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Ciencia lleva nombre de mujer

jueves 11 de febrero de 2021, 10:23h
Actualizado: 11/02/2021 10:29h

Cuando Bertha Benz aprendió mecánica en el taller de su padre, nunca imaginó lo que llegaría a conseguir. Fue una osadía estudiar algo que una mujer tenía vetado en aquellos tiempos, pero aún más ilícito fue convertirse en la socia del negocio de su esposo. Empleando el dinero de su dote financió un inquietante proyecto: un carruaje a motor. Tras años de intenso trabajo, el primer vehículo de Carls no levantó ningún interés. Pero Bertha no se desmoralizó. Cogió a sus dos hijos y emprendió un largo viaje conduciendo aquel prototipo que ella misma tuvo que ir arreglando por el camino con lo que tenía a mano; una liga, la pinza del pelo o el alfiler de su sombrero.

El atrevimiento y decisión de su hazaña consiguió su objetivo, impulsar la carrera de su marido y convertirse, sin proponérselo, en la primera mujer en conducir un automóvil.

Fue una mujer extraordinaria, cuya historia rara vez está recogida en los libros de texto y que alimenta el ya conocido como ‹‹Efecto Matilda››, un fenómeno que invisibiliza a las mujeres en ámbitos científicos e incluso a veces atribuyen sus méritos a hombres.

Esta falta de referentes femeninos provoca que muchas de nuestras niñas se sientan poco identificadas y atraídas por el mundo de la ciencia y la tecnología.

Es nuestro deber dar visibilidad, y recordar días como el de hoy, a estas pioneras que rompieron barreras para que sean inspiración y ejemplo para nuestras jóvenes e insignias de esfuerzo, valentía y perseverancia como fue Bertha.

Aunque muchos de los obstáculos con los que se encontraron las pioneras están hoy en día superados, la relación de las mujeres con el mundo científico y la innovación no ha sido fácil.

Desde que Concepción Arenal tuviera que disfrazarse de hombre para poder estudiar mucho hemos progresado. La realidad actual confirma que las mujeres son mayoría entre el alumnado universitario y participan en campos donde no entraba nadie.

La ciencia está cambiando. Nuestra ciencia ya cuenta con reconocidas investigadoras como Margarita Salas, Rosa María Menéndez o Elena María Armada, cuyos méritos y capacidades nos permitirán alcanzar la verdadera excelencia científica como país.

Por ello, debemos seguir diseñando medidas que fomenten la conciliación y la corresponsabilidad para que todas las personas, mujeres y hombres, estén en igualdad de condiciones para poder acceder y desarrollar una carrera profesional plena.

Las princesas de hoy ya sueñan con prevenir enfermedades aplicando algoritmos de redes neuronales, secuenciar un genoma vírico o desarrollar aplicaciones de realidad virtual. Solo es cuestión de despertar sus vocaciones científicas y tecnológicas, fortaleciendo su confianza y alejándolas de ideas obsoletas y estereotipadas.

Ángel Niño

Concejal delegado de Innovación y Empleo en el Ayuntamiento de Madrid

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