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Los fallos del mercado y del sector público

Por Joaquín Galván Vallina
martes 07 de diciembre de 2021, 12:42h
Actualizado: 09/12/2021 12:45h

Como el sistema de economía de mercado ha sido el que ha alcanzado mayores logros dentro del campo de la economía, se ha pretendido que funcione de la mejor manera posible. De ahí que se hayan buscado los componentes que hacen que un mercado funcione con la mayor perfección que se pueda lograr. La “competencia perfecta” se concretaba como la situación ideal caracterizada por los siguientes aspectos (Calvo y otros, 2005):

  • Movilidad perfecta de los factores.
  • Multitud de compradores y vendedores que conocen todas las ofertas y demandas y demás condiciones del mercado.
  • Todos los agentes que lo deseen pueden participar libremente.
  • Los precios se fijan en función de la oferta y la demanda, sin intervenciones ajenas que desvirtúen su libre formación.

De forma concisa, en un mercado de competencia perfecta hay una gran cantidad de compradores y vendedores, sin que ninguno de ellos tenga por separado influencia sobre el precio. El mercado de competencia perfecta es un modelo a alcanzar y, como ocurre con la búsqueda de la perfección en cualquier otra faceta de la existencia, no se encuentran estos supuestos restrictivos en ningún mercado real. No obstante, este modelo servirá de guía para intentar que los mercados se aproximen al mismo, lo máximo posible. Como ejemplo, un interesante mercado (al menos para algunos de nosotros) que funciona de modo cercano a la competencia perfecta podría ser el de los bares de Madrid.

Fallos del mercado

La regulación económica tendría poca razón de ser si todos los mercados actuaran en competencia perfecta. La literatura económica identifica fallos de mercado como “situaciones donde las condiciones para optimizar el bienestar no se cumplen por el libre juego del mercado y es necesario actuar vía subsidios, regulaciones o empresas públicas” (B. Olías de Lima y otros, 2001). Cuando los sistemas reales se apartan del ideal de mercado de competencia perfecta, estos fallos de mercado han venido justificando la intervención del sector público para corregirlos. Entre los más relevantes, se pueden considerar los siguientes:

Costes decrecientes

Cuando en una actividad las economías de escala conducen a que los costes de producción decrezcan con el tamaño, dada la limitación de la demanda, se podría terminar concentrando la producción en unas pocas empresas eficaces o, incluso, en una sola. Se crearía un monopolio natural, y la regulación económica se introduciría para evitar la explotación de los consumidores por parte de un monopolista.

Externalidades

Una definición común de externalidades las describe como el impacto en la utilidad, el coste o la función de producción de un agente económico por variables que están bajo el control de otro agente económico y donde este efecto no esté sujeto a una transacción de mercado. Por tanto, si aparece una tercera parte en una transacción que incurre en costes (externalidad negativa) u obtiene beneficios (externalidad positiva) como resultado de ello, sin que estos efectos se reflejen en los precios de mercado, estos precios transmitirían una información que no permite alcanzar una asignación eficiente de los recursos. El ejemplo más típico es el uso del automóvil por el centro de las ciudades, que resulta ventajoso para el usuario, pero trae desventajas para la sociedad en forma de congestión y deterioro medioambiental.

Bienes públicos

Los bienes públicos son aquellos que cuando se producen es imposible impedir que la gente los utilice (no excluibles), a la vez que no son competitivos en consumo o, lo que es lo mismo, que el coste de utilizar una unidad adicional es cero (no rivales). Los pueden utilizar muchos ciudadanos, pero no se puede excluir a quien no pague por su uso. Como ejemplos típicos están las carreteras o la defensa nacional. Es muy difícil organizar los bienes públicos con mecanismos de mercado, por lo que tienden a ser financiados en su totalidad mediante subsidios.

Segundo óptimo

Se considera que hay condiciones que, de ser cumplidas en la totalidad de la economía supondrían una mejora global, pero cuando no se cumplen en una parte de la economía, no es en general conveniente que esta distorsión exista, pudiendo crearse una distorsión compensatoria donde sea necesaria. Por ejemplo, se puede considerar conveniente la supresión de las limitaciones al comercio internacional por parte de todos los países en conjunto; sin embargo, si un sólo país toma unilateralmente esta medida, podría resultar perjudicado.

