Ahora que el tiempo parece haberse estabilizado, los madrileños podemos volver a salir a la calle a descubrir nuevos atractivos de la ciudad. Porque Madrid siempre tiene algo nuevo que enseñar. Nuestra sugerencia es el distrito de Carabanchel, el undécimo de los veintiuno, que se ha convertido en el epicentro de la vanguardia artística, no solo local. Desde que hace, más o menos, quince años los primeros creadores ocuparan edificios anteriormente de uso industrial, hasta el enorme catálogo actual de espacios dedicados a todas las artes, han sucedido muchas cosas.
Como en todas las grandes capitales, los precios y saturación de los centros urbanos han provocado que parte de la población se fuera desplazando hacia otros barrios más económicos y menos saturados. Los artistas y creadores de Madrid encontraron su vía de escape en Carabanchel y allí fueron a instalar sus viviendas y sus talleres. La actividad industrial prácticamente había desaparecido y decenas de edificios quedaron sin uso. En ellos comenzaron a meterse los artistas. Hoy son más de cien los espacios de creación, exposición y residencias que se abren en el distrito. Carabanchel, que en 1948 dejó de ser municipio independiente para anexionarse a la Capital, vuelve a tener vida propia. Ya no es la periferia que en el siglo XIX llevó a la realeza y a los nobles a construirse allí residencias de verano. Llegó a haber más de cien palacios y palacetes. Apenas quedan en pie media docena.

El más importante es la Quinta de Vista Alegre, ya abierta para todos los madrileños, que sigue en restauración pero por la que pasean cada año unas cuatrocientas mil personas. El Presidente del distrito, Carlos Izquierdo, está empeñado en que esta finca, con una superficie equivalente a la mitad del Retiro, sea el pulmón de la zona y para ello tiene previsto abrir dos nuevos accesos. También tiene pendiente el señor Izquierdo urbanizar el entorno de Santa María la Antigua, el templo más antiguo de Madrid cuyos alrededores necesitan una intervención urgente. El interior del templo solo puede visitarse los sábados, a la hora de misa. A su lado se encuentran los terrenos de la antigua cárcel de Carabanchel, cuya urbanización parece que está en marcha, aunque los constructores se pueden encontrar con muchas sorpresas en el subsuelo.

Estos dos puntos son claves en la historia de los carabancheles, pero para las crónicas del siglo XXI apuestan por la creación artística. El antiguo polígono Iso (de Iso carro) acoge edificios dedicados a las artes plásticas y a la música. Como Matilda, un complejo de salas de ensayo de grupos musicales. Los cálculos de la Junta de Distrito concluyen que cada año aparecen por allí unos tres mil músicos. Importantes son las instalaciones para el mundo de la danza, con los conservatorios profesionales, o para el diseño con sucursal del Instituto Europeo de Diseño en la zona de Oporto.
El arte urbano hace tiempo que se convirtió en un elemento transformador de barrios en todas las grandes ciudades. Carabanchel quiere servirse de él con el mismo fin. A los murales callejeros se unirá en las próximas semanas la extraordinaria obra que Sfhir está terminando sobre la fachada del Palacio de Vista Alegre. Está llamada a ser uno de los iconos del barrio. Pero es que el mismo artista promovió 95 Gallery, un espacio sorprendente dedicado al arte urbano.

Tras una entrada anodina, se enconde una instalación de la más rabiosa vanguardia. Está en la calle de Álvarez Abellán, 23 y puede visitarse los viernes por la tarde y los sábados por la mañana. No falta el taller de grabado establecido por el danés Dan Benveniste en la nave Oporto. Especializado en obras de gran formato, es único en Madrid por sus prestaciones y, posiblemente, único también en España. Sus creaciones tienen el sello de la mejor tradición artesanal con los contenidos de las corrientes artísticas del siglo XXI.
Su hablábamos de edificios reconvertidos en talleres, debemos hacerlo de los que se han transformado en galerías, como Veta que, con más de mil metros cuadrados atrae a artistas y coleccionistas de todo el mundo. Puede visitarse de martes a sábados en la calle Antoñita Jiménez, 37. Pero es que ya hay más de veinte galerías de estas características en las que se pueden seguir las corrientes plásticas más innovadoras.

El Presidente del distrito quiere seguir transformándolo en el centro de arte madrileño. Anuncia, sin revelar detalles, que próximamente se intervendrá en el entorno de la plaza de Oporto para convertirlo en otro de los puntos de referencia. Carabanchel no solo atrae ahora a los artistas. El sector de negocios también se ha fijado en su pujanza. Por ejemplo, dentro de pocas semanas se inaugurará en el Polígono Aguacate un hotel con mil habitaciones, pensado para ofrecer residencia a los creadores de todo el mundo que están llegando a la zona.
Parece claro que el soterramiento de la M30 y la construcción del parque Madrid Río fueron claves para que estos antiguos pueblos, el alto y el bajo, hayan conectado con el resto de la Capital. Así, con la denominación de Distrito Once, Carabanchel se ha posicionado en el mundo de las artes plásticas, escénicas y literarias.