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Reparaciones en Villamanta un mes después de la DANA.
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Reparaciones en Villamanta un mes después de la DANA. (Foto: Chema Barroso)

Un mes después en los pueblos de la DANA: aún sin puentes y con demasiado papeleo

Por Ángela Beato
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abeatocmadridiarioes/7/7/19
martes 03 de octubre de 2023, 07:40h
Actualizado: 07/10/2023 11:12h

Hace ya un mes que una depresión aislada en niveles altos, lo que ahora hemos bautizado por sus siglas como DANA y que antes conocíamos como 'gota fría', descargó precipitaciones muy intensas y persistentes sobre varios municipios del suroeste de la Comunidad de Madrid provocando la crecida de los ríos Alberche, Perales y Arroyo Grande. Las aguas antes mansas y escasas se desbordaron en una tromba que arrastró con violencia todo lo que encontró a su paso: puentes, vehículos, muros de parcelas, mobiliario urbano, cultivos y lo peor, dos vidas humanas. Aldea del Fresno, Villamanta, Villamantilla, El Álamo, Villa del Prado y Villanueva de Perales fueron algunos de los municipios más castigados por este fenómeno meteorológico. Hoy sus vecinos tratan de recuperar la normalidad o al menos adaptarse a convivir con los aún evidentes efectos del desastre, mientras recorren kilómetros de más por falta de puentes y se enfrentan al infierno burocrático de reclamar ayudas.

Alcaldes de los municipios afectados por la DANA con Isabel Díaz Ayuso tras el Consejo de Gobierno celebrado en Villamanta. Foto: Chema Barroso.

Villa del Prado

Uno de los problemas que más está costando solucionar y que les está marcando el día a día a los residentes en esta comarca es la movilidad. “Yo, por ejemplo, que trabajo en Madrid, hago 120 kilómetros para ir y otros 120 para volver”, cuenta a Madridiario Sergio Rubio, el responsable de la Agrupación de Protección Civil de Villa del Prado. “El hundimiento de los puentes que comunicaban con la salida de Villa del Prado junto con los daños en el campo es lo que más problemas nos está ocasionando”, reconoce.

La ausencia de estas infraestructuras no solo genera un trastorno a quienes se ven obligados a dar un rodeo para ir a trabajar, a la compra o al colegio, sino también a los servicios de emergencia. “Lo peor es la demora en las asistencias sanitarias; sin el puente que une Villa del Prado con Aldea del Fresno, ahora tenemos 70 kilómetros hasta el hospital más cercano, un viaje de más de una hora de duración”. La movilidad se les ha complicado más estos días con el corte al tráfico por hundimientos de la carretera que va de Pelayos de la Presa a Navas del Rey a causa de las grietas detectadas en el paso inferior de agua bajo la carretera, fruto también de las últimas inundaciones.

"Ahora tenemos 70 kilómetros hasta el hospital más cercano"

Los trabajos para reconstruir los puentes “van relativamente rápido dentro de lo que supone la complejidad de la obra”, comenta Rubio sobre unas infraestructuras vitales para la vida en estos pueblos. “Supuestamente han dado un plazo estimado de tres o cuatro meses, a finales de diciembre, para la construcción de un puente provisional y de 12 a 14 meses para la reparación del puente definitivo”, añade sobre unos márgenes temporales que se hacen eternos.

Los negocios también sufren los daños en las vías de comunicación con el municipio y los trasladan a sus cuentas de resultados. “Villa del Prado es conocido como la huerta de Madrid, salen centenares de camiones de producto, como Verduras Curro, que distribuye a los principales supermercados y a Mercamadrid; al final ellos tienen que hacer muchos más kilómetros de trayecto y con mayores costes”.

Peor panorama se les presenta a los agricultores que han visto desaparecer completamente sus cultivos, “huertas, pozos de regadío, estanques, casetas, maquinaria… que a día de hoy no se ha recuperado”, añade Sergio Rubio. “Además, con todo lo que ha arrastrado el río y se ha llevado, ahora lo que hay encima de la tierra que tenían preparada para cultivar es lodo”. Los desafortunados que han perdido cosechas, tierras y cualquier otra propiedad, andan estos días “pendientes de solicitar las ayudas por la declaración de zona castastrófica”.

Uno de los lugares del municipio que aún hoy conserva la huella del destrozo es la ermita de La Poveda. “El agua superó los dos metros de altura y a día de hoy todavía tiene muchos daños por dentro, casualmente se cumplía el 25 aniversario de la Virgen y había un montón de regalos dentro, todo se ha echado todo a perder, así que ahora están con los seguros”, señala el responsable de la Agrupación de PC de Villa del Prado.

