. Ubicada al noroeste de Kenia, la escasez de recursos y la nula gestión de éstos conforma una de las zonas más pobres del planeta. Para que pueda desarrollarse es imprescindible un elemento que cambie su situación: la educación.

Miembro autóctono de la tribu de los Turkana

"Es una región de clanes, muchos enfrentados, y allí la mujer es objeto de cambio”, explica Cristina.

“A las niñas de familias más tradicionales cuando tienen 12 ó 13 años se las casa de manera forzosa a cambio de ganado”, relata Carlota Moreno que lleva nueve años en distintos proyectos y asociaciones de voluntariado en Turkana. Allí las cabras son un bien muy preciado y “a las niñas se las pone en venta a cambio de cabras” explica. También es habitual en la cultura de los Turkana que un hombre posea varias esposas y que éstas hagan los trabajos más duros: recorrer varios kilómetros para conseguir agua, recogida de leña, cuidado de toda la familia...

“Este proyecto lo que hace es negociar con las familias para quedarse con la custodia legal de una niña y se la escolariza en estudios superiores hasta que pueda ser financieramente independiente”, explica la protagonista del ascenso, que ha creado junto a un grupo de voluntarios veteranos la Asociación Manyatta para que su proyecto no quede en el olvido cuando baje del ‘techo de África’.

Cabaña típica del noroeste de Kenia conocidas como Manyatta

La educación se convierte en la pieza clave de una sociedad en la que escasean las oportunidades para las mujeres. Las jóvenes turkanas si no se escolarizan no disfrutarán de ningún tipo de oportunidad. “Allí se considera que una mujer escolarizada pierde valor como esposa”, comenta Carrillo y explica que este es “uno de los motivos de que allí haya tanta pobreza”. Esta concepción provoca que las tasas escolares se paguen antes para los chicos que para las féminas: “Supone una doble dificultad para ellas”.

Además, culturalmente los hombres lo que buscan es acumular ese ganado para comprar una mujer. “Esto genera el problema añadido de la diferencia de edad, bastante grande en los matrimonios”.

Asociación Manyatta y Centro Saint Patrick’s

La Fundación San Patricio creó en 2003 el Saint Patrick’s Centre, un centro de cooperación en Lokitaung (una de las poblaciones más avanzadas de la zona) que organiza voluntariados y escolariza a las niñas durante primaria y secundaria entre muchas otras actividades de ayuda al desarrollo en Kenia. Este programa está limitado a 60 niñas. Carlota Moreno, que participa desde hace muchos años en el proyecto de la Fundación, añade: “Estas niñas al estar becadas por la Fundación se han salvado de ese futuro y ese presente que existe ahora mismo en Turkana”.

Centro Saint Patrick's en Lokitaung

El problema surge porque “cada vez hay más generaciones de niñas que acaban esta educación y no pueden costearse todavía estudios superiores”, explica Carrillo. Por ello, la Asociación Manyatta trata de cubrir esa parte. “Surge de la conexión emocional que tenemos con las niñas y la voluntad de ayudar en lo que podamos”, recalca sobre el proyecto, que aún está en proceso de registro oficial.

La Asociación Manyatta nace en 2019 de la mano de diez voluntarios con experiencia de varios años en Turkana para continuar el proyecto de la Fundación San Patricio, del que muchos también son voluntarios. “Allí el impacto de este proyecto es bastante alto”, precisa . “El problema es que no se puede llegar a un gran número de personas”.

Esta es su primera iniciativa, el reto solidario, cuyo objetivo “son 2.800 euros, el dinero que cuestan los estudios de informática recomendados por el Gobierno de Kenia (estudios superiores de Computer Skills) de tres meses para estas siete niñas”.

Desde la organización destacan que tienen “varias ideas en marcha. El objetivo es generar varias fuentes de financiación que puedan cubrir estos costes”. Una de ellas consistiría en proponer a deportistas que hagan retos solidarios en nombre de la asociación y generen dinero “para que vaya íntegro para los estudios de las chicas”.

Las siete jóvenes turkanas después de firmar un documento para consolidar su compromiso con la educación

"Probablemente va a ser lo más difícil que voy a hacer en mi vida" relata Cristina sobre el duro propósito que le espera el 22 de febrero: "Va a ser un reto físico y mental muy muy exigente. Es un aliciente bastante grande cumplir un desafío personal con el que estás ayudando a personas. Es una motivación extra para cuando esté a 4.000 o 5.000 metros para seguir adelante".

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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    18451 | José Antonio - 05/02/2020 @ 21:05:01 (GMT+1)
    La protagonista de esta historia lleva 3 años pasando gran parte de sus vacaciones en el Lago Turkana, en unos viajes que se tiene que pagar íntegramente ella. El lugar es muy árido y seco, el agua escasea. Antes de acostarse tiene que mirar que no se encuentre ninguna araña venenosa escondida en la cama, y al salir a la calle hay que tener cuidado que ningún escorpión se encuentre en la puerta. Y todo lo hace para que las niñas de la región tengan una educación que las saque de la extrema pobreza en la que se encuentran. Criticar a esta persona es para pensárselo dos veces.
    18384 | - 02/02/2020 @ 22:14:06 (GMT+1)
    No sería más eficaz que el coste de la expedición probablemente más de 6000€ lo dediquen al proyecto y gafan algo más económico por las montañas españolas.

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