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José Antonio Coderch
José Antonio Coderch

Coderch, el regenerador de la arquitectura española de la posguerra

La obra 'Recordando a Coderch' homenajea al arquitecto barcelonés que rompió los convencionalismos de la España de la posguerra con sus innovadores proyectos en Madrid y Barcelona.

Los testimonios de una veintena de arquitectos de renombre de nuestro país componen el libro ‘Recordando a Coderch’, un archivo del legado de una de las grandes figuras de la arquitectura nacional. La obra, escrita por la periodista Pati Nuñez y enmarcada en un proyecto de homenaje transmedia, que incluye también un documental y una exposición sobre el catalán, ha sido presentada este miércoles en Madrid.

Su comunidad autónoma natal fue el foco principal donde José Antonio Coderch dio forma a su creatividad, pero en Madrid se encuentran tres edificios emblemáticos del barcelonés: la Casa Entrecanales de la Moraleja, el edificio Girasol en el barrio de Salamanca y la Casa Vallet de Goytisolo en Arturo Soria -que corre peligro de ser derribada-.

Coderch o el malgeniado regenerador de la arquitectura española de posguerra

«Detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves» defendía Coderch, un visionario que desarrolló su trabajo en tierra patria, pero inspiró la arquitectura mundial. Bajo sus gafas se escondía un personaje polémico y contradictorio cuya genialidad creativa posibilitó la exportación del modelo de construcción de posguerra local a las corrientes contemporáneas internacionales.

El racionalismo español tuvo en el catalán uno de sus máximos exponentes. La Casa en la Barceloneta, el edificio Girasol en Madrid y las Cocheras de Sarrià lo atestiguan. «Que trabajen (los arquitectos) con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces» afirmó en una de sus entrevistas. Quizá por eso nunca le interesó sobremanera cruzar la frontera peninsular, estableciendo el epicentro de su obra en su Cataluña natal y otorgándole el privilegio a Madrid de acoger algunos de sus diseños.

Quienes le conocieron le definen como un personaje malgeniado e incluso autoritario. En numerosas ocasiones fue criticado por su aislamiento respecto al resto de la profesión, a excepción de su mano derecha Manuel Valls, pero nadie cuestiona su carácter justo ni su condición de arquitecto inconformista y transgresor que se caracterizó por su predisposición a romper con los convencionalismos.

Coderch obsequió a la sociedad española con su arte, pero guardó para sí mismo su proyecto más personal, un diseño que permaneció inédito hasta después de su muerte: la Herencia. En esta vivienda plasmó sus valores arquitectónicos: la resolución eficiente de los espacios para satisfacer las necesidades esenciales del hombre, ese al que tantas veces trató de complacer con sus creaciones y al que detestó cuando “trataba de tener razón, en vez de ver claro o se preocupaba en vez de ocuparse".

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