Ni la amenaza de lluvia pudo con las ganas de fiesta de los madrileños, que llegaron a la Pradera de San Isidro preparados con sus paraguas. Al final, el agua no hizo acto de presencia, y lo que en un principio era protección contra la lluvia terminó siendo refugio contra el sol, a modo de sombrilla. "Creíamos que iba a llover y al final nada", era la frase más repetida entre los chulapos.
Entre claveles, chulapos, rosquillas y música castiza, miles de madrileños y visitantes han acudido fieles a su cita con la pradera de San Isidro. Familias como la de Fran y Marina, que desde hace años acuden con sus dos hijas a este tradicional festejo, no faltaron a la cita: primero picnic en el césped junto a la ermita, y después, turno para que las pequeñas disfruten de sus atracciones favoritas. “Todos los años nos gusta ponernos el traje oficial de las fiestas de San Isidro. Nosotros somos de fuera, pero nuestras hijas ya son madrileñas de primera generación, y cuando llega la primavera estamos deseando que llegue mayo para bajar al trastero, sacar los trajes y disfrutar de la fiesta”, relataban.
La pradera siempre ha sido sinónimo de compartir en familia y con amigos. Así lo recuerda Bene, que evoca con cariño aquellos días en los que sus padres la llevaban de niña a celebrar el día del patrón. "Antes bajabamos y comiamos palometa con tomate y una tortilla de patata y bajabamos todos los vecinos y nos lo pasabamos de miedo", apuntaba. Hoy, repite la tradición a su manera, junto a sus amigas y con un buen bocadillo de gallinejas, "para recordar otros tiempos, aunque el precio ya no sea el mismo".
María y Paloma son hermanas y, como cada año, se visten de chulapas para acudir a la ermita de San Isidro y disfrutar después de unas tradicionales rosquillas. Este año, aseguran haber notado algo especial: "Hay mucha más gente vestida de chulapo y chulapa que en otras ocasiones. Se está recuperando la tradición. Es muy bonito ver tanto a personas mayores como a jóvenes luciendo sus trajes, incluso algunos de goyesca. Es precioso", comentan con entusiasmo.
Hay quienes repiten vestuario cada año y quienes se visten de chulapa por primera vez, como Paula y sus amigas, que este 15 de mayo lucen con orgullo sus trajes típicos. Y no es para menos: Paula es estudiante de diseño de moda y aprovechó la iniciativa del Ayuntamiento, que publicó los patrones para facilitar que cualquiera pudiera confeccionar su propio traje, para ponerse manos a la obra y darles un toque personal. "Llevabamos muchos años queriendo un vestido pero como es muy caro. Al final decidi hacelos yo", confesaba.
La Pradera de San Isidro ha vuelto a demostrar que esta fiesta no solo se mantiene viva, sino que se renueva cada año con más fuerza. Una tradición que une a familias, vecinos y visitantes en torno a la música, el traje castizo y el orgullo de ser, o sentirse por un día, madrileño.