Al celebrar en 2012 el bicentenario de la Constitución de Cádiz (La Pepa) En 2012 se ha cumplido el bicentenario de la Constitución de Cádiz (La Pepa) y con ella los 200 años de algunas instituciones del Estado como el Tribunal Supremo. Madridiario entra en el palacio de las Salesas donde está radicado este organismo.
El artículo 259 de la Constitución de 1812 creó al Supremo Tribunal de Justicia; en los dos artículos siguientes, estableció quienes serían sus magistrados. Durante su primer año de funcionamiento el organismo, tuvo su sede en la Torre Tavira de Cádiz y, durante los dos primeros,

contó con Ramón de Posada Soto y Rivero como primer presidente.
Instalado ya todo el aparato del Estado en Madrid, el tribunal se estableció en el
palacio de los Concejos, al final de la calle Mayor, hoy sede del Consejo de Estado. Allí estuvo el Supremo hasta 1875. Ese año se trasladó a las Salesas, aunque sin ser el único inquilino de ese enorme edificio que hoy ocupa en solitario.

Y, como corresponde a una institución fundamental del Estado, el Tribunal Supremo tiene una bellísima sede que merece la pena conocerse. Construido entre 1750 y 1758, el edificio
iba a tener el doble uso de palacio para que residiera la reina Bárbara de Braganza y monasterio. La soberana falleció un año antes de terminarse y en el monasterio se instalaron las monjas de San Francisco de Sales, las Salesas. Así pasó a conocerse el complejo y así se sigue denominando popularmente. En 1870 el General Prim ordenó su incautación y posterior equipamiento para Palacio de Justicia.

Mientras que la
iglesia de las Salesas se conserva tal y como fue proyectada, el palacio adyacente solo guarda la arquitectura. El 4 de mayo de 1915, a la una de la tarde, se declaró un pavoroso incendio que acabó arrasando todo el interior del Palacio de Justicia, sin afectar a la iglesia. Quedaron destruidos todos los elementos ornamentales y las obras de arte que tenía prestadas el
Museo del Prado. El rey Alfonso XIII se empeñó personalmente en la reconstrucción del palacio con la magnificencia que tenía antes del siniestro. Así que toda la decoración actual tiene menos de un siglo de antigüedad, sin que por ello sea menos hermosa.
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Realmente las plantas 'nobles' del palacio son la baja y la primera. En ella se pueden admirar pinturas, frescos, mosaicos, vidrieras… todo al gusto entre modernista y art decó, sobre todo en el vestíbulo principal, cuyas puertas se abren en contadas ocasiones. Para ascender desde la entrada principal hasta las plantas superiores hay que hacerlo por la impresionante
escalera de honor,
decorada con mármoles de España, Italia y Francia y pinturas de Enrique Simonet. La primera planta tiene, quizá, más atractivos, tanto en el capítulo artístico como en el de la administración de Justicia. El
salón de los pasos perdidos, en la primera planta cuenta, entre otros motivos ornamentales, con
frescos de Alcalá Galiano. El
salón de plenos, también ricamente adornado y amueblado, tiene en el techo
un fresco de Marceliano Santa María.
En esta planta tiene su despacho oficial el presidente del Tribunal Supremo. Los trabajadores lo llaman coloquialmente la rotonda, porque tiene esa forma. Además del mobiliario y los
retratos de Alfonso XIII y Juan Carlos I tiene una
espléndida bóveda titulada
'El collar de la Justicia'. En ella se representa a España entregando el collar de la Justicia a un juez. Fue pintada por José Garnelo y Alda.
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Sería demasiado extenso narrar todo el tesoro que encierra el palacio. No obstante se recoge su historia en un práctico folleto ilustrado que se ha editado para el celebrar su segundo centenario. Cada año este edificio abre sus puertas durante unos días para que todos los madrileños que lo deseen puedan admirar sus tesoros. No hay fechas fijas, pero suele ser en el mes de noviembre por lo que, si está interesado, deberá estar atento a la convocatoria de estas jornadas de puertas abiertas.
En 1978, al redactar la Constitución vigente, el Tribunal Supremo y el nombramiento de su presidente fueron recogidos en dos apartados del artículo 123. Hoy, el tribunal está compuesto por un presidente —Gonzalo Moliner—, cinco presidentes de sala y setenta y cuatro magistrados.