Falta de información

La carencia de información o la suministrada de forma asimétrica en varias partes del mercado se considera un fallo de mercado. Por ejemplo, en un mercado financiero pueden existir carencias de información que lleven al inversor a no distinguir las diferencias entre los riesgos de los variados productos financieros; por consiguiente, puede darse el caso de que se invierta en los productos con rentabilidades superiores sin tener suficiente información sobre el mayor riesgo que estos productos tienen frente a los demás. Se suele considerar justificada la intervención pública para corregir este fallo.

Eficiencia y equidad

La distribución de la renta que resulta del mercado libre tiende a ser eficiente, aunque no responde a criterios de equidad. Hay autores que consideran esta distribución no aceptable éticamente y justifican la intervención del sector público para corregirla; no obstante, la imposición de un criterio de equidad es necesariamente autoritaria.

Fallos del sector público

A la vez que se detectan fallos de mercado, también existen fallos del sector público, que se han puesto de manifiesto cuando la actuación de las autoridades para corregir lo que se suponía fallos de mercado ha llevado en muchos países a crear un sector público que, incluso, ha superado en tamaño al sector privado. El crecimiento del sector público se llevó a cabo a través de la creación de empresas públicas y el aumento de los servicios prestados por el Estado. A todo lo anterior se suma con frecuencia un entramado de normas y regulaciones que desvirtúan el libre juego de la oferta y la demanda en el mercado. Esto ha dado lugar a una corriente crítica hacia los “fallos del sector público”.

Habría que comprobar si los beneficios de la intervención pública superan a los costes; y si no es así, la actuación del sector público no sería deseable. Cuadrado y otros (2007) señalan que los fallos del sector público pueden agruparse en torno a las siguientes características:

  • Imperfecciones derivadas del mercado político: nada hace suponer que los individuos que operan en el sector privado con fines egoístas, lo vayan a hacer en el sector público con fines desinteresados y altruistas.
  • Ineficiencias en la producción de bienes públicos y sociales, como la dificultad para definir la cantidad y tipo de bienes/servicios a suministrar, la sobredimensión de la burocracia de empleados o falta de preparación del funcionariado para gestionar empresas públicas.
  • Dificultades en el control de monopolios naturales, debido a que resulta muy difícil determinar el coste de los servicios que prestan.
  • Existencia de internalidades, frente a las externalidades existentes en el sector privado. Las internalidades suponen que algunos beneficios o costes privados son asumidos en la toma de decisiones públicas.
  • Existencia de externalidades asumidas por los poderes públicos a consecuencia de la existencia de grupos de presión organizados, pugnando para obtener privilegios.
  • Ignorancia de los costes reales con que opera la Administración y sus organismos y empresas dependientes, debido a que no existe competencia ni riesgo de quiebra.

La validez del sistema de libre mercado

La evidencia histórica es que con la aplicación del sistema de libre mercado es como se han alcanzado las más altas cotas de crecimiento económico, desarrollo y bienestar de las sociedades. Para Friedman (1980) “…el intercambio voluntario es una condición necesaria tanto para la prosperidad como para la libertad“.

No obstante, ha habido durante la historia importantes corrientes intervencionistas que, ante una supuesta o real ineficiencia del mercado han propuesto la actuación correctora del sector público. Esto ha derivado en una inmensa participación del sector público en el ámbito de la economía.

El enorme crecimiento del sector público en las economías de mercado durante los últimos años ha dado lugar a importantes corrientes críticas que propugnan la reducción de su peso en las economías y la liberación de los mercados de las regulaciones excesivas que trastocan el juego de la libre competencia.

Sin embargo, es muy común atribuir al sistema de mercado los problemas causados por la excesiva intervención del sector público en la actividad económica; baste con mencionar la responsabilidad atribuida a los mercados en la crisis de endeudamiento que sufrieron las economías occidentales desde 2008, teniendo en cuenta que, en las mismas, el sector público no ha dejado de crecer en los últimos años. De este modo, un problema que encuentra sus causas en un exceso de intervención pública se intenta solucionar con más intervención pública: mal asunto.

Joaquín Galván Vallina

Doctor en CC. Económicas y Empresariales

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