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GRAN CRUZ DE LA ORDEN DEL DOS DE MAYO

Polluelo en recuperación.
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Polluelo en recuperación. (Foto: Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS))

Serpientes, tortugas gigantes y aves heridas: el día a día del CRAS

Un hospital para animales silvestres

viernes 01 de mayo de 2026, 08:00h
Actualizado: 01/05/2026 19:15h

Rodrigo pasa los días en una calma repetida, casi silenciosa: hojas de lechuga que crujen entre sus mandíbulas, largos periodos de sueño bajo la luz tibia y, de vez en cuando, el chapoteo pausado en el agua junto a su inseparable compañera de recinto. Su rutina, sencilla y previsible, parece no esconder nada extraordinario, pero su historia no siempre fue así.

Antes de esta quietud, hubo viajes, manos distintas y un pasado que lo trajo hasta el Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS) de la Comunidad de Madrid, en Tres Cantos. Llegó allí tras la llamada de una mujer mayor que, sin apenas opciones, buscaba un destino digno para él. Rodrigo era un legado familiar: una tortuga de espolones africana que había pasado de generación en generación desde que un hombre la rescató y la llevó a España en tiempos de guerra. Con los años, ese vínculo terminó en manos de su nieta, quien finalmente tuvo que reconocer que ya no podía cuidarla.

Los técnicos del centro entendieron que no era solo un animal lo que tenían delante, sino una historia que pedía continuidad. Y así, entre instalaciones pensadas para devolver a la naturaleza a quienes pueden regresar, Rodrigo encontró un lugar donde quedarse, lejos de su origen, pero al fin a salvo.

Desde que abrió sus puertas en 2010, por el CRAS han pasado alrededor de 50.000 animales, muchos de ellos con historias tan conmovedoras como la de Rodrigo. Ahora, casi dos décadas después dedicándose a la recuperación y posterior liberación de todo tipo de animales; así como a la acogida de muchas especies que, por diferentes circunstancias, no pueden volver a su medio natural; la Comunidad de Madrid les ha otorgado este año una de las Grandes Cruces de la Orden del Dos de Mayo, una de las 14 que ha concedido a otras personalidades, instituciones y entidades sociales.

Un 60% de los animales que entran, salen

"En el centro entran dos tipos de animales: los autóctonos, que fundamentalmente son aves (aunque también atendemos mamíferos y anfibios); y la fauna exótica, aquellos que en gran medida la gente tiene en casa", detalla Pepe Lara, director del centro, en una entrevista con Madridiario. "Las primeras suelen ser especies protegidas que llegan al CRAS porque se han dado un gople, se han caído de un nido o tienen algún problema y nosotros intentamos recuperarlos. Somos como un hospital que trata de curarlos para luego soltarnos de nuevo en la naturaleza".

No obstante, la fauna exótica complica la ardua labor de los técnicos y trabajadores del centro. "Esos animales se escapan o, incluso a veces los dueños se cansan de ellos y los sueltan en un lugar inadecuado y terminan llegando a nosotros", cuenta Lara. "Como no podemos soltarlos en la naturaleza, intentamos darles una salida digna y, en los casos donde es posible, buscarles un nuevo hogar a través de nuestro programa de adopción (siempre con su documentación correspondiente)".

"A veces no es fácil porque hay animales peligrosos, especies exóticas invasoras que no se pueden ceder o animales con enfermedades contagiosas", lamenta el director del centro. "Aún así, intentamos darles a todos una salida adecuada para que vivan en buenas condiciones".

No obstante, al CRAS también trasladan animales silvestres heridos o enfermos encontrados en la Comunidad de Madrid. Corzos, zorros, jabalies, vencejos, palomas... en el centro han atendido hasta lobos. Allí, los técnicos trabajan por la recuperación de esos animales heridos para su posterior liberación en el medio natural, de ahí que su labor sea tan fundamental a la hora de mantener la biodiversidad.

