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Esperando al presupuesto

Esperando al presupuesto

martes 14 de diciembre de 2010, 00:00h
No debe quedar mucho ya para que los responsables municipales madrileños se decidan a explicar cómo se las van a arreglar el próximo año para cumplir con sus compromisos económicos -nóminas de decenas de miles de funcionarios, pagos a decenas de empresas concesionarias de servicios, devolución de la deuda pendiente... y algo para inversión- con unos ingresos famélicos, sin posibilidad de incrementarlos con nuevos impuestos -faltaría más, en año electoral-, y sin que el Gobierno de la nación les permita la más mínima filigrana de ingeniería contable para tomar aire.

El Gobierno de Alberto Ruiz-Gallardón está convencido de que todas las trabas que les ponen para aliviar su situación desde el Gobierno Central son parte de una estrategia destinada a no soltar la presa: ahogar económicamente al Ayuntamiento para que llegue a las elecciones de mayo lo más débil posible, y mejor aún si en la calle le protestan miles de damnificados por los retrasos en el pago a proveedores, por ejemplo. Ese ambiente sería el caldo de cultivo ideal para que creciera, como la mata de judías del cuento infantil, el mensaje del alcalde derrochador, gastón y manirroto que nos ha endeudado por los siglos de los siglos. Un mensaje que, por cierto, ha calado a estas alturas de tal manera que no creo que Ruiz-Gallardón pueda desprenderse de él en muchos años.

El caso es que, a día de hoy, el Ayuntamiento no puede ni refinanciar su deuda, ni invertir lo que ahorra por bajarle el sueldo a los funcionarios en pagar a proveedores -debe destinarlo también obligatoriamente al pago de deuda-, ni por supuesto pedir un solo euro más a los bancos, ni vender activos -suelo, edificios- porque nadie compra, ni subir impuestos -ya se explicó antes la inconveniencia de hacer algo así en año electoral-, ni esperar dádivas del Estado porque tampoco allí está el horno para bolos, ni confiar en que la nueva fórmula de financiación local le saque del apuro. No puede, prácticamente, hacer nada. Así que ya digo, estoy deseando ver cómo se las ha apañado el concejal de Hacienda para, robándole horas al sueño, encontrar la fórmula para cuadrar el círculo y conseguir que el dinero le alcance para todo.
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