En la calle Olivar (Lavapiés) hay huecos para 20 árboles. Ocho de ellos desaparecieron por lo menos durante la invasión napoleónica y ya no se han repuesto. Sus alcorques son pozos de inmundicia, sobre todo cuando caen cuatro gotas. Pero ahora lo importante no es reponer arbolado en un barrio carente de él, como el populoso Lavapiés: lo moderno es plantar jardines sobre las marquesinas de autobuses.

En la céntrica plaza del Ángel (Letras) han desaparecido tres grandes magnolios y una decena de prunos. Sus alcorques han sido diligentemente adoquinados y ahora crecen en ellos terrazas. Lo mismo sucedió a principio de año en la plaza de Cascorro, donde desaparecieron media docena de plátanos. Ahora solo hay adoquines. Y terrazas, claro. Pero lo importante para el medio ambiente es plantar jardines en las azoteas. A los que caminamos a ras de suelo que nos den… adoquines. Ya nos los dieron en Montera o Hernán Cortés las anteriores corporaciones.

En los últimos meses se ha llevado a cabo una de las talas masivas más brutales de los últimos años. El movimiento ‘no a la tala’ ha estado desaparecido. Como ahora el medio ambiente está en manos de EQUO… Decenas de encinas, con más de medio siglo de existencia, han sido taladas sin piedad. En los tocones de algunas se aprecia claramente que estaban huecas, enfermas, y que era necesario talarlas. Pero en los restos de otros ejemplares se aprecian tocones macizos, sin señales aparentes de ninguna enfermedad. ¿Tala preventiva? Pueden pasear por la calle Embajadores y comprobar lo que escribo.

Uno que es de pueblo –o de campo- aprendió de niño que las especies vegetales van íntimamente ligadas al clima de cada zona. En Madrid nos empeñamos en plantar césped, que requiere una gran cantidad de agua para mantenerse vivo. Las especies arbustivas serían más adecuadas para nuestra meteorología. En una ciudad que registra 40 grados a la sombra durante muchas semanas ¿cómo se iban a mantener los jardines en las azoteas? Con miles de litros de agua para evitar que se convirtieran en yesca proclive a cualquier incendio. Y los tejados ¿están impermeabilizados y soportarían el peso del sustrato necesario para que se desarrollen las plantas? Lo mismo puede decirse de los techos de las marquesinas. Imaginen las de la Castellana el 15 de agosto a las tres de la tarde: el infierno. ¿Qué vegetal resistiría allí? O en los techos de los autobuses, donde se colocan los extractores de la climatización. ¿Imaginan la temperatura del aire que extraen y que iría directamente a las plantas?
Me sorprende a la vez el enorme desprecio hacia las zonas arboladas o ajardinadas ya existentes. Parterres convertidos en secarrales, en planchas de tierra prensada donde no crecen más que los envases de los refrescos tirados en cualquier parte. Parece que no es ecologista reponer árboles en Lavapiés, Malasaña o Tetuán. Debe ser que los madrileños no somos merecedores de sombra. O que los ecologistas regidores desconocen los beneficios para el ser humano y el medio ambiente, de un arbolado sano y abundante. Claro que, si su preferencia es conseguir un hábitat estupendo para los patos en el Manzanares…
Una sugerencia para terminar. Los de campo (aunque llevo treinta años aquí no se me olvidan las cosas) sabemos que en las estaciones frías es cuando se debe realizar la plantación de vegetales. Los árboles están en su ciclo de hibernación y por eso no sufren al plantarse. Cuando llegue la primavera y comiencen a renacer, ya estarán habituados a su nuevo emplazamiento. Lo digo por si los responsables del medio ambiente madrileño tienen a bien plantearse la reposición de algunos de los cientos de árboles perdidos en los últimos diez años. Eso siempre y cuando se lo permita el profundo estudio de llenar el cielo madrileño de jardines. Sino, siempre nos quedará el recurso del adoquín.