"También trabajamos con zonas aeroportuarias como Madrid-Barajas, donde hay muchos animales protegidos (sobre todo pollos), que nacen en zonas con riesgo de colisión con aviones", detalla Lara. "En esos casos, los retiramos por su seguridad y las criamos en el centro gracias a lo que llamamos 'madres ficticias', dos águilas reales que llevamos más de diez años utilizando para sacar adelante esas crías".

Según el director del centro, estas aves son capaces de alimentar entre 25 y 30 pollos cada año hasta que están capacitadas para alimentarse por sí mismas y cazar, momento en el que se liberan en la naturaleza.

De hecho, cuentan con un programa de apadrinamiento de aves a través del cual cualquier persona puede acompañar en el seguimiento de rehabilitación de un polluelo concreto desde su ingreso hasta su reintroducción en el medio natural, pudiendo acudir a presenciar el día de su puesta en libertad.

La responsabilidad de convivir con un animal exótico

Por otro lado, el centro también recoge animales exóticos que se liberan en el medio natural y que suponen una amenaza para la supervivencia de neustras especies autóctonas. "Hablamos de cualquier especie que se pueda tener en casa, como aves exóticas, hurones, cobayas e incluso mapaches o suricatas", concreta el director del centro.

"Nosotros intentamos retirarlos si están en la naturaleza y, en el caso de animales entregados por particulares, les buscamos una salida adecuada", agrega. "Hemos recibido todo tipo de animales de ese modo: desde serpientes (incluyendo anacondas de hasta seis metros, pitones o serpientes de maíz), hasta tortugas de gran tramaño".

En este sentido, Lara recuerda que el objetivo del CRAS no es acumular animales, sino darles una salida digna, por ello, además de la liberación en la naturaleza de animales cuando ésta es posible, también se pueden adoptar algunos de los inquilinos del centro o, en los casos más complicados, se trasladan a otras instituciones como el Zoo de Madrid, Cabárceno, Faunia...

"En el caso concreto de los animales exóticos, es fundamental la educación en tenencia responsable, ya que muchos requieren de documentación específica, como el certificado CITES y, es importante que a la hora de comprar estos animales exigamos estos papeles", expresa Lara. "Es tan imprescindible como conocer su procedencia y su estado de salud certificado por un veterinario".

Para ayudar a los técnicos del CRAS, cualquier persona puede ponerse en contacto con ellos y preguntar por los animales que tienen en adopción, ya que le darán una salida del centro y, de paso, aliviarán un poco el trabajo del equipo del centro. "Tenemos animales que no presentan riesgos, fundamentalmente aves exóticas como loros o cacatuas y algunos reptiles como iguanas", cuenta Lara. "Suelen ser animales pequeños ya que los adultos se adaptan peor al contacto con humanos".

El CRAS como indicador ambiental

Por último, el equipo del CRAS también intenta dar una respuesta rápida y eficaz a todas las personas que se encuentran animales silvestres que necesitan cuidados. "Si te encuentras un animal herido o enfermo, es importante que sigas una serie de recomendaciones para evitar que se estrese y poner en riesgo su supervivencia", advierte el director del centro. Entre ellas, destacan tapar al animal con una toalla o trapo para que no se asuste, no darle de comer (ya que cada especie requiere de una alimentación específica) y dejarlo en una caja de cartón en un lugar tranquilo y a una temperatura agradable. Una vez hecho todo esto se puede trasladar al centro.

En definitiva, el compedio de todas estas labores al final resulta en un indicador ambiental que proporciona información sobre el estado y la evolución del medio ambiente de la Comunidad de Madrid. "Además de los miles de animales que entran por nuestras puertas cada año, gestionamos alrededor de 900 muestras sanitarias en colaboración con la Consejería de Sanidad y la Dirección General de Agricultura para detectar enfermedades que puedan afectar tanto a los animales, como a los humanos", afirma Lara.

"Somos de los primeros en detectar riesgos sanitarios emergentes y en trabajar en protocolos de control, una labor poco visible pero muy importante a la hora de prevenir enfermedades y proteger la salud pública", concluye el director del CRAS.

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