Aldea del Fresno

A Carolina Antón, vecina de Aldea del Fresno, lo que más le ha traído de cabeza tras las inundaciones ha sido la vuelta al cole de sus hijos. Con el de Primaria no ha habido problemas por la cercanía de su domicilio al centro educativo del pueblo, pero con el de 3º de la ESO estas semanas han vivido una odisea.

La pérdida de las principales vías de salida se agravó en un primer momento con la ausencia de una ruta escolar que pudiera trasladar a los alumnos de ESO y Bachillerato al vecino Navalcarnero donde se encuentra el instituto que les corresponde, el IES Carmen Martín Gaite, y en pleno comienzo de curso.

Tras muchas reuniones entre Ayuntamiento, Consejerías de Educación y Transportes, IES y AMPA, por fin la semana pasada la logística ha quedado resuelta. Los alumnos de ESO cuentan con dos rutas que les trasladan al centro mientras que los de Bachillerato van y vuelven directos en transporte interurbano a horas adaptadas a su horario lectivo. “Tras una gran lucha por parte de la AMPA se ha conseguido que todas las partes implicadas hicieran su máximo esfuerzo por conseguir las dos rutas que por fin tenemos. De igual forma nos informan que también se ha conseguido que haya más autobuses de línea para que los/as alumnos/as de bachillerato puedan llegar y volver del instituto a tiempo”, celebraba el AMPA del IES Carmen Martín Gaite.

Con los niños de Infantil y Primaria no ha habido problema porque la mayoría pueden llegar al Colegio Nuestra Señora de Fátima del propio municipio. Pero no todos. Los que residen en las urbanizaciones Caravan Garden y Picadas, separadas del pueblo por el río y sin puentes para atravesarlo, han cambiado su rutina y ahora están siendo trasladados a sus colegios e institutos mediante un servicio de taxis. “Tienen taxi, sí, pero no monitor”, señala esta madre. “Niños de siete años sin un adulto responsable, así que los padres han tenido que organizarse para poder acompañarles cada vez uno. Un caos”.

La ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, y el delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, visitan las unidades de la UME y de la Brigada Paracaidista desplegadas en las zonas afectadas por la DANA, a 10 de septiembre de 2023, en Aldea del Fresno. Foto: Carlos Luján / Europa Press

Carolina lamenta que haya “tan poco avance a estas alturas en la reparación de la carretera nos une con Villamanta y Navalcarnero” y le extraña que “el puente provisional que iba a montar el Ejército de Tierra aún no esté”. Precisamente por las características de ese puente tipo Bailey que se anunció iban a levantar los ingenieros militares, los vecinos esperaban una mayor rapidez en su instalación. Fuentes del Ejército de Tierra confirman a este diario que "actualmente se están acometiendo los trabajos de obra civil en los estribos que permitirán asentar el puente provisional. Los plazos temporales están por tanto sujetos a estos trabajos, toda vez que hasta que no se finalicen los mismos no se podrá proceder al tendido del puente".

A falta de puentes, lo que sí están siendo útiles son las pasarelas peatonales en dirección Chapineria y Villa del Prado, “mucha gente que va a trabajar deja el coche de un lado y pasa andando al otro”. Hay quienes han tenido peor suerte, según esta vecina, y han perdido el empleo al no poder acudir a su puesto por no tener cómo desplazarse. “Al principio no había transporte público, luego pusieron autobuses, pero con pocas frecuencias, ahora hay más líneas, pero los horarios no se ajustan a todas las necesidades”.

Los comercios también han notado la bajada de clientes

Los vecinos de las citadas urbanizaciones Caravan Garden y Picadas son los más perjudicados, “si no tienen coche, no pueden salir porque no pasan autobuses interurbanos y allí no hay ni supermercados ni nada, solo viviendas”, apunta. Los comercios también han notado la bajada de clientes. Hace un mes el supermercado de Aldea del Fresno era visita obligada para los pueblos de alrededor, “aquí venían a comprar a diario gente de Villa del Prado, Villamanta… Hoy cuesta demasiado venir, así que a parte del personal se lo han llevado a otros centros por la bajada de clientes”, asegura Carolina.

Algunos de esos clientes procedían de la urbanización Calalberche, próxima a Aldea del Fresno, pero perteneciente al municipio toledano de Santa Cruz de Retamar. “El camino para salir de la urbanización pertenece a Aldea y está cortado, pero Aldea dice que como el uso es para esa urbanización que se haga cargo Santa Cruz, y viceversa, con lo que no tienen bus y solo un ‘camino de cabras’ para salir en dirección Méntrida” relata esta vecina que, con todo, se siente afortunada de no haber sufrido directamente la riada.

