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Enero, el mes que desbarataron los sueños a Lola

Por Francisco Naranjo Llanos
lunes 27 de enero de 2025, 09:31h

Enero fue un mes fatídico en la vida de Lola González: el 20 de enero de 1969 asesinaron a su novio, Enrique Ruano, el 24 de enero de 1977 se perpetró el atentado de Atocha 55 en la que murió su marido, Javier Sauquillo y el 27 de enero 2015, hace 10 años, falleció ella como consecuencia de un cáncer de pulmón.

Dolores González Ruiz, Lola para sus amigos, fue una abogada laboralista, superviviente de los asesinatos de los Abogados de Atocha en 1977. Ahora quizás más conocida, a raíz de la serie Las Abogadas, que ha emitido recientemente TVE. El resto de las abogadas, a las que se refiere la serie de TV, son las más conocidas abogadas laboralistas, Cristina Almeida, Manuela Carmena y Paca Sauquillo. Aun se puede ver la serie en RTVE Play.

Pero aquí vamos a hablar de Lola. Lola nació en León en 1946 y murió en Madrid el 27 de enero de 2015. ​ La injusta historia de Lola comenzó en 1969. Como estudiante de derecho, estuvo siempre ligada a los movimientos antifranquistas. En enero de ese año 1969, Lola fue detenida junto al que entonces era su novio, Enrique Ruano, por la Brigada Político-Social franquista por arrojar a la calle propaganda de "las comisiones obreras", según la versión policial,

El caso de Enrique Ruano es tristemente conocido por todos. Tras ser torturado durante tres días, fue cruelmente asesinado tirándole por una ventana desde un séptimo piso. La policía de la época lo calificó como suicidio y así lo extendió también la prensa franquista.

A pesar de esta adversidad, Lola lo pudo superar con mucho esfuerzo y continuó con su trabajo como abogada laboralista y su militancia en el PCE y en CCOO. Ambas organizaciones ilegales hasta bastante después de la muerte del criminal dictador, Francisco Franco en 1975.

El mes de enero de 1977, ya casada con Javier Sauquillo, también abogado laboralista, a la vida de Lola le tenía preparado otro grave golpe. El 24 de enero, ocurrió el atentado de Atocha 55, despacho de abogados vinculado al PCE y a CCOO.

Un comando de extrema derecha acudió la noche de ese 24 de enero al despacho laboralista vinculado al PCE y CCOO, de la calle Atocha 55. Los asesinos colocaron contra la pared a los asistentes y ametrallaron a quemarropa a las nueve personas allí presentes.

Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Ángel Rodríguez Leal, fallecieron en el acto. Lola, quedó gravemente herida junto a su marido, Javier Sauquillo Pérez del Arco, y de Serafín Holgado de Antonio, que fallecieron al día siguiente. Junto a Lola, quedaron también gravemente heridos Luis Ramos Pardo, Miguel Sarabia Gil y Alejandro Ruiz Huerta Carbonell, Alejandro es el único que hoy en día continúa con vida y es el actual presidente de la Fundación Abogados de Atocha.

Estos atentados supusieron un antes y un después en la transición española. El 26 de enero de 1977, más de cien mil personas acudieron a decir adiós a los fallecidos de Atocha 55, en un clima de silenciosa indignación, y con toda seguridad el atentado y la manifestación posterior, aceleró los cambios políticos necesarios hacia la democracia en nuestro país.

Los que conocieron a Lola tras el atentado fascista recalcan que tardó años en recuperarse físicamente, pero quedó psicológicamente afectada de por vida, pero a pesar de ello ella siguió luchando por sus ideales políticos y sociales. Militando en el PCE y en sus CCOO y trabajando en varios despachos de abogados laboralistas de CCOO, así como en la Comunidad de Madrid.

Cuando CCOO de Madrid, en mayo de 2004, puso en marcha la Fundación Abogados de Atocha, Lola formo parte de su primer Patronato y en sucesivas renovaciones continúo participando en él. Cuando murió en 2015, era la presidenta de honor de la Fundación.

Yo por las fechas del atentado de enero de 1977 a los Abogados de Atocha, era un joven sindicalista de RENFE y conocía el despacho de Atocha 55 por algunos compañeros del transporte que se reunían allí. Viví aquellos atentados con enorme intensidad y porque no decirlo, con miedo, con mucho miedo. Años después me entere que uno de los fallecidos –Ángel Rodríguez- tenía en su agenda mi teléfono personal.

