Cuando la aventura forma parte de tu forma de vivir, es difícil deshacerte de ella. Quizás por esta razón, Bel Sirven y Javier Marven, dos trotamundos empedernidos, decidieron venderlo todo y lanzarse a recorrer el mundo con sus dos hijos, Jara y Oliver, de 9 y 7 años, respectivamente. Durante 1.030 días, cerca de tres años, convirtieron una furgoneta en "su hogar". "Paramos un poco de viajar cuando fuimos padres y con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que debíamos a nuestros hijos que también conocieran como éramos y conocieran el mundo con nosotros", confiesa Sirven.
Su aventura arrancó en el mes de febrero de 2020 y poco tiempo después, cuando se encontraban en la frontera de Francia, estalló la pandemia. En lugar de dar marcha atrás, la familia decidió pasar el confinamiento en una aldea de Asturias hasta que pudieron seguir con su viaje.
Atravesaron Europa, llegaron a Turquía, Georgia, Armenia e Irán, uno de los lugares más esperados por la familia: "Nos atraen los países que están en la lista negra y que la gente habla maravillas de ellos porque muchas veces te venden una cosa y la realidad de las personas es diferente", dice Sirven. Otro de los países que les fascinó es Pakistán: "Otro de los países que están en la lista negra, pero que te recibe con los brazos abiertos y te invitan hasta de lo que no tienen, y a nivel naturaleza es precioso. Son lugares que ya nos habían comentado que no eran lo que parecían, si tuviéramos duda de que fueran peligrosos no iríamos con nuestros hijos", confirma.
Pasaron su segundo confinamiento en la Laponia Sueca, a menos de 25 grados y con un sinfín de aventuras hasta el punto que tuvieron que quedarse en casa de unos conocidos porque se les había congelado el agua, el gas y el gasoil de la furgoneta. El lugar ya era bastante conocido por la pareja, ya que habían viajado en anteriores desplazamientos y Marven había trabajado por esa zona haciendo fotografías.
"Para nosotros era como un hito poder ir con nuestros hijos a ver las auroras boreales"
Casi tres años fuera de la escuela
Cuando decidieron trasladar a sus hijos su pasión por las aventuras y subirse a la furgoneta rumbo a Nepal, llegó la preocupación por la educación de sus hijos: ¿Cómo iban a enseñar a sus descendientes? ¿Tendrían que ponerles un horario, deberes, asignaturas, qué métodos debían seguir?
Fue entonces cuando se dieron cuenta de que el propio viaje iba a convertirse en su principal aliado en la educación de Jara y Oliver. Los viajeros y las personas autóctonas que se encontraban en cada país que visitaban les enseñaban habilidades sociales, resolución de conflictos, comunicación, emociones, así como la propia cultura de cada país, la historia y la geografía. "El sistema educativo hoy en día está bastante obsoleto, nos dimos cuenta de que los niños estaban aprendiendo cosas más importantes", confiesa Sirven.
"El viaje es más enriquecedor que estar sentados en un aula"
Su fuente de ingresos estaba en el mundo online, por lo que necesitaban una buena conexión. Esto fue un inconveniente para la familia porque no siempre disponían de una buena cobertura para desarrollar la actividad, sobre todo, porque los lugares que más les gustaban visitar se encontraban en plena naturaleza. Fue entonces cuando decidieron volver a España después de casi tres años de aventuras y sin ver a su familia y amigos.
El regreso fue más duro que la salida. Y eso que al empezar su aventura, su hija mayor les había trasladado el miedo que tenía "a lo desconocido". Al principio, la familia volvió con "ilusión" de encontrarse con su gente y volver a todo aquello que habían dejado atrás durante casi tres años. Sin embargo, poco a poco, añoran todo aquello que han dejado atrás: "Nos estamos resistiendo a la vida contemporánea, queremos ser un poco menos sedentarios".
Sirven, Marven y sus hijos vivieron "momentos de soledad y de incertidumbre", pero sobre todo, de "grandes aprendizajes" porque en esas ocasiones "te das cuenta de que el tiempo resuelve los propios problemas que tienen, que muchas veces son creados por nuestra cabeza".
Con su regreso, Sirven confiesa que sus hijos les ha trasladado su añoranza por algunas de las comidas que probaron en los países que visitaron, por comer con las manos, sentarse en el suelo o hacerse amigos en países como Pakistán. No obstante, también echaban de menos su vida y sus amigos en España, por esta razón, la familia está buscando "un equilibrio" para su próxima aventura que tal vez los lleve de nuevo a Suecia.
Sin lugar a dudas, Jara y Oliver no olvidarán ese viaje de casi tres años que realizaron con sus padres. Recuerdos y aprendizajes que también guarda Marta Insausti, que a sus 59 años de edad, decidió hacer una vuelta al mundo en moto recorriendo más de 50.000 kilómetros. Una aventura que tuvo que dividirse en dos, debido "al parón que supuso la pandemia".

