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Plaza de la Luna
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Plaza de la Luna (Foto: Street View)

El Teatrillo de Buenavista: cuando la plaza de la Luna era un palacio

Un 14 de noviembre de 1830 se inauguraba el Teatrillo de Buenavista en los bajos del Palacio de Monistrol, una edificación que se levantó hasta 1969 en la ahora conocida como plaza de la Luna. El teatro, no obstante, solo logró sobrevivir hasta la década de los 70 del siglo XIX.

Menos de medio siglo estuvo abierto el Teatro de Buenavista, o Teatrillo de Buenavista como se hizo famoso en la sociedad madrileña de mitad del siglo XIX. Fue un 14 de noviembre de 1830 cuando el empresario Mr. Pierre de París inauguró un local en el que expandir en a capital sus por entonces famosos espectáculos de títeres mecánicos. Era momento de prosperar, después de que la gran afluencia al teatro que ya regentaba en el número 40 de la vecina calle Jesús del Valle le hiciera buscar un espacio más grande. Y así llegó a las bajos del Monistrol, en la calle Luna, uno de los palacetes que en aquel momento inundaban -aunque pocos vestigios queden hoy en día- la zona y cuya demolición ya bien avanzado el siglo XX (en 1969) dejó el espacio de la actual plaza de Soledad Torres Acosta o plaza de la Luna.

El Teatrillo de Buenavista se creó en la parte baja de este palacio, que albergaba justo en la esquina opuesta el popular Café de la Luna, con entrada por el número 46 de la calle de Silva. En un primer momento era un teatro mecánico que solo podía disfrutarse en fechas navideñas. Exponía un nacimiento con piezas móvies que, según los artículos de la época, no eran siempre fieles a la historia: se cuenta cómo podía verse a los pastorcillos que iban camino del Portal santiguándose o cómo navegaban fragatas por el río mientras disparaban sus cañones contra el castillo del rey Herodes quien, a su vez, contestaba haciendo fuego con los suyos.

Dos años después, en 1932, el pequeño teatro se reconvirtió, ampliando su capacidad a 296 asientos y cambiando las figuras mecánicas por un escenario de 21 pies de fondo por 20 de ancho en el que se representaron obras dramáticas y óperas italianas, además de alquilarse a grupos de teatro amateur para sus funciones.

Los años 70 del siglo XIX fueron los de la decadencia del Buenavista, quizás provocada por la proliferación de otros teatros más nuevos, más elegantes y más espaciosos en calles más transitadas de Madrid. Sea como fuere, el teatro se fue apagando hasta que cerró sus puertas. Un anuncio en un periódico en mayo de 1876 repartía sus cenizas, informando sobre la venta de “todo el escenario completo con telones, bastidores, decoraciones, butacas, sillones, sillas y demás mobiliario correspondiente al antiguo teatro de Buenavista, calle de Silva, 46. Portería darán razón”.

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