Una vida sobre el escenario

Nati Mistral, Premio Madrid Toda una Vida 2010
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Nati Mistral, Premio Madrid Toda una Vida 2010

Nati Mistral, una vida sobre el escenario

La cantante y actriz Nati Mistral (Madrid, 1928) debe su apellido artístico a la escritora Gabriela Mistral a la que su madre admiraba. Considerada pionera de los grandes musicales en España, entró en el mundo del espectáculo con 14 años. En reconocimiento a esta dilata trayectoria el Jurado le ha otorgado el premio Madrid Toda una Vida.

Toda una vida subida a los escenarios y dedicada al mundo del espectáculo. Desde muy joven, supo que quería ser artista. Estudió en el Conservatorio aunque fue un premio en un concurso de radio lo que permitió el despegue de su carrera ¿cómo le llegó la oportunidad?

Tenía 14 años y en Radio Madrid se pidieron muchachas que cantaran un fado porque era para anunciar una película portuguesa y yo me presenté. Te daban la partitura y la canté en portugués porque tenía una tía monja que había estado en Portugal y me ayudó a preparar la prueba. Se lo conté a mi madre y a mis vecinas,pero a mi padre no, porque no quería para nada que me dedicara a esto. Y dio la casualidad de que gané el premio. Pensaba que estaría otorgado, pero no, me lo dieron, fueron 1.500 pesetas de aquella época y grabé un disco en Columbia. Así empecé. Mi madre convenció a mi padre para que me dejase hacer lo que de verdad me gustaba. Accedió a regañadientes, pero nunca estuvo contento porque pensaba que esta profesión no hacía feliz a nadie. Y lo cierto es que es una profesión muy solitaria. Siempre he estado trabajando y al final de tu vida te quedas verdaderamente sola.

Una de sus primeras oportunidades profesionales fue en el Teatro Español, ¿cómo llegó allí?

Mi padre trabajaba frente al Teatro Español, conocía a un señor de allí y le dijo que su hija había ganado un concurso en la radio. Tenía mucho miedo de que me hicieran daño, pero confió en esta persona para que me diese una oportunidad. Estuve ahí dos años sin ganar nada y siendo partiquina, de las que decían 'Viva el rey, mueran los tiranos'; gritaba como una loca, pero me divertí y aprendí mucho. Todo lo que sé, lo aprendí allí.

Ha hecho teatro, cine, música, canción, ha recitado poemas. Se dice que es una artista polifacética por excelencia. ¿Con qué se siente más cómoda?

Sí, he hecho de todo: he cantado una ópera en el Teatro Colón de Buenos Aires, he cantado en Londres, he cantado con Eduardo Mata en Dallas (Estados Unidos) y con Jesús López Cobos. Cuando estás haciendo una obra, en ese momento, es lo mejor. Me encontré muy a gusto con 'Divinas palabras', de Valle-inclán. Fue uno de mis papeles de primera actriz. A partir de ahí, comencé a cantar, recitar y a interpretar obras de Unamuno, Galdós, Lorca...

Trabajó durante cinco años en Alemania y después cruzó el charco para comenzar una nueva etapa en Argentina, país del que guarda un grato recuerdo y que la consagró también en América.

Fue el primer país que visité de América; me quisieron enseguida y yo a ellos. Además, es un país maravilloso con gente estupenda. En ese momento, había unas revistas musicales que te morías de la risa por las gracias que hacían; cómo se metían con el Gobierno. Era fantástico. Yo he vivido allí mucho tiempo durante largas temporadas. Guardo buenos recuerdos. No olvido curiosidades como lo que ocurría con las librería, que estaban abiertas día y noche. No hay persona en Buenos Aires que no haga un verso, que no escriba una página.

Siempre ha sido una mujer de armas tomar, avanzada a su tiempo por todo lo que ha hecho. Incluso muchos de sus personajes han sido temperamentales y de gran carácter: la ‘Celestina’, ‘Isabel II reina de Corazones’, ‘La Perrichola’, ¿de cuáles guarda mejor recuerdo?

