Tras el cierre del Teatro Barceló en el mes de noviembre por un periodo superior a un año debido a dos sanciones por exceso de aforo, los propietarios del edificio tratan ahora de darle un nuevo rumbo al histórico inmueble y lo han puesto en el mercado. La consultora Savills ha iniciado la búsqueda de inversores que devuelvan el brillo a uno de los espacios más icónicos del ocio madrileño, planteando posibles usos que van desde proyectos culturales hasta propuestas híbridas de entretenimiento. Sin embargo, mientras se dibuja ese futuro, el presente de una parte de sus antiguos trabajadores sigue completamente bloqueado, sumido en una situación de incertidumbre laboral y económica que se prolonga ya durante meses.
Desde el entorno de los trabajadores, el origen de la situación actual se remonta al mes de junio, cuando comenzaron a recibir las primeras comunicaciones internas que apuntaban al posible cierre del local. Fue entonces cuando, según relatan, la empresa trasladó a la plantilla un mensaje de aparente tranquilidad, pues se les aseguró que, llegado el momento, serían subrogados por el Grupo Sounds y que su continuidad laboral estaría garantizada. "Nos dijeron que todo iba a seguir igual, que no nos preocupáramos. De hecho, nos enteramos de su cierre en noviembre como todo el mundo. De hecho, creo que pensaban que nunca iban a precintar la discoteca porque solicitaron medidas cautelares y estuvimos abiertos hasta su suspensión", recuerda Julia, jefa de control durante años en la sala, quien explica que esa promesa de garantizar su trabajo marcó las decisiones de muchos trabajadores en los meses posteriores.
Sin embargo, cuando esa alternativa comenzó a materializarse, la realidad fue muy distinta. Según los testimonios de los empleados, lo que se les ofrecía no era una subrogación, sino nuevos contratos que no respetaban plenamente derechos adquiridos como la antigüedad. "No era una subrogación, eran contratos nuevos", resume Julia, una de los empleados afectados.
Ese detalle fue determinante para que cada trabajador tomará una decisión. Por un lado, se encontraban los trabajadores más jóvenes y con un menor recorrido de la empresa que optaron por aceptar estas condiciones como una vía para seguir trabajando, otros (que llevaban más años en la empresa) decidieron no firmar al considerar que suponía empezar de cero y perder años de trayectoria profesional acumulada en el Teatro Barceló, a pesar de que recibieron presiones para firmar los nuevos contratos. "Perdíamos la antigüedad", manifiestan.
A partir de aquí, el camino entre unos trabajadores y otros empezó a diluirse. Quienes no aceptaron esas condiciones quedaron en una posición cada vez más vulnerable tras el cierre definitivo en el mes de noviembre, entrando en un limbo laboral que, según denuncian, se ha prolongado durante meses.
Meses sin recibir ingresos y sin poder cobrar el paro
En este contexto, según explica Julia, el único pago que recibieron fue el de la nómina de diciembre, y no como parte de una normalidad empresarial, sino porque la empresa necesitaba regularizar esa situación para poder presentar el expediente de regulación de empleo (ERE). "Nos pagaron diciembre porque tenían que presentar el ERE, pero después todo fue a peor", resume. A partir de ahí, enero y febrero quedaron sin abonar, y el proceso de negociación del ERE (desarrollado entre febrero y el 2 de marzo) no sirvió para desbloquear la situación. Según su testimonio, las reuniones concluyeron sin acuerdo y sin garantías de cobro, dejando a los trabajadores en una situación de total incertidumbre.
Tras la finalización del proceso, los empleados recibieron sus cartas de despido, pero ni siquiera eso supuso una solución inmediata. La gestión administrativa posterior, sumada a los plazos y a la inclusión de días de vacaciones en los finiquitos, ha retrasado el acceso al paro, de modo que no han podido solicitar la prestación hasta días o semanas después de recibir la carta. En la práctica, esto ha provocado que, pese a llevar meses sin ingresos, no empiecen a cobrar el desempleo hasta dentro de un par de meses. "Hasta mayo no vamos a cobrar nada, y llevamos desde enero sin percibir un sueldo", explica Julia, reflejando la brecha entre los tiempos administrativos y la urgencia económica real de los afectados.
