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Atrapados en casa: el día a día de casi 200.000 personas con movilidad reducida en Madrid
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(Foto: Chema. Barroso)

Atrapados en casa: el día a día de casi 200.000 personas con movilidad reducida en Madrid

sábado 13 de julio de 2019, 09:04h

“En mis mejores días, puedo bajar las escaleras en media hora y subirlas en otra media; pero en mis peores momentos tengo que hacerlo sentada, ayudándome con las manos”. Nuria Rodríguez vive en un cuarto sin ascensor. No era un problema -más allá del que pueda suponer para la mayoría- hasta hace un par de años. A raíz de una operación, Nuria desarrolló el Síndrome de Sudeck, lo que le produce dolor e inflamación a diario en las articulaciones y ha reducido de forma drástica su movilidad. Ahora, depende de sus padres, de avanzada edad, quienes todos los días la ayudan a subir y bajar por las escaleras para poder salir de casa.

En la Comununidad de Madrid, cerca de 273.000 personas sufren problemas de movilidad, según la encuesta realizada por la Fundación Mutua de Propietarios junto con la Confederación Española de Personas de Discapacidad Física y Orgánica (COCEMFE). El informe refleja que las escaleras y el portal son las zonas donde peor se desenvuelven, unos obstáculos que hacen que, como Nuria, hasta un 72% de las personas afectadas -unas 200.000 en la Comunidad de Madrid- sean dependientes de amigos o familiares para realizar tareas tan comunes como acceder o salir de su vivienda.

Y el problema se agrava en algunos casos. La encuesta revela que hasta 13.500 madrileños, un 5 por ciento de esos 273.000 con movilidad reducida, no salen nunca de su casa debido a este tipo de obstáculos en comunidades no accesibles. “En breve tendré que desplazarme en silla de ruedas por los dolores, y no sé cómo haré para acceder o salir”, señala, en este aspecto, Nuria.

Ley de Propiedad Horizontal

Meses atrás, debido a su enfermedad y la consiguiente falta de movilidad, ella propuso ante sus vecinos la instalación de un ascensor. Su petición fue denegada. El artículo 10.1 de la Ley de Propiedad Horizontal establece la obligación de realizar obras de accesibilidad universal solicitadas por los propietarios/as mayores de 70 años o con discapacidad, sin la necesidad del consentimiento de la comunidad de propietarios/as siempre que el gasto no supere las doce mensualidades ordinarias de gastos comunes.

En este caso, el coste superaba las 12 mensualidades ordinarias, por lo que la decisión se sometió a voto. 10 vecinos optaron por el 'no', mientras solo 2 apoyaron a la afectada. “Es una clara falta de empatía”, afirma Nuria y señala que cualquier persona puede verse en algún momento con movilidad reducida, ya sea por una accidente, una enfermedad, una rotura o al alcanzar cierta edad. Es por ello, explica, que disponer de un ascensor es una necesidad primaria, " no solo para mí, si no para todos en algún momento de nuestra vida".

Sentimiento de culpa y reclusión

Como explican desde COCEMFE, la falta de autonomía, a su vez, genera un mal estado de ánimo. “Un 60% de las personas con movilidad reducida se sienten mal consigo mismos”, aseguran. “Me siento muy culpable. Me encuentro fatal. Por eso no salgo cuando libro algún fin de semana. No quiero ser una carga. Intento hacer vida social pero es muy difícil. Me da mucho apuro, mis padres son personas mayores, a ellos también les cuesta mucho trabajo subir y bajar, así que me quedo en casa”, se lamenta.

Por otra parte, la afectada asegura que el Ayuntamiento de Parla, localidad donde reside, no la ha proporcionado ningún tipo de ayuda para favorecer la accesibilidad. La situación en la que se ve envuelta le ha hecho plantearse trasladarse a otra vivienda, como le sucede a un 16 por ciento de los afectados, según la encuesta, que acaba mudándose a una domicilio más accesible.

En el caso de Nuria, debido a los escasos recursos económicos de los que dispone, no puede afrontar un alquiler en otra vivienda. “Estoy atrapada aquí”, explica, “metida en un círculo del que no puedo salir”.

Falta de visibilidad

La accesibilidad de los edificios, la presencia o no de un ascensor, de barandillas o aceras rebajadas, marcan la diferencia para personas con movilidad reducida. “Me cambiaría la vida el simple hecho de tener un ascensor, sería mucho más libre”, asegura Nuria. Su día a día, explica, es una constante preocupación por no saber si va a poder bajar las escaleras, si va a llegar al trabajo o si, al volver a casa, va a llegar a la cuarta planta. “No puedo tener una vida normal”, explicó.

Tanto la fundación como los afectados recalcan la falta de visibilidad de sus problemas. "No fue hasta que me pasó que me di cuenta de la falta de accesibilidad de mi edificio y de Madrid en general”, reconoce Nuria, y aboga por "cambiar" este desconocimiento general.

Por su parte, la Fundación Mutua de Propietarios y COCEMFE reclaman la creación de un Fondo Estatal por la Accesibilidad Universal ya que “es imprescindible que se establezcan ayudas específicas en todas las comunidades vecinales que deban afrontar obras de accesibilidad para garantizar el derecho a una vida independiente”.

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