Insausti dedicó su vida a sus empresas de formación hasta que estalló la crisis económica de 2008. Sus socios decidieron liquidar y cerrar las compañías. Fue entonces cuando esta aventurera recordó todo aquello que se prometió hacer, cuando se recuperara de un cáncer que padeció y que estaba retrasando.
"Me dije que era el momento y empecé a planear un viaje a Italia"
Lo que empezó con un pequeño viaje a Italia con su moto, a la que apodaba 'la Chiquitina', termino siendo una vuelta al mundo, que se vio interrumpida por el cierre de las fronteras por la Covid-19 dejando su 'compañera' en Chile hasta que retomó el viaje dos años después.
"Una chilena contactó conmigo a través de redes sociales para dejar su moto en su casa y me llevo al aeropuerto, cuando llegue en marzo de 2022, la moto estaba perfecta", recuerda.
Cuando retomó el viaje, y tras dos años con la moto parada en un garaje, 'la chiquitina' tsufrió una avería que arregló rápidamente para poder continuar su aventura, pero que unos meses después volvería, dejando a Marta Insausti sin su pequeña compañera y obligando su vuelta a España. A pesar de ello, a Insausti no le quedó "ningún sitio por visitar". Europa, los Balcanes, Asia, Nueva Zelanda, Chile, Perú, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Guatemala o El Salvador fueron algunos de los lugares que hoy en día están en su memoria como "algo inolvidable".

"Empezó como un juego, me compraba mapas, miraba blogs y señalaba las fronteras por las que podía pasar, pero luego siempre te vas guiando por la gente que te recomienda por dónde ir", confiesa. Entre los lugares que más le sorprendieron, Irán y Guatemala porque, según ha explicado esta aventurera, tenía una "idea equivocada de esos países" y "su gente es encantadora, son seguros y preciosos".
Y aunque la idea del viaje era recorrer el mundo sola junto a su 'Chiquitina', en Irán estuvo acompaña por su hija, que cuadró sus vacaciones para poder estar con ella. Ese viaje a Irán se convirtió en un pequeño impedimento para entrar a Estados Unidos, aunque finalmente consiguió acceder sin el visado y con muchas preguntas.
"Parecíamos estrellas del rock"
También aprovechó para encontrarse con una sobrina que está trabajando en un centro de recuperación de fauna silvestre en Costa Rica. Le enseñó los parques naturales explorando las costumbres de los animales, la fauna y la flora del país. Con su vuelta al mundo, Insausti recaudo dinero para dos ONGs, Vicente Ferrer y Cris contra el Cáncer, asociaciones que le mostraron su "apoyo" y "fuerza" para continuar con su aventura.
En su maleta, los "imprescindible" a veces se volvíam "prescindibles". "Llevé un montón de cosas que no me hacían falta, aunque a veces las acababas usando como un saco de dormir que estuve con él acuestas y solo utilice una semana", asegura.
Sobre llevar pocas cosas en la maleta, Cristian Velerdas se ha vuelto todo un experto. Con una tarjeta de crédito y un par de cambios de ropa, este aventurero se embarcó en un viaje por Asia y Oceanía durante 18 meses por 12 euros al día, acompañado por su pareja Estefanía Pérez.
"Teniendo una tarjeta y el móvil, te facilita todas las papeletas"
Un 'paseo' por el mundo
Salieron sin conocer fecha de regreso y sin tener ningún destino fijo al que visitar. Tan solo habían reservado tres noches de hotel en Egipto y a partir de ahí improvisaron hasta recorrer unos trece países (India, Nepal, Japón, Corea, Vietnam, Tailandia, Malasia, Singapur, Indonesia, Australia, Canadá y Grecia).
"Planificamos el viaje en el momento, nos guiábamos un poco por la duración de las visas y cuando se acababa el tiempo para tener que movernos decidíamos nuestro próximo destino", apunta. Recorrieron las fronteras en motos alquiladas, transporte público y haciendo 'autostop'; visitaron zonas frecuentadas, hicieron surf, buceo, trekking, etc.
Vivir con 12 euros al día no era un reto que se hubieran puesto, habían vendido algunas cosas para poder hacer el viaje y calcularon que con 25 euros al día podían disfrutar de los países, aunque en ocasiones no gastaron nada: "A veces hacíamos un voluntariado con comida y alojamiento y no gastabas dinero. Otras veces hacías cosas más tranquilas, como dar un paseo, donde tampoco consumías nada. Al final estábamos viviendo, viajando y no teniendo unas vacaciones donde te das todo tipo de comodidades", asegura.

Un contratiempo con un hotel y con el cajero les obligó a cruzar la frontera de Nepal de manera ilegal hasta el primer pueblo, donde pudieron sacar dinero, volver a la frontera y enseñar el pasaporte: "Los problemas que teníamos los íbamos solventando y convirtiendo en anécdotas".
Nepal se convirtió en uno de los destinos favoritos de Velerdas por su "paisaje maravilloso" y las "innumerables actividades" que podían hacer en la montaña. India fue uno de esos lugares que "amabas y odiabas en el mismo día" porque "era como una montaña rusa de emociones" y Japón fue el lugar "más diferente" que visitaron. Cuando se encontraban rumbo a Oriente Medio, la pandemia les mandó de vuelta a casa dando por finalizada su aventura: "No tuvimos más opciones que volver como el 90 por ciento de los viajeros".
Sus historias son parte de las 17 aventuras que las Jornadas Iaiti de los grandes viajes, que tendrá lugar este sábado 22 de abril en el Espacio Rastro Madrid y que podrá seguirse a través de streaming. Este evento, donde los aventureros muestran sus sensaciones, aventuras y anécdotas, cumple su décimo aniversario. En las nueve ediciones anteriores, las Jornadas Aiti ha reunido a centenares de trotamundos, consolidándose como un evento de referencia para los amantes de los viajes.