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Terele Pávez
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Terele Pávez (Foto: Antonio Castro)

Eran tres hermanas...

La actriz Teresa Marta Ruiz Penella, conocida artísticamente como Terele Pávez, ha fallecido este viernes en el Hospital La Paz de Madrid a los 78 años de edad tras sufrir un derrame cerebral.

Las hermanas Ruiz Penella eran tres: Emma, Elisa y Teresa. Las tres fueron actrices. Emma, la mayor, (1931-2007) se puso el apellido Penella, el del famoso compositor, su abuelo. La mediana, Elisa, se hizo apellidar Montés en recuerdo de ‘El gato montés’, la más recordada partitura de su abuelo. Y la pequeña Teresa (Terele) fue más rebuscada y usó para los carteles el segundo apellido de su abuela, Emma Silva Pávez. Sobre ellas pesó siempre el estigma de ser hijas de Ramón Ruiz Alonso, el político al que se implica en el prendimiento y muerte de García Lorca. Solo en los últimos años las hijas se refirieron escuetamente a ese parentesco.

En la familia, además del compositor Manuel Penella, había otro antecedente artístico: Teresita Silva, una actriz de opereta relativamente conocida en los años cuarenta y cincuenta. Actuó con los padres de Plácido Domingo y con el gran Sagi Vela.

Emma Penella fue la más popular. Tras su matrimonio con el productor Emiliano Piedra se convirtió en una figura poderosa el cine. En teatro trabajó menos. Y en los últimos años de su vida gozó de una inusitada popularidad gracias a la serie ‘Aquí no hay quien viva’.

Elisa Montés tuvo una juventud esplendorosa. Se casó con Antonio Ozores y tuvieron una hija, la también actriz Emma Ozores. El matrimonio duró ocho años y la carrera de Elisa fue bastante irregular. Es la superviviente.

Terele Pávez fue la más indómita. Su carrera se ha forjada a base de caídas y resurrecciones. Aunque ya llevaba algunos años sobre la escena, el estreno de ‘Las salvajes en Puente San Gil’ (1963) y, más tarde, ‘La casa de las chivas’ en 1969 la consagraron como una de las posibles grandes trágicas de la escena española.

Pero Terele apareció y desapareció. Sin embargo, cada vez que volvía a resurgir lograba un gran éxito y engrandecía su leyenda ‘maldita’.

En 1984 Mario Camus le proporción el vehículo para una gran reaparición: la Régula de ‘Los santos inocentes’. Terele fue entonces una revelación para las nuevas generaciones. En 1998 volvió al teatro con ‘Madre Caballo’. Pero sería el cine –y Alex de la Iglesia- el que volviera a convertir a Terele en estrella. Primero con ‘El día de la bestia’ (1998) y después con ‘La comunidad’ (2000). Ha sido fiel a este director –que le dio el vehículo para ganar un Goya por ‘Las brujas de Zugarramurdi’- hasta el último momento. Con él rodó el año pasado ‘El bar’.

Gerardo Vera ha sido otro de los directores que ‘adoptó’ a Terele. En 1998 le dio la última (por el momento) Celestina del cine español. Y volvió a brillar. Gerardo fue el responsable de su vuelta a las tablas hace cuatro años con ‘El cojo de Inisham’. Se quedó con las ganas de reponer con ella ‘La reina de la belleza de Leenane’. La última vez que vimos a Terele sobre un escenario fue hace tres años con una versión de ‘Ricardo III’.

Terele vivió como quiso. En los últimos años apoyada incondicionalmente por su hijo Carolo. Nunca fue una estrella al uso, pero fue una estrella. No siguió los caminos trillados pero, haciendo gala de ‘los malditos’, cada vez que quería cortar la respiración de los espectadores de cine y teatro, lo lograba. ¿Pudo hacer muchos más trabajos? Sí, con toda seguridad. Pero todos y cada uno de los que hizo en los últimos treinta años, serán recuerdos imborrables en la memoria del público.

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