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Fumar ha pasado de moda
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(Foto: BdI)

Fumar ha pasado de moda

Por MDO
viernes 16 de septiembre de 2016, 10:30h
Fumar es, como todos los vicios, una práctica inútil. Es más, nociva. No pretendemos desde aquí demonizar a las personas fumadoras, pero ellas mismas son conscientes de que gastan grandes sumas de dinero en algo que es sumamente perjudicial para su salud, y que cada es más antisocial. El mal olor es uno de los causantes.

La venta de cigarrillos retrocedió el año pasado a niveles de hace unos 50 años en España, según una noticia difundida por los principales medios de comunicación nacionales. La razón principal para explicarlo la encontramos en la crisis económica y la merma del poder adquisitivo, pero también en el cerco que desde los organismos oficiales se ha puesto a su consumo.

En España, particularmente, la modificación de la ley antitabaco de 2010 prohibió fumar en cualquier espacio de uso colectivo, además de otras medidas en torno a la venta y suministro que, por supuesto, tocó el bolsillo de la ciudadanía fumadora.

Esto, sin embargo, deparó en el aumento del contrabando y en las encendidas protestas de un sector, el de estanqueros, que aseguraban que las medidas no disminuían el deseo de fumar, sino que incrementaba el acudir a mercados paralelos ilícitos. La Organización Mundial de la Salud, de hecho, pide constantemente más medidas contra el comercio ilegal de tabaco.

En todo caso, el consumo de tabaco está cada vez más cercado, y por ellos son más los que se convencen de dejar de fumar. Algo que cuesta y mucho.

La adicción al tabaco

Como cualquier otra droga, el tabaco es adictivo porque sus componentes activos, resaltando especialmente a la nicotina, actúan sobre el sistema nervioso. Esto genera en la persona que fuma la necesidad de volver a fumar, que se explica por una dependencia no solo psicológica sino también física, en lo que se llama el síndrome de abstinencia (coloquialmente conocido como mono). Por eso es tan difícil dejar de fumar.

Millones de personas fuman en todo el mundo y comienzan a hacerlo por diversos motivos: para sentirse bien, por la curiosidad que les provoca o por encajar, hacer lo que hace su círculo. Pocos conocen, sin embargo, los peligros reales: problemas cardiovasculares como coágulos sanguíneos o hipertensión, cáncer, cicatrización deficiente, pérdida de vista o incluso disminución de las capacidades propias de oler y saborear, entre otras muchas consecuencias.

El tabaco es una lacra porque, además, posee efectos sobre las personas que están alrededor del fumador. El humo de un cigarrillo, de hecho, posee un gran número de químicos, algunos de ellos cancerígenos. Los esfuerzos de muchos organismos a nivel nacional e internacional, de hecho, han estado motivados por proteger a la población más vulnerable, especialmente los niños.

Dejar de fumar

La ayuda para dejar de fumar es fundamental en el caso de personas que tienen gran adicción al tabaco. Existen multitud de libros para ayudarnos a dejar de fumar, algunos de los cuales han tenido bastante éxito. Los libros para dejar de fumar, no obstante, suponen una autoayuda de bajo coste que se presenta como una herramienta óptima para poner a prueba la voluntad del fumador. El lema de la página a la que lleva el enlace anterior es, precisamente, “Lo único imposible es aquello que no intentas”.

Dejar de fumar no es cuestión baladí, ya que requiere incluso un cambio en el estilo de vida, que incluye cambiar hábitos y horarios que puedan hacer que una nueva actividad ocupe el tiempo antes se dedicaba fumar. Por supuesto, el ejercicio físico es fundamental. Su eficacia dentro de la terapia de una persona que sufre una fuerte adicción está más que demostrada. Y una de las ventajas principales es que supone un coste económico muy bajo.

Los expertos recomiendan establecerse metas a corto plazo, que se han de ir cumpliendo para fijar nuevas. Una de las más recurrentes es la de la hucha, la misma en la que la persona que trata de dejar de fumar deposita el dinero que antes invertía en tabaco.

En la Red hay cientos de recursos, la mayoría puestos a disposición de organismos relacionados con la salud. Es el caso de la Asociación Española Contra el Cáncer, el Ministerio de Sanidad o los gobiernos autonómicos. Es necesario además contar con la ayuda del entorno.

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