18 de octubre de 2019, 6:22:03
Cultura y ocio


Pérez de la Fuente y la izquierda teatral

Por Antonio Castro

Juan Carlos Pérez de la Fuente, como los que fuimos espectadores teatrales de provincias, tiene fascinación por los grandes de la escena. Su desembarco en Madrid, recién iniciada la década de los noventa, fue con la reaparición de la gran María Jesús Valdés, en "La dama del alba" (1991). En los años sucesivos, casi siempre de la mano del productor Juanjo Seoane, montó espectáculos muy apreciables con Amparo Rivelles: "El abanico de lady Windermere" (1992); "El canto del cisne" (1993) y "Los padres terribles", (1995) en la que también estaban Nati Mistral y Vicente Parra, en el que sería su último trabajo.


Es un director que conoce las claves del llamado "teatro comercial" y se ha ido consolidando como uno de los mejores especialistas en el teatro ceremonial. El último ejemplo lo ha dado recientemente en el teatro Valle Inclán con "Dionisio Ridruejo". Pero ese ciclo lo inició con la fastuosa "Pelo de tormenta", estrenada en el María Guerrero el año 1997.

Fue nombrado director del Centro Dramático Nacional el año 1996, permaneciendo en el cargo hasta 2004. En esos años tuvo que hacer frente a un enemigo inesperado: las termitas. Unas prospecciones revelaron que el teatro María Guerrero, sede del teatro nacional, estaba afectado por esos xilófagos. Hubo que desalojarlo y preparar un plan para combatirlos, aprovechando, de paso, para remozar un poco el viejo teatro de la Princesa. No por eso cesaron las producciones del CDN, algunas de la cuales se llevaron al teatro de La Latina, que Juan Carlos conoce muy bien por haber trabajado allí para la empresa privada. Finalmente, en 2003, el María Guerrero abrió sus puertas con más esplendor del que tenía. Y lo hizo con un autor "olvidado" en los teatros públicos durante la Transición: Antonio Buero Vallejo y su "Historia de una escalera". Antes, en 1999, ya le había montado en el mismo escenario "La fundación".

A Pérez de la Fuente le han colocado la etiqueta de "derechas". Posiblemente lo sea, pero en su etapa al frente de los teatros públicos subieron a sus escenarios algunos de los autores nada sospechosos de esa ideología. Como el citado Buero Vallejo. Antes había rescatado a Max Aub, cuyo compromiso con la II República propicio su exilio. Ningún director "de izquierdas" se había interesado por él. Y resultó un monumental "San Juan" (1998) que llenó el teatro toda la temporada y descubrió este dramaturgo a muchos espectadores ignorantes de su figura.

En su último año al frente del CDN también llevó al mismo a otro icono de la "izquierda" o del "antisistema": Fernando Arrabal. Desde que se fundó este centro público en 1978, solo Narros había dado entrada a este autor en 1983 con "El rey de Sodoma". Su "Carta de amor" fue fascinante y un testamento artístico escalofriante de María Jesús Valdés.

Dedicado ya a la producción privada, al frente de la empresa que encabeza con Rosario Calleja, llevó al Español a otro autor poco sospechoso de ser "derechoso": Alfonso Sastre. Puso en pie de manera excelente "¿Dónde estás Ulalume, dónde estás?" (2007). Cierto es que Juan Carlos Pérez de la Fuente también ha montado a Arniches o Jardiel Poncela. Y, como empresario privado -aunque en colaboración con teatros públicos- ha estrenado dos funciones inéditas de sendos españoles contemporáneos: "Dalí vrs. Picasso", de Arrabal y "Dionisio Ridruejo, una pasión española", de Amestoy. Dos producciones estrenadas en Madrid la última temporada.

Seguramente no será un gestor revolucionario, pero sí creo que será tremendamente respetuoso con la historia del teatro Español. Y también tengo la convicción de que nuevos autores serán acogidos, bien en las Naves del Español o en la sala pequeña de la plaza de Santa Ana. No sé qué planes ha presentado para espacios no estrictamente teatrales como el circo Price o el Conde Duque. De momento llega al cargo con la programación del segundo semestre de 2014 cerrada por su antecesor, Natalio Grueso. No debe extrañar: se hace así en todos los teatros serios del mundo. Cuando sale un director deja parte de la programación hecha para que su sucesor no encuentre un teatro vacío o tenga que improvisar una programación en pocos días.

Cualquiera de los otros dos candidatos, Gerardo Vera e Ignacio García, está también muy cualificado para ocupar un cargo así. De la terna propuesta por los encargados de filtrar las casi treinta propuestas, Pérez de la Fuente ha sido el designado por la alcaldesa. No olvidemos que el Español es un teatro público y, por tanto, el empresario es el Ayuntamiento.

Ahora me atrevería a sugerir a Pérez de la Fuente que impulse la redacción de un reglamento del teatro que marque las pautas futuras de funcionamiento del que es primer teatro de España. Y que establezca claramente lo que un director de teatro público puede y no puede hacer.

Más información:
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