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Veinte años no es nada

Por Ángel del Río
lunes 27 de febrero de 2017, 09:30h

El pasado jueves se hacía pública la sentencia que condena a Antonio Ortíz, el pederasta de Ciudad Lineal, a 70 años y seis meses de cárcel. La lectura del sumario puso en su día los pelos de punta a quienes tuvieron acceso al mismo, y la lectura de la sentencia sobrepasa el límite de la tolerancia que pueda tener el ser humano ante este tipo de alimañas, de agresores de niños, de asesinos de la inocencia infantil. El comportamiento de estas bestias, va a más allá de la imaginación novelesca, del dramatismo ilustrado en la literatura más abyecta. Un monstruo fue a verlas. Se las llevó, les hizo todo tipo de perrerías y mató la inocencia de unas criaturas que quizá nunca puedan recuperar.

Y ante los hechos probados, ante la dureza de la sentencia, el pederasta se muestra impasible, como si la cosa no fuera con él y estuvieran hablando de otra bestia que le pilla lejana. Ni un gesto de arrepentimiento, de condolencia para sus víctimas. Lo niega todo, pero creo que a pesar de negarlo reiteradamente, todavía no ha conseguido creerse su propia mentira, la negación de su autoría. Antonio Ortìz ya tenía antecedentes por delitos parecidos; convivía con esta forma de comportamiento homicida.

Le han caído 70 años de cárcel, aunque como máximo, sólo cumplirá 20, por obra, gracia y desgracia del Código Penal vigente cuando cometió los hechos. Este es un caso claro de prisión perpetua, pero el tiempo jugó a su favor y se libra de hacerse viejo, de consumirse, entre rejas. El tango dice “que veinte años no es nada”, y la razón aplicada al caso del pederasta de Ciudad Lineal, puede decir lo mismo: veinte años no es nada de cárcel para los horrorosos delitos cometidos.

Ángel del Río

Cronista Oficial de Madrid y Getafe

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