El Espacio Cultural Serrería Belga rinde homenaje a la cultura cervantina con la exposición Mil y un Quijotes. De El Paular al Castillo de Peralada, una muestra que repasa el legado universal de Miguel de Cervantes y forma parte de un doble programa que conmemora los cien años del edificio que alberga este centro cultural en el barrio de las letras. Diseñado en 1925 por el arquitecto Manuel Álvarez Naya, originalmente fue concebido como serrería y almacén de madera y es un lugar estrechamente ligado a la literatura, porque de los pinares del Paular, que surtían esta serrería, provino la madera de los pliegos que dieron vida en 1605 a la primera edición de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.
En esta exposición, que se puede visitar hasta el 23 de noviembre, se exhiben por primera vez fuera de su sede habitual más de 300 piezas de la prestigiosa colección cervantina del Museo del Castillo de Peralada (Girona). Se trata de una de las colecciones privadas más importantes del mundo, iniciada por el coleccionista y bibliófilo Miguel Mateu en 1923, coincidiendo precisamente con la época de construcción de la Serrería Belga.
Entre las joyas de la muestra destacan primeras ediciones como la del Quijote impresa en Valencia por Pedro Patricio Mey (1605), la de Juan de la Cuesta de 1608, o la primera edición de la segunda parte (1615). También se presentan ediciones tempranas en otros idiomas: el francés de César Oudin (1614), el italiano de Lorenzo Franciosini (1622) y la traducción inglesa de Edward Blount (1620).
El recorrido se completa con ediciones singulares del siglo XIX y XX, como los minúsculos Quijotes impresos por Juli Didot en 1827, un ejemplar de corcho de la casa Viader (1905) o una edición japonesa de 1936 donde los personajes aparecen como samuráis, ilustrada por Serizawa Keisuke. También sobresale una edición parisina de 1957 con litografías originales de Salvador Dalí.
Además, la muestra incluye un amplio despliegue de iconografía quijotesca: desde cromos, ex libris y tarjetas postales, hasta pinturas, dibujos y grabados. Especial mención merece el boceto al óleo de Las bodas de Camacho, realizado por Josep Maria Sert para el mural del comedor del hotel Waldorf Astoria de Nueva York. También se presentan por primera vez 30 dibujos originales de Isidro y Antonio Carnicero (1782), 10 ilustraciones de Daniel Vierge (1909) y tres acuarelas de José Jiménez Aranda (1905).
Mil y un Quijotes no solo celebra la universalidad de Cervantes, sino también la memoria de un edificio que ha evolucionado de la industria a la cultura y que hoy vuelve a poner en valor su conexión con la palabra impresa, el arte y la historia.