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Primera novillada de San Isidro... y otro espectáculo insufrible

sábado 18 de mayo de 2013, 00:00h
9ª de abono Feria de San Isidro. Las Ventas. Con alrededor de media plaza, se lidiaron 6 novillos de Guadaira, bien presentados (salvo el abecerrado 4º), y nobles, aunque absolutamente descastados y flojos. El mejor, el 3º. Gómez del Pilar: silencio en ambos. Juan Leal: saludos y silencio. Roberto Blanco: saludos y silencio.
Para no romper con la racha de petardos de este San Isidro 2013, la primera de las tres novilladas del abono madrileño, fue eso, un petardo. Un espectáculo verdaderamente insufrible que tuvieron que soportar todos aquellos aficionados que acudieron a la plaza, a pesar del invernal día que hacía en Madrid, y de la final de la Copa del Rey de fútbol a disputar entre los dos equipos madrileños más importantes. Se notaron estos condicionantes en la entrada más floja de lo que llevamos de feria. Una escasa media plaza que salió corriendo (y huyendo) de los tendidos, gradas, y andanadas en cuanto cayó el sexto novillo. Eso la mayoría, porque una notable minoría lo hizo bastante antes dado lo infumable y aburrido de lo acontecido en el ruedo, así como el tremendo frío que hacía.

Y es que la novillada de Guadaira resultó una verdadera castaña. Si el año pasado, este hierro sorteó un interesante encierro también en San Isidro, el del viernes fue un compendio de animales nobles, pero absolutamente descastados y mansos. Además, y a pesar de que no se le pegó nada en el caballo (a algunos ni se les llegaron a señalar un par de picotazos), la mayoría rozaron (si no alcanzaron) la invalidez. Novillada que en otra plaza quizás habría valido, pero no en Las Ventas. Eso sí, la lámina y presentación que lucieron fue buena, a excepción del abecerrado cuarto. Sin exageraciones, el resto tuvo su seriedad y cuajo, sin ser un lote basto ni grande en exceso.

Por su parte, aunque ninguno de los tres actuantes naufragó como Guadaira, todos se pasaron de faenas ante animales que no transmitían el mínimo peligro. Además, y esto cada día es más extendido en el escalafón menor, dieron la sensación de estar todos cortados por el mismo patrón, así como de carecer de una personalidad definida y propia. La mayoría construyen trasteos de muchísimos muletazos, casi siempre ejecutados con una colocación ventajista, y echan mano de los mismos recursos. Falta variedad, falta la personalidad de esos chavales de antaño que provocaban el debate en el tendido entre los seguidores de uno, y los fieles de otro. Dicho esto, al final, el mejor de los tres primeros novilleros que pisaron el ruedo de Las Ventas, fue Roberto Blanco.

Actuaba como tercero, pero quedó el primero. No fue una actuación brillante ni redonda la suya, pero él logró los mejores muletazos de la tarde. Aparecieron en la faena al primero de su lote, el astado que a la postre fue el único que se pudo salvar de la quema. Aunque tampoco le sobró la fuerza, este de Guadaira, más tocado y abrochadito de pitones, por lo menos se movió algo en el tercio final y tuvo un punto de casta, además de buena condición. El joven Blanco realizó una faena con altibajos de la que destacaron algunos estimables derechazos en los que bajó la mano y alargó el muletazo. Aunque por momentos faltó limpieza, el chaval anduvo firme y terminó con el terno manchado de sangre.

Detalle este a agradecer con tantos novilleros pintureros y acomodados que van de figuras desde el principio. Tras un pinchazo y una estocada trasera y desprendida, saludó una fuerte ovación. En el que cerró plaza no pudo redondear nada a causa de la condición de su oponente. El sexto, manso y protestón, y que saltó al callejón tras salir por chiqueros, tuvo tan poca fuerza que no podía ni con el rabo. Actitud de Blanco, pero frialdad (en todos los sentidos) en el tendido.

Aunque tampoco contaron con un gran producto en las manos, sus compañeros no terminaron de convencer en Madrid. Abriendo cartel actuaba el que fuera el novillero triunfador en la pasada edición de San Isidro: Gómez del Pilar. Desgraciadamente, nada que ver tuvo la actuación con la de 2012. Aunque de nuevo mostró ganas, oficio, y empeño (en sus dos turnos se fue a portagayola para recibir a sus enemigos), del Pilar no acertó ni con la colocación, ni con las distancias y las velocidades. Poco o ningún temple tuvieron dos faenas largas en las que prácticamente no hubo ni un sólo muletazo digno de mención. Si el que abrió plaza llegó absolutamente parado y venido a menos al tercio final, el cuarto también tuvo nobleza y buena condición, pero fue un inválido.

Lo mejor de la actuación de Gómez del Pilar fue el tercio de quites que protagonizó junto a Juan Leal en el primero de la tarde. Se picaron los dos novilleros y apareció la bendita competencia. Leal, por su parte, no despejó las dudas que ya había dejado en el mismo ruedo del coso de Alcalá en sus anteriores comparecencias. Tiene valor el francés, sí, y se siente cómodo en las cercanías, también, pero su toreo no dice nada. Además, el conjunto de muletazos que brotaron de sus muñecas fueron ejecutados de abajo arriba, y no al revés. Ante un lote también noble, pero igualmente flojo y descastado, intentó el arrimón, aunque éste no tuviera el mérito deseado por las aborregadas y moribundas embestidas de los utreros de Guadaira.

En resumen, entre el descaste y la invalidez de los "guadairas"; la escasa personalidad de los tres novilleros actuantes; y el frío que hizo en los tendidos...la primera novillada del ciclo isidril se convirtió en un insufrible espectáculo. Menos mal que este sábado puede llegar la redención con la esperadísima encerrona de Alejandro Talavante y con un hierro (este sí) encastado: el de Victorino Martín.
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