Pero más que del 24 de enero, que también, mi más claro recuerdo en mi mente es del 26 de enero, día del entierro de los compañeros asesinados. Para mí ha sido la más impresionante y emotiva movilización silenciosa que he asistido en mí vida y he asistido a cientos. Aquellas miles y miles de hombres y mujeres, aquellas tensiones contenidas, aquel silencio, sólo rotamos ya en el cementerio, con algunas vivas a los muertos y por el canto de la internacional, fue algo que el pueblo de Madrid, el país entero, nunca olvidará.

A partir de esas fechas desde CCOO y después, a partir del 2004, conjuntamente con la Fundación Abogados de Atocha, todos los años, los 24 de enero, hemos continuado rindiendo homenaje y recuerdo a esos mártires de libertad que fueron y son los Abogados de Atocha.

Años después, conocí personalmente a los, sobrevivientes de aquel atentado criminal: Miguel Sarabia, Luis Ramos, Alejandro Ruiz-Huerta y Lola González.

Con todos ellos tuve una excelente relación, ya que desde que me incorpore a CCOO de Madrid en mayo de 1987, como responsable de Comunicación, fui una de las personas que se ha encargado de la organización de los actos de recuerdo y homenaje, que año tras año, hemos realizado y el primero que allí estaba era Miguel Sarabia, todos los años, hasta su muerte en 2007, dispuesto a prestar su voz y su palabra, para dirigirse a los cientos de personas que acudían tanto al cementerio de Carabanchel, como al portal de Atocha 55. Así que con Miguel fue el primero con quien intime. Estoy hablando a partir de 1987, en el 10º aniversario de los Abogados de Atocha.

Después y en especial a partir del 25 aniversario, en 2002, ya conocí más profundamente al resto de sobrevivientes, Luis, Alejandro y Lola, todos ellos grandes personas, pero reconozco que con la que mas empatía tuve fue con Lola. Seguro que, por múltiples motivos, pero quizás por mi parte pensando en lo que habría sufrido Lola por el asesinato de sus dos amores malogrados por los fascistas. El caso es que mantuve una buena amistad con ella. Es más creo que fui la última persona del Patronato de la Fundación que hablo con ella, antes de fallecer. Me explicó:

En enero de 2015, -38 aniversarios de los Abogados de Atocha-, el Patronato acordó premiar a la jueza María Servìni, la jueza de la Querella Argentina contra los crímenes del franquismo y reconocer a los actores Juan Diego y Concha Velasco, que recogerían el galardón en representación de los artistas que protagonizaron la Huelga de Actores y artistas de 1975. Pues bien, cuando me puse en contacto con Juan Diego para comunicarle el reconocimiento, lo primero que hizo Juan fue preguntar por Lola González y que, si iba a estar en el acto del 24 de enero, día que entregamos los premios.

Y seria, mas menos sobre el 20 de enero de 2015, cuando llame a Lola para comentarle la conversación mantenida con Juan Diego y preguntarle si iba asistir al evento del 24 para que fuera ella la que entregara el galardón a los actores y Lola me contestó que estaba un poco delicada, pero que intentaría estar, cuestión que no pudo hacer, pues unos días después, en concreto el 27 de enero fallecía. Lola sobrevivió, pero las dos tragedias marcaron el resto de su vida. Lola falleció a los 68 años. Al igual que sus dos grandes amores, Enrique y Javier, murieron en un frío mes de enero.

En fin, querida amiga Lola, como bien decías en los meses de enero “te habían desbaratado tus sueños”, incluso hasta el límite de irte también un mes de enero, ahora hace 10 años. Estés donde estés, quizás con tus cenizas mirando al mar en Santander..., que sepas que siempre te tendremos en nuestra memoria, para recordarte, pues como dice la escritora Isabel Allende: “La muerte no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan; si puedes recordarme siempre estaré contigo”.

Francisco Naranjo Llanos

Exdirector de la Fundación Abogados de Atocha y sindicalista de CCOO

Nació en Esparragalejo en 1946 y realizó estudios de Oficialía Industrial en Mérida (Extremadura). Toda su vida laboral, más de 40 años, la realizo en RENFE. En lo sindical, aun en clandestinidad, fue cofundador del Pleno de Representantes Ferroviarios, órgano unitario de representación en el ferrocarril. A partir de 1978, ya en democracia, ha sido responsable de comunicación del sector ferroviario de CCOO y de su órgano de información, Carril; de la revista FTC, de la Federación de Transportes y Comunicaciones, de Unidad Obrera y Madrid Sindical de CCOO de Madrid. Es autor de los libros: La comunicación sociolaboral, Crónicas desde el gueto, Los carriles de la vida y El pasado es la linterna del futuro, así como de numerosos artículos de opinión publicados en los principales medios. Durante varios años fue colaborador de la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense. Es patrono de la Fundación Abogados de Atocha, desde su creación en 2004, siendo su director desde 2013 a 2024. En Madridiario, es columnista habitual desde 2015.

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