El Álamo

En el bar que atiende Said en El Álamo, el Mesón Hontanares, coinciden a la hora del café las dos caras de la misma moneda. Antonio Benito regenta una empresa de servicios, Servi Álamo, que estas semanas ha experimentado un repunte en su actividad, “y todavía no hemos parado”, confiesa. Tras las lluvias torrenciales han tenido que actuar, visitar y atender las primeras necesidades de luz y de otras instalaciones de los vecinos. “Ahora mismo digamos que casi hay una recuperación total en cuanto a lo que sería el alivio de limpieza y compostura, se han evacuado bastantes escombros, desperfectos y deterioro en el mobiliario y las calles se van viendo limpias ya, en eso tenemos una buena intervención por la parte del Ayuntamiento que ha hecho una buena previsión”, comenta Benito, aunque advierte que “la vuelta a la normalidad pasa no solo por el siniestro externo, sino también por el interno: piscinas, jardines, vallas, y todo eso está todavía comenzando”.

Así que mientras Antonio vive esta calamidad desde la posición del que la observa como una oportunidad para su negocio, su amigo Manuel Alonso padece en carne propia los efectos de las inundaciones en su hogar. “Los daños han sido las vallas delantera y trasera de la parcela, la casa hasta la altura de mi pecho y los dos coches que tenía”.

“Había hecho una reforma integral hace poco y todo esto se ha ido"

En algo más de un mes su vida ha dado un vuelco. “Había hecho una reforma integral hace poco y todo esto se ha ido: muebles, televisión, ordenadores, electrodomésticos”, relata con impotencia. De la noche a la mañana perdió sus propiedades y durante estas semanas ha estado “malviviendo con mucha dificultad, de favor, y ahora ya de alquiler, porque otra de las circunstancias que concurren es que aquí en el pueblo no hay mucha oferta de alquiler y hay una cierta demanda debido a la situación”.

Un mes después está a la espera de la resolución de los tres expedientes abiertos por los daños en su casa y sus coches, “porque hasta el momento no he tenido ningún tipo de ayuda económica”. Y aunque está atravesando unas semanas “un poco difíciles, los amigos siempre están a mano afortunadamente”.

En otro de los bares del municipio, en La Andaluza, la familia propietaria sigue un mes después liada tirando “un montón de servilletas y manteles mojados y otros enseres destrozados por el agua en el almacén y la habitación de un hijo”, ambos en la planta baja de la casa. El bar lo mantiene abierto, pero ahora lo que le quita el sueño es su compañía de seguros, que “no quiere cubrir nada y me tengo que querellar. Tenía un seguro hasta el día 6 de septiembre y me han mandado una carta como que el día 29 de agosto ya me habían echado del seguro. La alternativa es que lo pague yo todo, porque el fondo de compensación dice que tiene que cubrirlo mi seguro y mi seguro se ha deshecho de mí”, cuenta preocupado.

Villamanta

Urbano Rodríguez es director técnico del centro de equitación Yeguada las Perdices de Villamanta. “A nosotros no nos llegó la inundación directamente pero sí las lluvias torrenciales que hubo ese día y que generaron alguna pequeña avalanchita de agua y daños, aunque lo peor fue que nos quedamos tres días aislados del resto del pueblo, sin luz y sin agua”.

Destrozos provocados por la Dana en el campo en Villamanta

A día de hoy siguen reparando alguna alambrada, limpiando daños y reponiendo las “pérdidas que tuvimos de producto alimenticio de los caballos, pienso, forraje, enseres que se mojaron, se estropearon o se los llevó el agua y así andamos, poco a poco”.

Un muro de la finca se cayó y está todavía “pendiente de la decisión que se toma con el consorcio y no sabemos el proceso que va a lleva con la declaración de zona catastrófica, a ver si hay algún tipo de subvención que pueda cubrir algo de las pérdidas”. Ha calculado que el montante de gastos provocados por la DANA en su negocio rondará los 25.000 euros “incluyendo las pérdidas en víveres, el daño de estar sin luz que nos obligó a alquilar un generador, monturas estropeadas, alambreras que se han tumbado…”, desgrana.

Calcula que los daños en su negocio rondan los 25.000 euros

Toda el agua que el cielo descargó sobre Villamanta afectó inevitablemente a su actividad. “Estuvimos diez días parados sin poder utilizar las instalaciones, sin poder mover los caballos en condiciones, la pista se puso con cuatro o cinco dedos de lodo, eso a día de hoy, si no al cien por cien, ya casi prácticamente está recuperado”.

Sin embargo, lo que aún no ha vuelto a la normalidad son las visitas que recibían. Aunque tienen acceso directo con Navalcarnero, “somos un pueblo pequeñito que dependemos de los clientes de los pueblos de alrededor, pero las carreteras con Villamatilla, Aldea y Méntrida siguen cortadas y el acceso está mermado”. El hecho de que los clientes no puedan desplazarse con normalidad “sin los puentes que se ha llevado el Arroyo, nos sigue influyendo, nos cuesta que se mueva la gente”. Con muchos de esos clientes Urbano habla casi a diario “y dicen que a ver si cuando lo arreglen pueden volver”.

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