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Robert Mitchum y el chapapote

jueves 25 de junio de 2015, 08:32h
Casi todo está copado por la política. Este año puede que incluso ni en Agosto se eche el cierre por vacaciones. En todos los periódicos, también los digitales, se acumulan los análisis y reflexiones. Todo el mundo parece tener la obligación de decir algo al respecto. Por todo lo que está pasando pero también por todo lo que no está pasando. Normal. Se necesita a mucha gente para entender a los políticos.
Como si fuera un remake de 'El negro que tenía el alma blanca' (o al revés) Pedro Sánchez hacía su gran presentación simulando ser Obama (o tal vez creyendo serlo como aquel personaje de 'Tropic Thunder' que aseguraba ser realmente negro porque interpretaba a un soldado de ese color). Menos mal que se acordó de poner de fondo la bandera de España y no la de EEUU (¿o quizá se le pasó el detalle?). No fue el único pues hasta Cifuentes en su investidura parafraseó a Kennedy. Estamos ante una mezcolanza de actos institucionales que cierran un proceso electoral mientras justamente inician otro, como esas carreras alocadas de triatlón. Un arranque de campaña que terminará allá por Noviembre o así aunque resulte difícil de entender con estos calores que apenas, disfrazados en las tormentas, han dejado el disimulo de días pasados. Todo el mundo pretende ser otro. Hasta la climatología. Mientras, queda la impresión de que mucha gente no ha entendido bien nada de lo que ha pasado pero no está dispuesta a que se repita. Los indecisos se reagrupan con celeridad sin duda.
Navegas por Internet con la resignación de lo inevitable cuando, de pronto, como una salpicadura, surge la foto de unos cachorros ennegrecidos y casi ciegos por el alquitrán. Los habían arrojado a un pozo alguien cuya alma es del mismo color del líquido que los asfixiaba. Los descubrió buena gente dotada para alcanzar a escuchar el dolor ajeno, milagrosamente sensibles a quejidos y agónicos lamentos. Improvisaron una operación de rescate en la que, no sin riesgo, para su propia integridad, lograron salvar la vida de dos de los tres cachorros. Estos aparecen en las fotos con la inocencia traicionada de los animales maltratados, sorprendidos siempre en su obstinada y ciega lealtad tantas veces inmerecida hacia el hombre.
En la misma charca de petróleo había confluido el mal absoluto que anida en la crueldad con el bien y la bondad. El amor y el odio. Igual que Robert Mitchum en la alucinada, siniestra y hermosa película de Charles Laughton (la única que dirigió aquel, en todos los sentidos, inmenso artista) titulada 'La Noche del cazador'. En ella, Mitchum interpreta a un predicador asesino en cuyos puños lleva tatuadas las palabras 'Amor' y 'Odio'. Convendría recordar a estos políticos que buscan su lugar en el sol que se avecina una temporada nefasta para ese orden considerado inferior por muchos como es el de los animales hasta el punto de justificar todo el sufrimiento que se les inflige. Expuestos en estos meses venideros a ser la expiación de toda la mala leche acumulada durante el año, disfrazada de tradiciones o del egoísmo cobarde de los que prefieren abandonarlos. Ojo a las barbaridades vestidas con levita negra que se agazapan en el estío. En ríos y cañaverales, en bosques y tortuosos caminos apenas encendidos por una luna agotada mientras la rana, henchida súbitamente en su charca luminosa, lo observa todo con su triste sabiduría.
Los rescatadores de los cachorros llamaron a los héroes del chapapote en Galicia para preguntar cómo lograr desprender esos cuerpecillos de la pegajosa melaza. Y a través de la distancia, unidos por la misma bondad, en la batalla de los dedos entrelazados del odio y el amor, en ese pulso eterno, venció el puño de la bondad y así crearon una hermosa metáfora unida en tiempos diversos. Un agujero negro que se diluyó en si mismo para crear en esta caso algo mucho más noble conforme la mugre criminal se diluía por el sumidero gracias al aceite y al líquido lavavajillas. . Igual que las estrellas, igual que los agujeros negros que las succionan en una imagen que tal vez conmovería al mismísimo Stephen Hawking.
Está bien que esto se sepa. Estaba ya escrito en los nudillos furiosos y rapaces del predicador.
“Desconfiad de los falsos profetas que se cubren con pieles de cordero pero que en su interior son fieros como lobos. Por sus frutos los conoceréis”.
Antonio Muñoz
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