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Del teletrabajo y nuestra huella de carbono al volante

miércoles 07 de abril de 2021, 11:10h

Basta con echar un ojo a los anuncios que las agencias inmobiliarias muestran en sus oficinas a pie de calle, por ejemplo, para darnos cuenta de que algo ha cambiado en el último año. Ahora, son muchos más los inmuebles que se venden en pueblos de diferente tamaño dentro o fuera de la Comunidad de Madrid. Un fenómeno que está íntimamente ligado a la pandemia y al teletrabajo, que parece que ha llegado para quedarse. Y es que, muchas personas, todas aquellas a las que su profesión se lo permite, están buscando un lugar más tranquilo y saludable donde trabajar y vivir lejos de las ciudades.

Esta vuelta al campo es una buena noticia. Muchos pueblos que estaban agonizando han abierto los brazos a los nuevos vecinos que dan un poco de vida y esperanza a esos municipios. Hemos visto incluso noticias en los medios de comunicación que daban cuenta de cómo en algunos pueblecitos han tenido que reabrir la escuela después de permanecer cerradas durante décadas. De todo esto hemos hablado aquí en alguna otra ocasión, pero contra todo pronóstico parece que este fenómeno continúa vigente. Aunque puede verse afectado si, cuando volvamos a la normalidad y superemos esta maldita pandemia, se vuelve al trabajo presencial obligatoriamente. En principio parece que las empresas de forma generalizada han comprobado que el teletrabajo funciona, aunque hay muchas que todavía están ancladas en el pasado y lo ven con desconfianza.

La principal ventaja del teletrabajo para la sociedad es, desde mi punto de vista, la reducción de las emisiones de gases contaminantes producto del desplazamiento al centro de trabajo. Algo de lo que nos beneficiamos todos. Los estudios y comparativas que se han publicado hasta el momento sobre la calidad del aire en las principales ciudades de España dan fe de la gran mejora que se detectó durante el confinamiento. Es verdad que fue una situación excepcional, pero no cabe duda que el teletrabajo, forzoso en aquellos momentos, fue un factor decisivo para esa mejoría. Hoy poco a poco hemos vuelto a lo de siempre. En la ciudad de Madrid, por ejemplo, ya hemos tenido días en los que la boina de contaminación ha vuelto aparecer. En este sentido, y si no cabe otra, tenemos también la oportunidad de reducir nuestra huella de carbono cuando conducimos.

Los acelerones, unos neumáticos con la presión baja, sobrecargar los vehículos o conducir a grandes velocidades con las ventanillas bajadas aumentan el consumo de carburante y por tanto también las emisiones contaminantes que se liberan por el tubo de escape. En un momento en el que todavía los coches eléctricos no están al alcance de todos los bolsillos (y que tampoco son la solución al problema), nuestra actitud al volante también puede ayudar muy significativamente a mejorar la calidad del aire. Es un parche, lo sé, pero tenemos que echar mano de todo lo que esté a nuestro alcance como ciudadanos responsables. Siempre será mejor esto que no hacer nada.
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