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Programa de un festival a beneficio de la cofradía
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Programa de un festival a beneficio de la cofradía

1624-2024: El milagro que cambió a los cómicos (II)

miércoles 24 de julio de 2024, 10:19h
Actualizado: 26/07/2024 11:40h

Desde la fundación de la Cofradía de la Novena hasta el siglo XX, los actores estuvieron sujetos laboralmente a las condiciones de las empresas y de los ayuntamientos. No olvidemos que hasta el segundo tercio del siglo XIX, los teatros dependían de la administración y para ellos, desde el siglo XVII, se promulgaron distintas ordenanzas pensadas para el funcionamiento -y el control- de esta profesión. Recién iniciado el siglo XX, con movimientos sindicales ya importantes entre la clase trabajadora, los intérpretes tuvieron nuevos organismos de defensa.

La Sociedad de Actores Españoles

En diciembre de 1900, se inició la constitución de la Asociación de artistas dramáticos y líricos españoles, generalmente conocida como Sociedad de Actores Españoles o Asociación de Actores, con sede en la plaza del Progreso, 1. Ya ese mes se anunció la convocatoria de la asamblea constituyente para el 8 de enero de 1901. Celebrada finalmente esta el día 11 en el teatro Eslava, se ratificó la composición de la primera junta directiva, nombrando presidente honorario de la nueva sociedad a Fernando Díaz de Mendoza, presidente ejecutivo José Mesejo, vicepresidente primero, Pedro Ruiz de Arana y segundo, Manuel Rodríguez. En la asamblea se aprobó el reglamento de funcionamiento para su aprobación por el gobierno de la provincia. Poco después, el 17 de marzo de 1901 comenzaron a estudiar la posibilidad de fundar también un montepío de actores.

El actor José Mesejo, presidente de la Sociedad de Actores Españoles

Se estableció en él que los actores enfermos que no pudieran trabajar recibirían un socorro diario de 4 pesetas. Al morir uno de sus asociados, la familia recibía un donativo de 250 pesetas.

Desde el primer momento movilizaron a sus asociados y empresarios para capitalizar la sociedad. Festivales y funciones a su beneficio sirvieron para ir engordando la caja. Una de las mayores aportaciones, 11.606 pesetas, la consiguió Fernando Díaz de Mendoza en Buenos Aires. El Heraldo de Madrid (11-12-1911) elogió a esta sociedad:

Dicha sociedad, que ampara a los artistas desgraciados, ha enjugado muchas lágrimas de quienes se ven en situación angustiosa después de haber disfrutado el favor del público, haciéndole reír o haciéndole sentir en los escenarios de los teatros chicos y grandes.

Sus actos religiosos, funerales sobre todo, se celebraban en la iglesia de San Sebastián, como el entierro de Mariano de Larra, el primero de los vocales de la junta que falleció poco después de constituirse. No descuidaban los cómicos a su Cofradía de la Novena y, anualmente, compañías de todos los teatros organizaban un gran festival para su beneficio.

La sede de la sociedad se fue trasladando. Hasta enero de 1910 no consiguieron tener una sede especialmente acondicionada para ellos. La lograron en una casa junto al teatro Español, que les supuso un gasto de 750.000 pesetas. En ese momento presidía la sociedad el actor Arturo La Riva. La que denominaron Casa del Actor disponía de salas de reuniones, salón de actos, salas de billar y lectura, saloncito de señoras y una terraza para actividades en verano. Hasta ascensor eléctrico tenía.

La casa del actor en la plaza de Santa Ana

Sindicato y Montepío

La defensa de los derechos profesionales de los actores contó con un nuevo organismo aparecido en 1919: el Sindicato de Actores. Fundado en la Casa del Pueblo por iniciativa del primer actor Miguel Muñoz, el 3 de octubre de ese año 1919 se reunieron los representantes de todas las compañías para sentar las bases de este sindicato. Unos días más tarde, en el teatro de la Comedia se presentaron las bases, redactadas por Carlos Miralles. La primera junta salió de otra asamblea celebrada en el teatro del Centro (Calderón) el 25 de noviembre. Estaba presidida por Carlos Rufart y en ella figuraban como vocales, Rosario Leonís y Consuelo Hidalgo. Por si alguna fallaba en las reuniones, se nombraron sustitutas a María Gámez y Adela Carbone.

La representación laboral de la escena estaba muy fragmentada en ese año 1925. Al menos funcionaban la Sociedad de Autores, la Asociación de dependencias de teatros de Madrid, la Asociación de coristas de Madrid, la Asociación General de Profesores de Orquesta de Madrid, Sindicato catalán, Federación Musical Española y Federación general de dependencia del servicio escénico.

El Montepío de Actores

Ya en el siglo XVIII se constituyó un montepío de actores y músicos para las dos compañías que trabajaban en Madrid. Tenemos que saltar al siglo XX para encontrar al Montepío de Actores mejor documentado, el que fundaron en 1921 los actores Francisco Alarcón, Francisco Meana y José Monteagudo. Este último era el presidente del Sindicato de Actores cuando, a final de 1920, se planteó la necesidad de contar con un departamento asistencial. El 23 de enero de 1921 se celebró la primera junta que estableció las bases del Montepío de Actores, que comenzó a funcionar el 21 de septiembre de ese año con Francisco Alarcón como presidente. Para obtener sus beneficios había que estar afiliado al sindicato. Existió un Montepío de Actores Españoles hasta que el Ministerio de Economía y Competitividad ordenó su liquidación el 29 de octubre de 2007.

Durante la II República y la Guerra Civil, los sindicatos UGT y CNT (CCOO no se fundó hasta 1962) tuvieron un gran poder en la gestión empresarial. Sobre todo durante los primeros meses de la contienda manejaron casi con total libertad los teatros, incautados a los empresarios privados. Tras la guerra solo se autorizó el sindicato vertical, en el que se abrió la sección que agrupaba a los profesionales de teatro circo y variedades. Autorizados los sindicatos independientes durante la Transición, la Unión de Actores se configuró como el más potente del sector interpretativo
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