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Blanca Portillo, Mujer del Año de los VII Premios Madrid
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Blanca Portillo, Mujer del Año de los VII Premios Madrid

Blanca Portillo: "Estoy en el mejor momento de mi carrera"

La actriz Blanca Portillo ha sido elegida por el jurado de los Premios Madrid como Mujer del año 2009.

Nació en la maternidad de O’ Donnell, “como casi todos los madrileños”; vivió en Argentina seis meses y pronto se dio cuenta de que tenía que volver de inmediato porque tenía Madrid en la sangre y es aquí “donde me quiero morir”. Blanca Portillo, actriz todoterreno, trabajadora nata, Concha de Plata, galardonada en Cannes y, ahora, Premio Madrid a la Mujer del Año, está en el mejor momento de su carrera y no quiere bajarse de esta ola: “Hay millones de personajes maravillosos por hacer”.

Recibe a Madridiario en el despacho de su pequeña productora teatral a apenas unos metros del kilómetro cero de la capital y nada más aterrizar de Cannes, donde ha participado, junto a Pedro Almodóvar, Penélope Cruz y el resto del equipo, en la agotadora promoción de la última obra del director manchego: ‘Los abrazos rotos’. A pesar de ello, sonríe y se ríe con una alegría contagiosa. Es dulce y agradece el premio a la Mujer del Año como un regalo por llevar desde haces meses durmiendo tres horas al día entre maratonianas sesiones de trabajo. Incluso bromea al hablar del personaje que le dio el éxito en la serie 7 vidas y de cuya piel ha conseguido despegarse. Ahora bien, saca todo su carácter en cuanto se cuestiona la calidad del cine español. Esta es Blanca Portillo.

Madrileña y ‘gata’, no hay muchas como tú.

Es que mis padres y mis abuelos ya eran de aquí y yo nací en O’Donnell. Los primeros años los pasé junto al portillo de Embajadores, así que lo llevo en la sangre. Después pasé a vivir en Chamberí, Retiro y ahora Centro. Se puede decir que soy más gata que los gatos, soy de casta.

La única pregunta sobre 7 vidas –serie cuyo personaje le catapultó al éxito- es esta. ¿Te han dado ganas alguna vez de ‘matar’ a Carlota?

(Risas)... Tengo muchas cosas que agradecerle. Ella me abrió muchas puertas y me dio muchas cosas buenas. Evidentemente hay un antes y un después de 7 vidas en la producción de ficción nacional y eso es un orgullo, pero por otro lado sí hay veces que dices ¡esto no me lo voy a quitar jamás en la vida! Nunca he llegado a odiarla o a tenerle manía pero sí hay días en que dices ‘Dios mío’. Pero bueno, eso va pasando y la gente cada vez me llama más por mi nombre.

Después de eso te reciclaste y con éxito: El perro del hortelano, Los fantasmas de Goya, Volver, Alatriste, Siete mesas de billar francés, Los abrazos rotos, Acusados, trabajos con Mario Camus, Milos Forman, Almodóvar, Querejeta, Díaz Yanes… Sinceramente, ¿te queda algo por hacer?

¡Pues quiero hacer más cosas! Tengo la impresión de estar en mi mejor momento profesional y no me gustaría pensar que he llegado a ningún sitio en concreto. Me siento más novel que nunca, que empiezo a saber de qué va esto, así que espero que siga habiendo trabajos interesantes con gente interesante. Siempre he pensado que el mejor personaje por venir es el próximo y hay millones de personajes maravillosos por hacer.

Has interpretado ya cuatro papeles ‘masculinos’, uno de ellos haciendo de Torquemada en Alatriste y otro reinventando el yo femenino de Hamlet. ¿Te encuentras a gusto en ese papel?

Hombre solo era en realidad el personaje de Alatriste, porque Hamlet era una mujer y eso quedaba bien claro desde el principio, pero con su lado masculino. Creo que la única manera de enfrentarse a personajes así es entendiendo que lo que vas a hacer es de ser humano, porque todos llevamos dentro una parte masculina y femenina y se trata de investigarlo.

