Faltan unos minutos para las nueve en punto de la mañana, y los primeros rayos de sol pelean por colarse entre los edificios. La multitud se congrega a lo largo de la Calle Real, las aceras están abarrotadas y asoman cabezas de todos los balcones.
Algunos mozos destacan entre la multitud: apenas conversan, hacen estiramientos, mantienen la mirada fija en el final de la calle mientras se persignan y besan compulsivamente el pañuelo que llevan atado en las muñecas. Esos pañuelos no son simples trapos, tienen bordada la imagen de la Virgen de la Soledad, a la que sus portadores se encomiendan. Es probable que la mayoría de ellos lleve años sin pisar una iglesia, pero este es un momento especial. En unos minutos estarán corriendo delante de una manada de toros bravos, y a uno no le queda otra que buscar consuelo y protección. Los toros son los protagonistas de la semana, pero todos los festejos están atravesados por la devoción popular a la patrona, a la que se hace honor.
Arganda del Rey es el municipio con más toros de la Comunidad de Madrid. Durante las Fiestas de 2024 (del 9 al 17 de septiembre) han pasado por sus calles más de 90 ejemplares entre encierros, novilladas, capeas y el tradicional concurso de recortes, verdadera seña de identidad del pueblo. No en vano, todo aficionado del mundillo, desde Finisterre a Tarifa, conoce a Arganda con el sobrenombre de tierra de recortadores. La razón es muy sencilla: basta con ojear la lista de campeones de España en esta disciplina y fijarse en la procedencia de muchos de ellos.
Arganda del Rey, tierra de recortadores
“La afición en Arganda es tan grande porque es lo que los niños mamamos desde pequeños", explica David Ramírez ‘El Peque’. "Yo recuerdo ir al parque a jugar al toro y soñar con poder ponerme algún día delante de uno de verdad”. A día de hoy, ‘El Peque’ es uno de los recortadores más ilustres del país, con más de 30 años de carrera a sus espaldas y multitud de logros. Entre ellos, haber sido campeón de España en la modalidad de anillas y dos veces tercer puesto en la de recorte libre.
"A las fiestas de Arganda las mueve el toro"
Para aquellos cuyo contacto con el festejo taurino se reduzca a las trágicas noticias que aparecen en el telediario de cuando en cuando, no será fácil entender la razón por la que un hombre se pondría delante de un morlaco de más de 500 kilos. Sin ánimo de convencer a nadie, David Ramírez explica que es “un cúmulo de sensaciones” que solamente encuentra al enfrentarse al toro. Aunque no encuentra la palabra exacta, se sabe que riesgo y adrenalina llevan hermanadas desde el principio de los tiempos. “No hay nada en el mundo que me haga sentir algo parecido”.
— ¿Puede uno imaginarse Arganda del Rey sin toros?
— Es imposible –concluye ‘El Peque’–. Por mucho que haya gente a la que le moleste, a las fiestas de Arganda las mueve el toro. Esa es la realidad. Sin sus encierros por las calles, sin sus espectaculares capeas y sin sus grandes novilladas, no hay fiestas. No hay nada que pueda ocupar el espacio que ocupa el toro.

El actual alcalde, Alberto Escribano, no será desde luego el que tiente a la suerte: "¿Una Arganda sin toros? Ni sería posible ni me la quiero imaginar".
Entre otras cosas, porque comparte con sus conciudadanos esta afición: “Cada pueblo tiene unas señas de identidad que debe cuidar, nuestra historia es taurina y eso hay que cuidarlo lo mejor que sepamos… Ha habido épocas difíciles, de mucho ataque, pero por suerte esas modas han pasado”, reflexiona.
Escribano explica que Arganda es “una referencia del festejo taurino a nivel nacional”, y que esto es algo que hay que mantener "en honor a los que lo hicieron el pasado". El alcalde recuerda que se presentó a las elecciones diciendo que quería “recuperar el orgullo de vivir en Arganda” e incide en que este pueblo tiene “una historia que hay que contar y poner en valor para que no se pierda”.
Huelga decir que Escribano no es la opción electoral para aquellos que quieran reducir la partida presupuestaria dedicada al toro: el alcalde ha rescatado la capea nocturna, una tradición que no se celebraba desde hace algunos años.
A pesar de la longevidad de la afición taurina en el pueblo, Eduardo (argandeño de pura cepa) cuenta que hace 60 años las fiestas no eran como ahora: “Siempre hemos sido muy taurinos, pero antes soltaban unos cuantos becerros y a correr. No tiene nada que ver con todo lo que se organiza ahora”. El programa de las fiestas de Arganda consta de diez días con eventos taurinos casi sin interrupción: una semana de lunes a viernes (más el lunes y el martes de la siguiente semana) con encierro por la mañana y novillada por la tarde, a los que hay que añadir capeas y concurso de recortes. Unos diez toros diarios de media.
La juventud toma el relevo
Lo que no ha cambiado, añade Eduardo, es la afición, que se ha ido transmitiendo durante todo este tiempo “también entre la juventud”. Sobre esto último hace hincapié el alcalde: “Para mantener la pasión es importante facilitar que los jóvenes vayan a los toros. Este año hemos creado la ‘grada joven’, que ha tenido casi 150 abonados, y el año que viene esperamos tener aún más”, explica Escribano.
En los últimos años, la atracción que los jóvenes sienten por la tauromaquia ha ido en aumento a nivel nacional. Los datos de una encuesta publicada por el Ministerio de Cultura demostraron que, por primera vez, el porcentaje de españoles de entre los 15 y 24 años que fueron al menos una vez a los toros supera a los de 65 años en adelante. Desde luego, en el caso de Arganda, el relevo parece garantizado, y no sólo en las gradas. Raro es el día en que, en el tiempo libre entre encierro y novillada, no haya algún niño paseando por la plaza capote en mano. Toreando de salón unos cuernos que mueve un amigo, un padre o un tío, suplantando al miura.