A mi me gusta el personaje que interpreté en 'Divinas Palabras', de Valle-Inclán porque yo tenía en aquella época 30 años y tuvo un éxito rotundo. Después, he hecho La Calestina, maravillosa, pero ya tenía 60; o sea que no es lo mismo. 'Divinas Palabras' fue el éxito de mi vida y donde además vino todo el mundo, toda la intelectualidad española a ver la función porque se trataba de Valle Inclán, que se escenificaba después de la guerra, y eso hoy te hace muy feliz. En cualquier caso, de cada personaje te queda algo porque es el pensamiento del autor.


La censura en el teatro fue algo con lo que tuvo que convivir durante bastante tiempo.

Pues sí, censuraban todo. Recuerdo que la censura no permitía estrenar la 'Corte del Faraón' y Luis Escobar la tuvo que versionar en 'La Bella de Texas', cambiando las canciones. Incluso, me multaron con 10.000 pesetas porque se me cayó un tirante mientras hacía de Fortunata.

En 1968 participó en 'El hombre de la Mancha' en su primera versión en Madrid, ¿cómo era trabajar en aquella época en la capital para una mujer de éxito?

'El hombre de la Mancha' lo estrenamos aquí con José Osuna, maravilloso director, encantadora persona y bellísimo hombre. Lo estrenamos en el Teatro de la Zarzuela y luego pasamos al teatro de la Gran Vía; pero no tuvo el éxito que alcanzó después porque era pionero en su época. Se daban dos funciones y sin micrófono, por eso no había tantos artistas, ahora cualquiera canta.

A lo largo de su dilatada carrera ha recibido galardones como el Premio Nacional de Teatro y la Medalla de Oro de las Bellas Artes. Mirando hacia atrás, ¿cómo ve su vida? ¿se siente satisfecha?

Creo que he hecho muchas tonterías, pero no las he hecho queriendo, siempre he sido bastante consciente de lo que representaba y por lo que he venido al mundo. Me acuerdo que una pregunta del catecismo decía: ¿para que está hecho el hombre primordialmente? Y la contestación era para buscar el fin por el que fue creado. Yo creo que encontré ese fin para el que fui creada: soy el transmisor entre el autor y el oidor, que es el espectador. Esa es mi meta, ese ha sido mi oficio. He aprendido un verso maravilloso o una obra, o una canción cualquiera y he sido el transmisor entre el autor -que sin mi no hubiese existido- y el espectador, que sin mi no lo hubiese escuchado. He vivido, no maravillosamente, pero bien; tampoco he querido ser la rica del cementerio, he hecho las cosas tranquilamente y Dios me ha ayudado mucho, cosa que agradezco infinitamente y trato de pagárselo siendo lo más buena posible.

¿Le queda algo por hacer?

Me quedaría mucho por hacer si viviese 20 ó 30 años más, pero como es imposible porque voy a cumplir 82 años, ya estoy preparándome a bien morir y a pedirle a Dios que no sea de forma larga ni agónica, y que sea un tránsito más o menos como la vida tranquila que me ha dado.

Ha recibido practicamente todos los premios importantes de teatro y ahora recibe el premio Madrid a toda una vida sobre los escenarios.

Como decía Cervantes, siempre me afano y me desvelo por parecer que tengo de poeta la gracia que no quiso darme el cielo; yo digo, que siempre me afano por pasar de puntillas para no llamar la atención. Por lo visto he taconeado demasiado y por eso me dan el premio. Estoy encantada con el premio y si me lo dan periodistas, mucho mejor que si me lo diese la Real Academia.

A modo de despedida, ¿podría dedicarnos alguno de los versos que haya recitado a menudo a lo largo de su intensa vida?

Por ejemplo un poema de Amado Nervo:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajo injusto, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

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  • Nati Mistral, una vida sobre el escenario

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    6220 | Socorro Iglesias - 20/08/2017 @ 13:56:09 (GMT+1)
    Grande y fructífero ha sido tu paso por este mundo. Gracias por los maravillosos momentos que nos has regalado y el magnífico recuerdo que tendremos de tí los que te hemos conocido y admirado. DEP amiga

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