Ni Torquemada ni Hamlet eran interpretaciones fáciles y ahora, después del verano, interpretarás a la maga-oráculo-asesina Medea en el festival de teatro clásico de Mérida. ¿Te va la marcha?

¡Pero no me va a mí sola! ¡Le va a quienes me llaman para hacer estas cosas! Son personajes de envergadura y para mí es un reto. Es mucho mas interesante hacer un personaje que te va a costar que uno que haces con la gorra, porque cuanto más difíciles son más tienes que poner en juego tus capacidades y eso es lo que me pone de esta profesión, ponerme el listón cada vez más alto. Si me equivoco pues me equivoqué.

Tu personaje en Los abrazos rotos, Judith, también tiene un halo de secretismo e intriga. Además, es la única que no recibe abrazos en toda la película.

Eso lo descubrí cuando la vi entera. Es una mujer que no tiene contacto físico casi. Es un personaje que oculta lo que le ocurre, no habla de ello, no tiene confianza con nadie para contar lo que siente y tiene que estar muy contenida y muy sujeta para llegar al momento en el que se derrama en la parte final. Lo más difícil ha sido eso, que fuese un personaje contenido que hablaba con los ojos, porque no dejaba de mirar, era una gran observadora, y la verdad es que teniendo un director como Pedro Almodóvar al lado es mucho más fácil, porque yo tengo tendencia a que si no me sujetan me puedo desbordar.

En la película haces un monólogo durante varios minutos en el que tú ocupas todo el plano y que es fundamental para el argumento. ¿Te daba miedo esa escena?

Cuando vi que el guión tenía tres o cuatro páginas de monólogo me aterró. Le dije a Pedro si no podía escribirme algo un poquito más fácil y me dijo que si lo hacía en el teatro por qué no podía hacerlo en el cine, y la verdad es que nos preparamos muy bien para llegar ese momento. Esa noche fue muy mágica porque todo el equipo sabía que era una de las secuencias más difíciles. Pedro, después de hacer las primeras tomas, decía "Arte".

Por cierto, ¿qué desayunas para poder encadenar un proyecto con otro y no desfallecer en el intento?

He estado durante cuatro meses durmiendo una media de tres horas. Desayuno bien: mi café, mis tostadas, mi jamón, mis huevos revueltos si hace falta, fruta… es lo único que te hace aguantar el día. Cuando te gusta lo que haces tampoco pasa nada, aunque llega un momento en el que piensas que te va a dar algo, pero cuando tienes una edad tampoco hace falta dormir tanto. A todo se acostumbra uno.

¿Y mejor churros o porras?

Para desayunar las porras. Además me gusta como las hacen, que es algo que casi ya no se ve: los churreros haciendo la forma redonda y dándoles vueltas en esas supersartenes.

¿Prefieres abrazos o besos?

Prefiero abrazos porque creo que muchas veces son más honestos de los besos.

¿Te cuesta más sobre el escenario reírte cuando quieres llorar o llorar cuando eres muy feliz?

Cuando estoy interpretando entro a saco. He llegado a pensar que entro en una especie de trance y es imposible que haya un choque entre lo que me pasa a mí y lo que le está pasando al personaje. Cuando ellos tienen que sufrir y llorar sufro y lloro con ellos aunque esté tremendamente feliz, y al revés igual. Se te olvida todo.

Decía Pedro Almodóvar en Cannes que le tratan mejor en Francia que aquí ¿Por qué? ¿A ti te pasa?

A mí no. Yo me siendo bien tratada. Es más, a veces me sobrepasa la sensación de que la gente me tiene mucho cariño y mucho respeto. En su caso sí es verdad que le tratan mejor fuera que dentro. Somos un país muy de blanco o de negro, o te odio o te quiero, pero él está en una altura muy grande.

El presidente de los Productores Audiovisuales de España dice que no caben 173 películas al año en cartel porque nadie va a ver tantas.

