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ARSENAL 3-0 REAL MADRID

Herido de muerte por un Arsenal de artillería
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(Foto: Arsenal FC)

Herido de muerte por un Arsenal de artillería

Por Hugo García Reina
miércoles 09 de abril de 2025, 08:09h
Actualizado: 14/04/2025 07:36h

El rídículo institucional de los conciertos en el Bernabéu ha sido quizá el primer símbolo de un abril fatal para el Real Madrid, en el que puede decir adiós a Copa, Liga y Champions. Aunque viendo el juego del equipo, más vale dar gracias por seguir con algo de vida a estas alturas, pues casi que lo normal habría sido despedirse de cualquier aspiración antes de la venida de la primavera.

La paliza del Arsenal volvió a evidenciar el desastre táctico que es este Madrid que parece sumido en la anarquía. El equipo está completamente desligado: ni se perciben automatismos, ni estrategia alguna en la construcción del juego. Casi nunca presiona y las pocas veces que lo hace resulta un esfuerzo estéril por descompasado.

Tchouameni, Camavinga, Modric, Valverde, Bellingham… Es difícil encontrar un partido en el que, por nombre, los centrocampistas del Madrid no se antojen superiores a los del equipo rival. Pues más difícil aún es encontrar uno en el que sean capaces de hacerse con el control de la medular.

El Madrid estuvo hundidísimo los primeros 10 minutos y el Arsenal tuvo tres ocasiones (un córner, un disparo franco de Thomas y una pifia de Rüdiger que casi acaba en autogol), aunque se mostró algo inseguro en la primera línea de circulación y regaló un par de opciones al Madrid. La mejor se quedó en potencia: un contragolpe que llevó Vinicius y que no supo hacer llegar a Mbappé, que entraba en superioridad por el centro.

No con la abismal diferencia del segundo tiempo, pero el Arsenal también fue superior a su rival en los primeros 45 minutos. La primera posesión del Madrid no llegó hasta pasado el cuarto de hora, en el que inauguró el único tramo –tramito– aceptable del partido, con buenos minutos de Camvinga, ganando duelos, y un Bellingham que apareció sólo para dar un buen pase a Mbappé, que, aunque tuvo tiempo para perfilarse, no supo abrir lo suficiente el disparo.

Aquí empieza y acaba todo el proyecto futbolístico de un Madrid plagado (¿podrido?) de estrellas: que la coja Mbappé, normalmente de espaldas, para más inri, y haga lo que pueda. Vinicius lleva tiempo lejos de su mejor versión y a Rodrygo ya ni se le espera. Es un amago de sí mismo. Con mucha clase, sí, pero un amago. Una promesa que, sospecho, ha dejado de creer hasta él mismo.

Y no hace falta decir que el Madrid no puede llegar a ninguna parte sin recuperar a Valverde, que está en presencia pero no en esencia. Ancelotti lo ha achicharrado negligentemente y lleva un mes jugando partidos enteros como acalambrado, como si disputara eternamente los últimos minutos de una prórroga.

Total, que Saka puso dos centros desde la derecha que se pasearon por el punto de penalti y justo antes del descanso Courtois aplazó lo inevitable con una parada doble. Primero, a un cabezazo de Rice y, seguido, al rechace de Martinelli.

Nada más empezar el segundo tiempo, una triangulación entre Rüdiger, Bellingham y Mbappé acabó con un disparo del francés al lateral de la red. Fue la última llegada del Real Madrid. Y en cosa de diez minutos, Declan Rice marcó dos golazos, los dos de falta directa. El primero, duro, y con una rosca inverosímil que sorteó la barrera por fuera (57’). El segundo, tocado con el mismo gesto, por la escuadra del palo del portero (69’). Es dudoso que se pueda llegar a golpear al balón mejor. Después de vistos, cualquiera diría que el francotirador habría hecho por lo menos una decena de goles así en lo que va de temporada, pero resulta que, hasta hoy, nunca había marcado una falta directa.

Lo normal habría sido que el segundo del Arsenal llegara antes, incluso. Hacía rato que los de Arteta encontraban el hueco (lo difícil era no hacerlo, de tanto que había) entre las líneas del Madrid. En una misma jugada, Courtois hizo dos paradas y Alaba sacó un remate debajo del larguero. La cosa derivó en un córner que tampoco acabó en gol de milagro. Esta vez fue Bellingham el que salvó, también debajo del larguero.

A estas alturas el Madrid ya estaba completamente noqueado. Sin cabeza, sin piernas y hasta sin espíritu. Menos mal que los goles sacaron a Carletto de su insoportable impavidez, y trató de dar la vuelta al partido con la entrada de… Lucas Vázquez y Fran García. Para echarse a llorar. A ver si va a resultar que el poder de la amistad era esto: salir escaldado del Emirates, dejarse humillar dos veces por el Barça, recibir cuatro goles de la Real en casa, ofrecer al Valencia el Bernabéu para que celebre su primera victoria a domicilio de la temporada…

Sin mostrar el mínimo signo de vergüenza, Carletto mandó salir a Brahim en el minuto 85, ya con 3-0 (obra de Mikel Merino en el 74’), y no dio ni un sólo minuto a Endrick. El árbitro mostró una segunda amarilla innecesaria a Camavinga por desplazar el balón y, a pesar de que el Arsenal jugó con el cronómetro, Irfan Peltjo añadió sólo 4 minutos, por suerte para un Madrid que, en siete días, saltará al Bernabéu con un hilillo de vida. Noventa minuti en el Bernabéu, y tal.

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