Los recortes son el estandarte de la pasión taurina en el pueblo, pero el argandeño también asiste con devoción al arte de la lidia. Para esta última feria de novilladas se han vendido más de 1300 abonos, doblando las cifras que se registraban hace cuatro o cinco años. Y del total de siete novilladas que se han celebrado, en cinco de ellas ha habido que colgar el cartel de ‘no hay billetes’ en la taquilla del Ayuntamiento.
"La Plaza, en la plaza"
La Plaza de Toros de Arganda del Rey está lejos de ser de las llamadas de primer nivel, pero su feria de novilladas actúa de lanzadera hacia escenarios más importantes. Sin duda, lo que más diferencia a esta plaza de las demás es su aspecto arcaico e irregular, más propio de las zonas del Levante que del resto de España. No es redonda, pero tampoco cuadrada. Es una especie de trapezoide desnivelado que ni siquiera está formado por una barrera de madera. Lo delimita una sucesión vertical de barrotes de hierro pintados con los colores de la bandera de España. Por si no fuera suficiente su extravagancia, no es fija, y cada septiembre hay que montarla y desmontarla en el epicentro del pueblo: entre la iglesia y el edificio del Ayuntamiento.
Y más vale dejarla quieta. Cuentan las crónicas del pueblo que, hace décadas, un alcalde movió la plaza de lugar... Días después, encontró un toro muerto en la puerta de su casa. Tal es el celo de los argandeños por su tradición. Como se dice por aquí: “La Plaza, en la plaza”.
Más allá de esta historia, no sería justo retratar a los habitantes de este pueblo como una especie de turba medieval. Los argandeños ya habían gastado su buen humor en respuesta a afrentas mucho más serias: recoge Manuel Rodríguez Martín y Chacón en su libro Arganda del Rey, apuntes para la historia que en 1805, Carlos IV prohibió las corridas de toros y novillos de muerte “por ser contrarias a la agricultura, a la cultura, a la industria y a los sentimientos de humanidad” y que esta prohibición fue ratificada por el ministro Juan de la Cierva durante el Bienio de Maura (1907-1909). Por el pueblo empezó a correr una coplilla:
Ya no hay toros en Arganda,
ni tampoco en Campo Real,
porque ha mandado La Cierva
que se los lleve Marcial;
¡Ay, La Cierva, La Cierva!
¡Un avichucho que no come yerba!

400 años de afición taurina
Arganda está normalmente reservada a jóvenes promesas del toreo, pero por ella han pasado figuras como Morante de la Puebla, Manuel Díaz ‘El Cordobés’ o incluso Manolete, que en 1944 colocó en Arganda el único par de banderillas de su carrera. En la primera mitad del siglo XX, además, el pueblo tuvo su torero: Marcial Lalanda, quien hoy da nombre a una placita.
El año que viene la Plaza de Toros de Arganda del Rey cumplirá 400 años y aún a día de hoy, cuando atardece sobre el sexto novillo a ritmo de pasodoble, el albero rezuma pureza y mito.
Hace ya unos días que los operarios comenzaron a desmontar este símbolo para guardarlo con cuidado hasta su cuarto centenario. Pero el olor a toro pervive en las calles de Arganda, que con todo su pesar se despide de festejos hasta el próximo septiembre.