Pues no sé cuantas americanas hay entonces. Creo que hay salas y público para verlo todo y, si es bueno, más. ¿Qué pasaría si como en otros países se prohibiera el doblaje en las películas americanas y hubiera que ponerlas en versión original con subtítulos en español? No sé cuanta gente iría a ver cine americano así. Para empezar aprenderíamos más inglés, veríamos a los actores tal cual son, veríamos errores que no solemos ver y veríamos cosas muy buenas que a veces criticamos como malas. Hay espacio de sobra para todo el que hace bien las cosas y creo que debemos proteger nuestro cine porque es nuestra cultura.

¿Crees que las subvenciones al cine son justas o que, como defienden los contrarios a las ayudas, hay demasiadas y se dan a los ‘titiriteros’?

Ese término es insultante. Me parece que es una falta de respeto a lo que tiene que ver con la cultura y con el arte. Nadie se cuestiona que se protejan los museos, incluso el teatro, pero tenemos un modelo, que es el americano, con una industria que da mucho dinero, y queremos ser igual que ellos. Pero nosotros no somos como ellos. El cine es un bien cultural, la gente lo hace porque quiere contar historias mejor o peor, más o menos buenas, pero si no tuviese subvención sería imposible hacerlas o estaría en manos de tres o cuatro grandes empresas o de los productores. Si en España fuera así, no haríamos cultura.

¿Qué es lo que más te gusta de Madrid?

Tendría que preguntarme que es lo que no me gusta. A mí no me molesta no tener mar, que haya mucho tráfico, que sea una ciudad llena de gente. Al revés, me parece que tiene algo precioso, el anonimato en el que te puedes mover por Madrid. La gente está harta de ver de todo, no pasa nada, se pasea por la calle quien quiere y como quiere. La oferta que tiene es maravillosa, es una ciudad acogedora. De hecho, cuando me he ido a vivir fuera de España es cuando me he dado cuenta de que quiero morirme aquí, que es el lugar al que siempre quiero volver.

¿No odias ni siquiera el tráfico?

(Risas) En el pregón de San Isidro yo decía: 'Y qué quieren, ¿que vayamos todos en fila y en silencio?' Esto es una gran urbe. En los Ángeles si no vas con coche no existes y eso me parece mucho más grave. Madrid es una ciudad que la puedes pasear y la puedes conducir. Que los atascos son un coñazo, pues como en cualquier ciudad. Que se vayan a Roma y flipan, porque es lo más desordenado del mundo.

¿Madrid 2016? ¿Juegos Olímpicos?

Sí y sí, a pesar de lo que eso nos pueda conllevar de obras de líos de cosas inacabadas, de cosas que haya que tirar para hacer nuevas. Sí, siempre que se haga con respeto y con cuidado y que la ciudad no pierda algo que para mí es valiosísimo: que siempre sea una villa, que no se convierta en una ciudad despersonalizada.

¿Y como te has tomado lo de ser mujer del año?

Me causa una cierta extrañeza, no sé qué es lo que he hecho si piensas, por ejemplo, en el señor Neira (Jesús Neira, Premio Madrid al Hombre del Año). Pienso que hay mujeres que se dejan la vida, literalmente. Si se me está premiando el esfuerzo, que trabajo mucho o que soy una persona comprometida con lo que hago, desde aquí lo agradezco, porque siento que es cierto que me dejo la piel, pero no dejo de pensar que hay mujeres, auténticas guerreras, que hacen millones de cosas. Yo decía que dormía tres horas al día durante cuatro meses, pero hay quienes lo llevan haciendo toda la vida porque tienen hijos, un trabajo, su marido, los problemas y esas sí que son mujeres del año. Ojala esté yo a la altura de eso.

Para terminar, el Premio Madrid a Toda Una Vida es para otro compañero de tablas, Manuel Alexandre. ¿Qué puedes decir de él?

¡Uf! Yo le he adorado toda la vida porque era suave, delicado en sus trabajos, con mucha ternura. He trabajado con él y me trató tan bien, fue tan bonito, es un ser generosísimo y cariñosísimo. Todo lo que se diga de él es poco. Me parece un excelente actor, lo tiene en la piel y eso lo ves en los más grandes. Y luego encima es muy divertido, tierno, seductor. Una persona estupenda.

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