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Obra 'Trato de favor'
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Obra 'Trato de favor' (Foto: Antonio Castro)

'Trato de favor', delirio zarzuelero

Una historia de cárcel de mujeres y amores lésbicos

jueves 27 de abril de 2023, 10:16h
Actualizado: 01/05/2023 17:02h

El teatro de la Zarzuela, entrando ya en la recta final de la temporada, estrena una nueva producción lírica que, como poco, va a sorprender: Trato de favor.

Es un estreno absoluto, lo que quiere decir que música y libreto son totalmente nuevos. Y con este trato de favor, Bianco como director del teatro, y Sagi como director de escena, recuperan el espíritu festivo y disparatado de las zarzuelas en el final del siglo XIX y principios del XX. Hablo sobre todo, del género chico, del que se estrenaban decenas de títulos cada temporada al hilo de la actualidad económica o política de cada época. Libretos disparatados muchas veces envueltos en partituras geniales. Luego, nuestro género lírico se fue haciendo más grande y a nadie le parecía un disparate que la zarzuela transcurriera durante la revolución rusa (Katiuska) o en la exótica Damasco. Eso sin contar el bandolerismo o las intrigas palaciegas de salón en la calles de Lavapiés.

Hay obras a las que resulta difícil clasificar: ¿revista? ¿musical? ¿zarzuela? También Trato de favor podría encuadrarse en esos géneros porque de todos ellos se alimenta, mientras que el libro está entre el sainete, la telenovela o el astracán. Seguramente el espectáculo, en un gran teatro de la Gran Vía, llenaría muchas tardes. En cualquier caso, estamos ante una partitura que tiene momentos rozando la obra maestra, como el intermedio orquestal o el coro de la corrupción, que parece directamente inspirado en el coro de la murmuración de El dúo de la Africana. Hasta el final -que no desvelamos- es al estilo de las grandes tragedias operísticas. Como La boheme, por ejemplo. De ahí que, a diferencia de muchos títulos del género chico, se requieran orquesta, coros y solistas de gran nivel. Y en esta producción se tienen, aunque el elemento masculino solo aparezca en la segunda parte. La partitura, por cierto, es de Lucas Vidal, un compositor madrileño con un nutrido catálogo de bandas sonoras para películas (en Estados Unidos y en España) y que se estrena en la zarzuela. Utilizando símil taurino, con posibilidades de salir a hombros.

Boris Izaguirre, tan inclasificable como este espectáculo, es el autor del libreto. Él mismo aparece en el patio de butacas en las últimas escenas integrándose en la representación.

Izaguirre ha escrito una historia de cárcel de mujeres y amores lésbicos. Una famosísima estrella de la copla, Ana Mía, es condenada a prisión como cómplice de los tejemanejes económicos de su pareja. (¿Por qué me acordé de Isabel Pantoja.?). La directora del penal y las reclusas están revolucionadas ante la llegada de la diva. Pero tratan de que, durante su estancia entre rejas, no reciba el trato de favor del título. Llega la cantante, se vuelve amnésica, la convencen para hacer de la cárcel un palacio de la revista y hasta la presenta España al festival de Eurovisión. No les desvelo el desenlace, pero el jolgorio del público es considerable.

Trato de favor podría haber sido una película de Almodóvar en su primera época. Hasta el ambiente carcelario inicial recuerda al famoso baile de Bibiana Fernández en Tacones lejanos. Este argumento delirante rezuma humor y sarcasmo, con algunas escenas que encajarían en un culebrón venezolano. No olvidemos el origen del escritor. En cien minutos pasan tantas cosas, que hay que reflexionar al salir. Tras el ensayo general, por cierto, el público aclamó y vitoreó el resultado.

Porque, para que esto llegue a buen puerto, se necesitan maestros al frente. Andrés Salado triunfa con la orquesta, con un gran dominio de una partitura nueva a la que no le faltan ni guiños al La, la, la massielero. El personaje de la diva se lo reparten Ainhoa Arteta y María Rey-Joly, dos sopranos muy distintas que pueden hacer dos versiones magistrales. Completan los solistas Nancy Fabiola Herrera, Gurutze Beitia, María José Suárez, Cristina Faus, Amelia Font, Amparo Navarro y Enrique Ferrer, el único personaje masculino con protagonismo.

Emilio Sagi vuelve a la Zarzuela, de donde nunca se ha ido del todo. Y vuelve a firmar una dirección de escena extraordinaria, llena de hallazgos, con sabiduría para mover los conjuntos que parece heredada de Tamayo o José Luis Alonso. El ritmo es frenético y en ningún momento embarullado, sabe colocar a los solistas en el lugar que merecen y, como hizo hace seis años con El cantor de México, demuestra que la genialidad no está reñida con la frivolidad. Conseguir que mil espectadores salgan del teatro con una sonrisa en los labios es un mérito nada desdeñable. También es cierto que le han dado unos medios apabullantes; una escenografía monumental -que firma Bianco- y un vestuario de Jesús Ruiz que haría palidecer de envidia a la gran Esperanza Roy.

En resumen, zarzuela contemporánea, con una gran partitura, una extraordinaria producción y un cachondeo desbordante. Sería muy deseable que una inversión tan elevada, se rentabilizara con sucesivas reposiciones. En esta temporada de estreno se han programado doce representaciones hasta el 21 de mayo.
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