Recibió al campeón de Europa un Manchester City burlón por encima de sus posibilidades. Primero, con una foto-dardo a Vinicius horas antes del partido y, luego, desplegando un tifo con una imagen de Rodri besando el Balón de Oro y la leyenda “Stop crying your heart out”.
Algo más cauto había sido Guardiola al disponer el once. Pep alineó hasta a cinco defensas centrales: Gvardiol y Akanji por fuera, Ruben Días y Aké por dentro, y Stones de pivote. Hablando de defensas, uno se acuerda de que el año pasado, buena parte del madridismo andaba asustado porque Nacho (¿en qué estrella estará?) sería el encargado de completar el hueco entre Carvajal, Rüdiger y Mendy. No quiero imaginar qué habrían pensado de haber conocido la línea de anoche, con Mendy como único superviviente, acompañado de Tchouameni, Asencio y Valverde en el lateral derecho.
El Real Madrid, consciente de los problemas de Guardiola durante la temporada, salió a apretar arriba y forzó el error en varias ocasiones. Nunca antes había fluido tan bien el rombo Bellingham-Vini-Rodrygo-Mbappé, que funcionó con la chispa y verticalidad de un relámpago. Fue un rodillo del que el City se salvó únicamente por una cuestión milagrosa.
El propio Vini le cortó la respiración a los aficionados citizens nada más empezar el partido. Ederson le derribó dentro del área en un lance que fue invalidado por fuera de juego anterior. Al poco, Rodrygo filtró un pase delicadísimo a Mendy que entraba por la izquierda. El francés, con el portero ya vencido, se apoyó en Vinicius y este, por si el rizo no estaba ya suficientemente rizado, la devolvió a Mendy, cuyo disparo sacó un defensa debajo de los palos. También tuvo una buena ocasión Mbappé después de una jugada colectiva para enmarcar. Todo esto ocurrió en los primeros 15 minutos de partido.
Como ya sabemos de qué va el fútbol, Haaland marcó el primero (18’). A Grealish, que se había roto un par de jugadas antes, le dio tiempo a dejar su sello antes de pedir el cambio. Se inventó un pase que, tras sobrepasar a Asencio, mató Gvardiol con el pecho y remató el cyborg noruego delante de Courtois. El VAR tardó 3 minutos y 45 segundos en determinar si la posición era correcta.
Justo después del gol, el City tuvo unos buenos minutos en los que alimentó las dudas del Madrid y estuvo cerca de anotar el segundo (Akanji remató un córner al larguero). Tampoco fue algo dramático y, desde luego, nada remotamente similar a los asedios de las pasadas temporadas. La gran novedad de este partido fue que la amenaza del Madrid no se apagó siquiera en los breves tramos en los que el City “dominaba” el balón.
Antes del descanso, Vinicius se estrelló con la madera, Valverde atizó un zurriagazo que pasó cerca del larguero y Mbappé, inexplicablemente, mandó a las nubes un caramelito de un Rodrygo que practicó un fútbol-ballet, en el mejor de los sentidos, sobre el tapete del Etihad.
Nada más empezar la segunda parte, volvió a tantear algo el City con otro balón al poste, pero el partido fue del Madrid en todo momento. Mbappé empató en el 58’ tras rematar con la espinilla, en un escorzo mezcla de bailaor flamenco y banderillero, un pase magistral de Ceballos. El Madrid merecía el segundo y Bellingham no pudo superar a Ederson en un remate a bocajarro. Pero, de nuevo, fue el City el que se adelantó con otro gol de Haaland (79’), esta vez de penalti.
“Where’s your Ballon D’Or?”, preguntó el Etihad a Vinicius. El brasileño se señaló el parche de las 15 Champions que el Real Madrid lleva cosido en la manga, y recogió el trofeo MVP al acabar el partido.
El juego se rompió del todo y Carletto sacó a Modric y a Brahim, que fue salir y besar el santo. El primer balón que cayó en sus pies, lo mandó a gol después de aprovechar un rechace de Vinicius (85’). La jugada vino precedida de un errático saque de puerta que Ederson regaló al Madrid.
Los naranjas fueron superiores en Verdad y en Belleza y ofrecieron un espectáculo elevado, sólo reservado para ocasiones muy especiales. Agresividad en los duelos, finura en el regate, velocidad al espacio… Fútbol total, guiado por el espíritu de ese matrimonio entre la Copa de Europa y el escudo del Real Madrid. No sólo el empate no era justo, sino que la sensación era que el Madrid bien podría haber regresado a casa con una ventaja cómoda para la vuelta.
Ancelotti firmó el armisticio sustituyendo a Mbappé por Fran García, pero resultó que el partido no estaba acabado. Vinicius le comió la tostada a Rico Lewis y trató de sortear la salida de Ederson con una vaselina que le salió rana. El balón iba botando, despacito y con suspense, en dirección a la línea de fondo, hasta que llegó Bellingham, corriendo más con el corazón que con las piernas, para desviarla a gol en el último momento (92’).
Los aficionados del Madrid entonaron el ‘Hey, Jude’ en el Etihad.