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Juan Carlos Pérez de la Fuente, como los que fuimos espectadores teatrales de provincias, tiene fascinación por los grandes de la escena. Su desembarco en Madrid, recién iniciada la década de los noventa, fue con la reaparición de la gran María Jesús Valdés, en "La dama del alba" (1991). En los años sucesivos, casi siempre de la mano del productor Juanjo Seoane, montó espectáculos muy apreciables con Amparo Rivelles: "El abanico de lady Windermere" (1992); "El canto del cisne" (1993) y "Los padres terribles", (1995) en la que también estaban Nati Mistral y Vicente Parra, en el que sería su último trabajo.