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La flor de Zidane

lunes 13 de enero de 2020, 20:07h
Una vez más tenemos que hablar de fútbol, de una final y, una vez más, tenemos que referirnos a esa cita entre los dos equipos más representativos de la Comunidad de Madrid.

De nuevo el Atlético de Madrid y Simeone se vuelven a encontrar con su rival más próximo en una final, que no tiene mucha importancia porque, resulta que se han jugado la supercopa de España dos equipos que no ganaron nada el año pasado. El campeón de la liga fue el Barcelona y el de la copa del Rey fue el Valencia ¿por qué juegan, entonces, la final de la supercopa los equipos madrileños? Pues no lo sé. Es un invento de la federación y no sé cuanta gente más.

Pero lo que importa ahora es hablar de lo que pasó en el campo. Algo me dice que Simeone y los suyos se volvieron a marchar a su casa con la sensación de que se les había escapado, otra vez, vivo el Real Madrid. Qué la flor de Zidane había vuelto al crecer y la tanda de penaltis se vistió de blanco nada más empezar.

Pero al margen de esto, creo que el mundo del fútbol debe hacer una reflexión sobre algunas normas, concretamente de esa jugada que se produjo, casi al final del partido, en la que Morata corría en solitario hacia la portería del Madrid y una entrada paralizó el cronómetro y al público. Detengamos también esta reflexión y analicemos: si Valverde no hace esa falta, posiblemente, el delantero centro rojiblanco hubiese metido gol. Pero eso no lo vamos a saber nunca.

En cualquier caso, la falta privó al fútbol “manu militari” de ver el final de una jugada muy bien llevada y que merecía algo más que una pequeña sanción sin trascendencia.

Y aquí viene la pregunta que siempre me hago: ¿ese tipo de infracciones no debería exigir un castigo mayor para el infractor? Porque, claro, ¿a quién benefició la situación que se produjo? Al infractor claramente. Al Real Madrid en exclusiva. A Valverde no, porque tendrá una sanción. Al Atlético de Madrid no, porque le obligó a llegar a los penaltis, cuándo un posible gol hubiese puesto el final de la competición a su favor. A Álvaro Morata tampoco, porque le dieron una patada en la pierna para tirarle y, por si fuera poco, Carvajal, involutivamente, le arreó otra en la cabeza que le dejó una huella inequívoca.

Ese es un tipo de falta, de esas que dicen los expertos que “hay que hacerlas” para evitar males mayores. Pero la realidad es que los males no son para los infractores, sino para las víctimas.

¿No sería mejor no relacionar ese tipo de infracciones con el área y sancionarlo como penalti? Al fin y al cabo, la proximidad del gol era muy superior en la jugada, que en la falta pitada y con la que fue sancionado el Real Madrid. El gol se alejó mucho y posibilitó al infractor mantener el resultado. Un penalti hubiese sido más justo, a mi entender. O, quizá, castigar al equipo sancionado con no poder alinear a los 11 jugadores tantos partidos como conlleve la sanción. En definitiva, algo que parezca más un castigo que un premio.

De todas formas, el Atlético de Madrid se ha vuelto a quedar, quizá injustamente, con la miel en los labios, dicen, por culpa de la flor que Zidane tiene al final de la espalda.
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