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Preparativos de las fiestas de San Cayetano.
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Preparativos de las fiestas de San Cayetano. (Foto: Diego Sánchez)

La verbena de San Cayetano

jueves 02 de agosto de 2018, 18:41h

Este fin de semana será el primero de una serie de festivos con las verbenas más populares de Madrid: las de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma. En la última década se han convertido en fenómenos de masas. Veamos algo sobre la historia de San Cayetano.

No son las primeras verbenas madrileñas, pues el ciclo comenzó el 13 de junio con la de San Antonio. Las de San Juan y de San Pedro desaparecieron hace décadas. Pero las supervivientes sí son las más masificadas. La iglesia de San Cayetano de la calle Embajadores fue adquiriendo relevancia en el centro madrileño en la segunda mitad del siglo XIX.

Frente al hospital de La Latina estuvo la ermita y parroquia de San Millán, una de las diecisiete que tenía Madrid en el siglo XIX. La ermita de San Millán ya estaba en pie a final del siglo XVI, aunque el templo fue reedificado varias veces, siendo reconstruido la última vez por Teodoro Ardemans. Fue elevada a parroquia en 1806. Allí estuvo uno de los portillos de acceso a la cerca de Felipe IV. Al ordenarse el derribo de esa muralla tras el destronamiento de Isabel II en 1868, la iglesia de San Millán desapareció, pasando su feligresía a la vecina de San Cayetano, que añadió el otro santo a su denominación. Hoy san Millán se recuerda por la corta calle que lleva ese nombre y que va desde Cascorro a la calle de Toledo.

El convento de la orden de los Teatinos de San Cayetano (Nuestra Señora del Favor) acogía a los religiosos que vivían de la limosna. Lo que les sobraba tras comer ellos se repartía entre los pobres del arrabal. El año 1949 apareció en dos volúmenes una curiosa Historia Sintética de Madrid firmada por José Alba Abad. Era el señor Alba hermano de Leocadia e Irene Alba, las populares actrices madrileñas. El hermano optó por la carrera militar, falleciendo en 1944 sin llegar a ver publicada su historia. En el ella José Alba apunta el origen de la verbena de San Cayetano y lo data en el 7 de agosto de 1644. Ese día, según el escritor, los teatinos no consiguieron absolutamente nada para comer y repartir por lo que el hermano lego despidió con el estómago vacío a quienes esperaban la colación. Se enteraron de ello los hermanos García y Rodrigo Abad, que vivían en la calle que hoy se llama de los Abades, y ordenaron a un criado que llevara alimentos a los frailes y a los pobres. Advirtieron que delante de su casa permanecía solitario un caballo, que tantas veces como era ahuyentado volvía a ese punto. Recogemos literalmente la versión del señor Abad:

“Para ahorrar viajes con las viandas, pensó el criado utilizar el semoviente en la carga de los comestibles y así lo efectuó, pero con gran asombro de éste, la caballería, una vez cargada, desapareció a todo correr encaminándose sola al convento, seguida a todo correr también del fámulo, quien se enteró por el hermano portero que había abierto la puerta al oír la campanilla pero que no vio en la puerta ni en las inmediaciones, alma viviente. Criado y lego descargaron la mercancía y el jumento desapareció en una de las veces que los dos entraban al monasterio. Comieron los frailes y repartieron el sobrante como de costumbre. Para celebrar el hecho hubo Salve por la tarde, luminarias y baile a la puerta de la fundación, fiesta que fue el origen de la verbena de San Cayetano”.

Otra versión más milagrosa afirma que el caballo en cuestión apareció milagrosamente cargado de viandas, que llevó al convento. Y, cumplida su misión, desapareció tan misteriosamente como había llegado.

Que la calle del Oso sea el epicentro de la verbena tiene su razón porque en ella estuvo el primer oratorio de los teatinos.

La actual iglesia de San Cayetano fue obra de Pedro de Rivera y José de Churriguera, quienes hicieron un templo grandioso terminado en 1761. El estilo churrigueresco tuvo muchos detractores en Madrid. Mesonero Romanos fue uno de ellos. En su Manual de Madrid se lee sobre el templo:

“Este templo es magnífico, de tres naves espaciosas, y se construyó a principios del siglo pasado. Lo hubiera sido más, si uno de los arquitectos de la escuela de Churriguera no hubiera echado a perder los diseños que vinieron de Roma. La fachada, sobre todo, es de mal gusto, aunque muy costosa”.

Esta iglesia fue rociada con gasolina e incendiada el 19 de julio de 1936 por elementos de extrema izquierda, quedando totalmente destruida salvo la monumental fachada. Todos sus tesoros artísticos desaparecieron. El año 1961 se inició la reconstrucción dirigida por Manuel Martínez Chumillas y el templo se reabrió el 6 de agosto de 1962, víspera de la fiesta de San Cayetano. Hoy es Bien de Interés Cultural. Puede llevar a confusión la existencia durante la posguerra de una iglesia de San Cayetano que estaba en el barrio de la Guindalera, en la calle Teodoro Ardemnas. En ese barrio existe actualmente la plaza de San Cayetano.

La actual calle de San Cayetano, que conecta Embajadores con la Ribera de Curtidores, fue conocida antes como callejón de Embajadores y no tenía salida.

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