"Hasta mayo no vamos a cobrar nada, y llevamos desde enero sin percibir un sueldo"
Julia llevaba más de una década trabajando en la empresa, mientras que su marido acumulaba cerca de 40 años en el mismo negocio, lo que convierte su situación en especialmente complicada, ya que dos sueldos dependían del Teatro Barceló. "En mi caso, mi esposo y yo trabajábamos en la misma discoteca. Es decir, que no entra un sueldo en casa", relata.
Pero cada afectado tiene una situación diferente. Según cuenta Julia, algunos compañeros atraviesan situaciones aún más complicadas, habiendo tenido que recurrir a ayudas externas para poder subsistir. "Hay compañeros a los que les están dando comida los vecinos", asegura, poniendo voz a una realidad que, lejos del foco mediático sobre la venta del edificio, refleja el impacto humano de un conflicto que sigue sin resolverse.
"Nosotros hemos estado ahí cuidando del negocio, trabajando cada noche. Y ahora nos encontramos así", resume Julia, visiblemente afectada. Durante años, explica, mantuvo una relación cercana con quien era su responsable, Pablo Trapote, a quien llegó a ver crecer profesionalmente. "Para mi era como un hijo, salvando las distancias de que era mi jefe y siempre le he respetado", señala. Ahora, sin embargo, la incertidumbre marca su día a día.
A sus más de 50 años y tras más de una década en el Teatro Barceló, reconoce que volver a empezar y encontrar un nuevo trabajo no es tan sencillo. La dificultad para encontrar empleo a esa edad, especialmente en un sector en el que ha desarrollado toda su carrera, le obliga a replantearse su futuro desde cero, formándose incluso en nuevas áreas para intentar abrir otras puertas laborales.
Con la clausura de la discoteca, alrededor de 70 personas quedaron sin su puesto de trabajo. De ese grupo, unos 20 trabajadores más jóvenes o con menos antigüedad optaron por acpetar los neuvos contratos vinculados al Grupo Sounds, pses a las dudas que generó la falta de "ciertas condidiones laborales". El resto se mantufo fuera de ese proceso, esperando soluciones que nunca llegaron, y que siguen pendientes de resolverse tanto a nivel adminsitrativo como judicial.
Un proceso judicial abierto
Ante este escenario, varios trabajadores han decidido acudir a la vía judicial para reclamar tanto los salarios pendientes como las posibles indemnizaciones derivadas del proceso. También se han presentado denuncias ante la Inspección de Trabajo, en un intento por esclarecer lo ocurrido durante los meses posteriores al cierre. "Confiamos en la justicia. Es la única vía que nos queda", afirma Julia.
"Nosotros hemos estado ahí cuidando del negocio, trabajando cada noche. Y ahora nos encontramos así"
La resolución de estos procedimientos será clave para determinar el desenlace de un conflicto que, a día de hoy, sigue abierto. Según relatan los trabajadores, una de las cuestiones que más desconcierto ha generado en estos meses ha sido lo que, a su juicio, ha ocurrido con el interior del local tras el cierre.
En base a la información que les ha ido llegando, algunos empleados creen que se han estado retirando para vender varios elementos de la discoteca sin que ellos hayan recibido ningún tipo de comunicación oficial al respecto, mientras el proceso laboral sigue sin resolverse. A ello se suma otro hecho que también ha llamado la atención de la plantilla, la actividad en redes sociales. Según explican, la propia cuenta vinculada al Teatro Barceló habría promocionando eventos y fiestas en otros espacios.
Mientras tanto, el futuro del Teatro Barceló continúa redefiniéndose en el ámbito inmobiliario, con potenciales inversores valorando nuevas oportunidades para el edificio. Pero para quienes durante años sostuvieron su actividad diaria, esa nueva etapa queda en segundo plano frente a una realidad inmediata marcada por la incertidumbre, la falta de ingresos y la espera de una solución que ponga fin a meses de bloqueo.