El agua es una necesidad imperiosa para el ser humano. Aquellos que abriendo un grifo en casa tienen asegurado el suministro no imaginan que hay lugares donde conseguir un poco de este elemento puede llevar todo el día. Esto sucede en la pequeña población de San Luis, en el estado mexicano de Michoacán, donde Pedro Sedano y Esther Rico, voluntarios del Canal de Isabel II, acudieron en el mes de julio para estudiar cómo facilitar el acceso al agua a los vecinos.
El Canal Voluntarios surgió a principios de este año para dar respuesta a las situaciones de emergencia que puedan producirse en cualquier lugar del mundo, pues siempre que hay una catástrofe el primer problema es el agua, explica Pedro Sedano, que es responsable de obras del Canal de Isabel II. Después la propuesta se extendió a proyectos de cooperación.

Uno de estos proyectos llevó junto a la etnia indígena purhepecha, en Michoacán, a dos de los más de 70 voluntarios que hay en la plantilla de este ente público que gestiona el agua de la Comunidad. Gracias a la información de la ruta Qetzal, el Canal Voluntarios supo que algunos pueblos de este estado mexicano no disponen de suficientes recursos hídricos ni de las infraestructuras necesarias para un uso ya no eficiente, sino medianamente razonable.
Los vecinos de la localidad de San Luis son los peor parados de la zona. Para conseguir agua tienen que andar durante unas tres horas por un "barranco infernal" para llegar a un manantial donde llenan sus botellas de agua. Después realizan el camino de vuelta cargados con algunos litros.
Pedro y Esther visitaron también Santa Fe de la Laguna, Santa Rosa, San Benito, Cherato, Angahuan, Zacán y Uringuitiro. En principio sólo cuatro de ellos estaban en la ruta de viaje, pero una vez allí tuvieron el conocimiento de que había otros municipios que también necesitaban urgentemente mejorar su suministro.
Pedro sólo puede explicarse la situación de pobreza de estos municipios recurriendo al reparto de bienes desigual que se da en los países en vías de desarrollo. Además, esta etnia ha estado histórica denostada; y su estructura, anclada en los usos y costumbres de la época del colonialismo.

Las mejores calles y construcciones de la zona se deben a la presencia Vasco Quiroga en la zona en el siglo XVI. El eclesiástico español fue un gran protector de los purhepecha y con él nació una estructura social que sigue viva con el consentimiento y el olvido de las administraciones. Los ingresos de este pueblo son pocos y provienen de trabajos artesanales difíciles de comercializar. Para subsistir cultivan algunos alimentos básicos y muchos de los habitantes, sobre todo los hombres, han emigrado a Estados Unidos.
Los purhepecha se organizan en comités. El del agua se encarga de gestionar los escasos recursos hídricos que tienen. En ocasiones, como la única fuente para conseguir este elemento es ir a un manantial, el comité se ocupa simplemente de organizar las colas.

Pero las poblaciones que sí tienen infraestructuras no están mucho mejor. En algunos lugares disponen de pozos de los que extraen el agua con el tradicional sistemas de poleas. En otros, han conseguido conducir el agua desde algún manantial cercano hasta la localidad con canalizaciones precarias que van perdiendo el agua por el camino o crear pequeñas balsas para la captación de la lluvia. Esto sucede en el pueblo de Santa Rosa, donde junto a la construcción de una escuela, las autoridades hicieron un embalse medianamente decente.
También pueden verse sistemas de bombeo de agua, como en Santa Fe de la Laguna, donde el comité se encarga de recolectar el dinero necesario para pagar la factura de la energía que consume la bomba y el mantenimiento.

Cherato es una de las pocas localidades en la que los vecinos disfrutar de suministro domiciliario. Ahora bien, llega únicamente a un tercio de la población y sólo a veces. Según Pedro, aunque deficientes, algunos sistemas de captación de agua son muy ingeniosos.
Mención especial merece la calidad del agua. Los voluntarios del Canal realizaron análisis y la conclusión fue que en algunos casos era de mala calidad aunque potable y que en otros se está consumiendo agua que no cumple los criterios mínimos para garantizar la salud. Esto provoca enfermedades digestivas y está relacionado con la alta mortalidad infantil en la zona, según comenta Pedro.
La solución
La solución -reconoce Pedro- pasa por una gran obra que las administraciones deberían realizar. Habría que buscar una zona con recursos hídricos, que quizá no se encuentre a menos de 100 kilómetros según la experiencia de los voluntarios, y canalizarlos hasta las localidades. Es decir, se trataría de una gran obra que de la que tendría que responsabilizarse el Estado mexicano.

Sin embargo, el Canal sí se hará cargo de mejorar el acceso al agua. Las actuaciones se llevarán a cabo con personal de la zona para que se impliquen y sientan las infraestructuras como suyas, explica el empleado del Canal. En la actualidad, se están estudiando las posibles soluciones, que pasan por mejorar los sistemas de bombeo que existen, instalar canalizaciones que no pierdan agua, excavar pozos y c crear sistemas de bombeo que funcionen con energía solar para evitar los largos paseos que tienen que dar en algunos pueblos.
Pero quizá lo más importante sea que los voluntarios han conseguido empezar a crear una conciencia sobre este importante recurso. Así sucedió con la Secretaría de Urbanismo y Medio Ambiente, que está estudiando revitalizar la zona con una serie de medidas, pero no había incluido mejorar el acceso al agua. Tras reunirse con los voluntarios se comprometió a tener en cuenta este aspecto.
"Les hemos sembrado la inquietud", dice Pedro en referencia no sólo a las administraciones, sino también a los habitantes de estos pueblos olvidados para los que el agua es aún un lujo, que ahora les llega en forma de maná.