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El último aplauso

lunes 18 de mayo de 2020, 12:52h

Lunes ¡Comenzamos nueva semana!

Y parece o eso dicen que hemos pasado lo peor, pero no sé... La verdad es que me parece terrible que nos hayamos acostumbrado a oír hablar de muertos y que nos parezca buena noticia bajar de los 100 fallecidos, como si no fueran personas. Y veamos normal la cantidad de contagios que se siguen produciendo a diario, que se cuentan por cientos y entre ellos, están los más desprotegidos, nuestros sanitarios, que ya son casi 50.000 sanitarios contagiados.

Puede que el COVID19 esté sacando lo mejor de nosotros, aunque tengo serias dudas. Pero la sensación que tengo es que nos está haciendo inmunes al dolor. Y nos está quitando el criterio para que escuchemos noticias, discursos, contradicciones y rectificaciones diarias y lo veamos como algo habitual, no sé si eso también formará parte de la “nueva normalidad”.

Y ayer 17 de Mayo fue el último aplauso a nuestros sanitarios. Parece que lo que empezó siendo una movilización espontánea y anónima por Redes Sociales ha acabado de igual manera. Llevábamos desde el 14 de Marzo aplaudiendo desde nuestros balcones, desde nuestras ventanas, desde las puertas de los hospitales, los supermercados, las comisarías... Desde cualquier lugar, puntuales a las 20h, rindiendo nuestro particular homenaje a los que pronto catalogamos como los “héroes de esta pandemia”.

Hemos aplaudido con música o sin ella. Con más o menos vecinos. Calles, urbanizaciones o barrios enteros. En ciudades o pueblos. Empezamos haciéndolo de noche y con el cambio de hora, continuamos aplaudiendo con sol. Y contra todo pronóstico, lo hicimos todos a la vez. Todos de acuerdo en algo, sin fisuras. Fuimos capaces de poner en valor lo más importante, la salud y la vida. Y tuvimos una sola voz en forma de aplauso para agradecer el esfuerzo de nuestros sanitarios por salvar nuestras vidas dejándose literalmente las suyas.

Y hablando de este último día de aplauso, me hace pensar cuánto tiempo seguiremos recordando a los que durante 2 meses hemos llamado “héroes”. Esos “héroes” que no deberíamos olvidar que los mandaron al frente a luchar sin armas y sin saber a qué guerra se enfrentaban. Sin condiciones y sin el material básico para garantizar su seguridad. Exhaustos, porque toda su jornada eran guardias infinitas, con hospitales colapsados y sin medios. Profesionales que tuvieron que dejar a sus familias para protegerlas y que además de hacer su trabajo han tenido que dar ánimos y hacer de padres, hijos y hermanos de otros. De esos enfermos hospitalizados que para mayor drama, no podían estar acompañados de ningún familiar. “Héroes” que han convivido y conviven con la enfermedad y la muerte y con el miedo a que esa enfermedad y esa muerte sea la suya.

Y conviene recordar que esos sanitarios que hemos aplaudido fervorosamente durante dos meses, siempre han estado ahí. Aunque en muchos casos, a merced de las administraciones y de decisiones políticas. Mal pagados, trabajando no en las mejores condiciones, multiplicando guardias, incluso teniéndose que ir a otros países. Y en otras ocasiones maltratados, humillados por pacientes o familiares con derecho a todo y sin respeto por nada. Pero aún así, ellos siempre han estado ahí. Cuidando y velando por nuestra salud. Trayendo vidas al mundo y cuidando de ellas y en muchos casos salvándolas. Profesiones absolutamente vocacionales en los que confías y dejas en sus manos lo único que tienes y que aún así, no es del todo tuyo. Tu salud, tu vida y la de los tuyos.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus que llenó de miedo, de muerte y enfermedad nuestro día a día. Pero que a la vez, nos abrió los ojos y nos hizo ver a los profesionales que teníamos en nuestra sanidad. Y fue entonces, cuando pensamos que necesitaban nuestro calor, nuestro reconocimiento, porque sin saber a lo que se enfrentaban, sin medios y colapsados, se estaban dejando sus vidas para salvar las nuestras. Y como agradecimiento comenzamos a aplaudirles puntuales, cada día a la misma hora, pequeños y mayores. Y hasta le pusimos banda sonora a nuestros aplausos. Ojalá y no tengamos la memoria corta y aunque ya no haya aplausos, sigamos reconociendo y agradeciendo a los que cuidan de nuestra salud a diario. Y recordemos que en la peor crisis sanitaria vivida en nuestro país estuvieron en primera línea de fuego aunque fuera sin armas.

Esther Ruiz

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