El 24 de julio se cumplirán 400 años de un milagro acaecido en Madrid que, sorprendentemente, tendría una gran importancia para la mejora laboral de los cómicos del siglo XVII. Vayamos por partes.
Catalina Flores
El 24 de julio de 1624 Catalina Flores se vio milagrosamente curada de sus dolencias al finalizar el rezo de una novena ante el lienzo de la Virgen que había frente a su casa. La hornacina con la imagen se encontraba junto al conocido ‘mentidero de representantes’ en el madrileño Barrio de las Letras. Algunos historiadores afirmaron que Catalina era cómica, pero parece más seguro que fue la madre de Bernarda Ramírez, que sí fue una actriz reconocida. El lienzo de la calle fue ultrajado en varias ocasiones, por lo que se ordenó que se trasladara a la vecina iglesia de San Sebastián.

El milagro de la Virgen, que pasó a ser denominada ‘De la Novena’, impulsó a los cómicos a declararla su patrona y hacerla titular de la Cofradía del Gremio de Representantes, fundada en 1631 en la iglesia de San Sebastián, donde ya se veneraba el cuadro. Fueron los impulsores los actores Cristóbal Avendaño, Lorenzo Hurtado de la Cámara, Manuel Álvarez Vallejo, Andrés de la Vega y Tomás Fernández de Cabredo
Se redactaron unas reglas, que fueron sancionadas por la autoridad eclesiástica, en las que se determinaban las obligaciones y beneficios de los cofrades. Estos podían incluir como tales a los cónyuges y a hijos e hijas.
Primer sindicato actoral
La Cofradía de la Virgen de la Novena fue la primera asociación profesional de los cómicos españoles. Al situarse dentro de la iglesia sortearon las críticas que provocaba la profesión -y el teatro en general- en el Siglo de Oro. Además, lograron que los cofrades pudieran ser enterrados en la cripta de la iglesia de San Sebastián. Poco después, en 1634, la cofradía se estableció también en Barcelona, donde dispusieron de tumbas en el convento de Santa Mónica. La actriz María Riquelme fue la primera enterrada en la bóveda del templo. Casi cuatrocientos años después, la Cofradía de la Novena sigue existiendo y la sede se mantiene en la iglesia de San Sebastián, de la calle Atocha, donde la Virgen tiene un altar.

El lienzo
EL cuadro, que primero se conoció como ‘Del silencio’, por el gesto de San Juan Bautista, tuvo una historia rocambolesca. Los Velouti, quienes pusieron el primer cuadro en la calle, lo repusieron varias veces tras los ataques sufridos. José Subira, en su libro sobre este gremio, cita a Juan Francisco Lombre, discípulo de Carducho, como el artista que pintó uno de los lienzos primeros. Hasta la Condesa de Chinchón se lo llevó a su palacio, encargando una copia que fue la devuelta al templo. Más tarde repuso el original. Actualmente existen dos cuadros, uno que se venera en el altar del templo, y otro que se custodia en las dependencias de la cofradía. Este último se considera el más antiguo. Alguna vez se ha atribuido la autoría a Francisco Bayeu. En el altar actual, el lienzo se encuentra en un retablo con columnas salomónicas. En ellas están esculpidos San Ginés y San Dióscoro de Alejandría
Esplendor profesional
La cofradía logró una gran implantación entre los profesionales, hombres y mujeres sin discriminación, gracias a las prestaciones y ayudas que concedía a los cómicos en apuros o en asistencia a los entierros y socorro a viudas y huérfanos. Estableció su propio servicio médico y logró que casi todas las compañías dedicaran una parte de los ingresos de taquilla para el sostenimiento de la institución. Llegó a tener tanta importancia que se construyó capilla propia dentro de la iglesia de San Sebastián, obra de Juan Fernández, iniciándose la construcción en 1664 y terminándose en 1673. La noche del 19 al 20 de noviembre de 1936, la iglesia de San Sebastián fue bombardeada, quedando prácticamente en ruinas. La capilla de la Novena fue de las más afectadas. Al plantearse la reconstrucción del templo, se decidió eliminarla para alinear la calle de San Sebastián, que ocupaba en parte. En la reconstrucción también desapareció la gran torre del templo.
En 1767 el gremio fundó el que se conoció como ‘hospital de los cómicos’ para atender a los cofrades, abierto hasta 1854. La aparición de las primeras asociaciones de profesionales, antecedentes de los sindicatos, a principio del siglo XX, restó poder a la cofradía, aunque no se acabó con ella.