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¿Por qué violan los derechos de los demás?

¿Por qué violan los derechos de los demás?

lunes 20 de febrero de 2012, 00:00h
Si violar es infringir o quebrantar una ley, un tratado, un precepto, una promesa, se puede asegurar que la reforma laboral es una violación en toda regla de los derechos de los demás, de los trabajadores, de los que no comparten esa filosofía de que para salir de la crisis lo mejor es contentar a los que son menos y más poderosos, aunque los que son más y nada poderosos se quejen y digan que por qué no se la aplican a sí mismos los que rebajan el coste de los despidos, los salarios y la condiciones de trabajo de los demás.

El PP prometió que no subiría los impuestos ni abarataría el despido y cuando gobernando José Luís Rodríguez Zapatero el PSOE defendió los recortes y demás puñaladas a la clase trabajadora, la derecha acusó a los socialistas de meter mano a los funcionarios y  a los pensionistas y de favorecer a los empresarios. El mundo al revés. Antes de meter, mucho prometer, pero una vez metido se acabo lo prometido. Este chiste de orientación chabacano-sexual ironiza sobre el machote que antes de llevarse a la chica a la cama, hace todo tipo de promesa para conseguir la eyaculación feliz, como el buda que recorre los caminos de la mente para hallar la paz buscada y no encontrada.
Eso mismo le pasó a Rajoy, que estaba tan encantado con ser el presidente del Gobierno de España que prometió  antes de que los votantes metiesen la papeleta en la urna  lo que sabía que no cumpliría. La derecha política está dichosa y la derecha mediática, demasiado excitada como para entender las barbaridades que está cometiendo.

Dicen que el secretario general de UGT-Madrid, José Ricardo Martínez,  cobró un dineral por ser consejero de Caja Madrid, entidad financiera que paga a sus consejeros, ya sean del PP, del PSOE, de IU, de CCOO o de la CEIM, unos sueldos de vergüenza para personajes colocados por sus entidades políticas, sindicales, empresariales.

José Ricardo, al que considero amigo, debería dimitir no por cobrar y dar el dinero a UGT sino para poner sobre la mesa en forma de denuncia el pastón que manejan los que dicen representar  a los ciudadanos. Es una vergüenza que hagan reformas para contentar a los mercados, esas bestias que dicen no tener rostro ni nombre solo codicia, es de sinvergüenzas  poner en funcionamiento una medicina que no se aplican ellos y es de tener mucha cara que sigan violando derechos aunque sea para sacarnos de su crisis.

Sencillamente, son unos violadores y sólo merecen nuestra indiferencia y rechazo, por eso hay que manifestarse contra esta reforma y contra la complicidad de los que creen que precarizar  el mundo del trabajo animará a los empresarios a crear empleo decente.
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