Las calles de los barrios por las que hoy se pasea sobre asfalto, con agua limpia y caliente, donde llega el transporte público o la mercancía a los negocios, hace unas décadas, eran inimaginables. Barrios como el de Torre Baró (Barcelona) o Vallecas, al igual que muchos otros, se construyeron con el trabajo, esfuerzo, sacrificio y, sobre todo, con la lucha de los vecinos que habitaron esos terrenos, que, en sus inicios, eran apenas chabolas.
Este jueves, en Vallecas, ha tenido lugar un nuevo encuentro vecinal gracias a la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (Fravm) y el Grupo Cooperativo Tangente, con la proyección de El 47. Una película que se ha convertido en la llama que ha avivado de nuevo el movimiento vecinal en el barrio de Torre Baró. Es una película que narra la historia real de los vecinos del barrio y que tiene como protagonista a Manolo Vital, un hombre nacido en Extremadura que se mudó a Torre Baró, un barrio periférico de Barcelona, en busca de un futuro mejor. En 1978, tras años de exigir sin ningún éxito mejoras básicas como transporte público, agua o asfaltado para su comunidad, Vital decide tomar una medida extrema, secuestrar un autobús de la línea 47 para demostrar que el barrio no es inaccesible. A pesar de las dificultades y la oposición de las autoridades, su acto simbólico resultó una victoria histórica para los vecinos, ya que la línea 47 se extendió hasta Torre Baró, mejorando así la conectividad del barrio. La película destaca el coraje de Vital y de los vecinos del barrio, y su incansable lucha por un cambio social. Esta historia les convirtió en héroes involuntarios que representaron la determinación y el esfuerzo de los inmigrantes que ayudaron a construir Cataluña.

Bajo el título Del 47 al 57: de la memoria hacia un futuro deseable en común, el encuentro ha entrelazado dos momentos cruciales del activismo vecinal, el secuestro simbólico de los autobuses de la línea 47, en Barcelona en 1978, y el de la línea 57, en Vallecas en 1991. Además, ha unido, por primera vez, a los protagonistas de ambos actos, mostrando una historia de desobediencia pacífica y de la firme determinación de comunidades que nunca se dieron por vencidas ante la indiferencia de las instituciones.
A través de la película, dirigida por Marcel Barrena, el relato de Manolo Vital, conductor de la línea 47, se conecta con las voces de vecinos como Rosi Martín y José Manuel Romero de la Asociación Vecinal Torre Baró, junto con Mariano Monjas, quien, décadas después, en el barrio de Vallecas, tomó un autobús para exigir que la línea 57 llegara a la Colonia San Agustín. Un acto simbólico que, al igual que el de Torre Baró, fue una muestra clara de resistencia y determinación vecinal.
Rosi Martín y José Manuel Romero son vecinos de Torre Barró, y forman parte de la Asociación Vecinal del barrio, ellos convivieron en esa época de lucha, que aún persiste, por conseguir todos los derechos que tienen hoy en día. Fueron vecinos y lucharon mano a mano con Manolo y Carmen, los personajes de la película y los protagonistas reales del barrio. José ha recordado como fueron esos años para él: “nos unimos como comunidad para resistir a las injusticias. En esos años, el barrio era un campo de batalla contra las autoridades locales, contra el desamparo. Pero también fue un espacio donde nacieron las asambleas, donde cada vecino tenía voz”. Y Rosi, emocionada, ha destacado que en esos momentos "lo más importante fue la gente, la comunidad. Nos dimos cuenta de que éramos fuertes cuando nos uníamos”.
En otro punto del mapa del país, en 1991, Mariano y otros vecinos se unieron para secuestrar ese autobús en Vallecas. "No luchábamos solo por una línea de autobús, sino por la dignidad de nuestro barrio, por el derecho a ser escuchados, por el derecho a vivir en condiciones de igualdad", ha recordado Mariano. Esta acción, cargada de simbolismo y unidad, fue un grito de resistencia que culminó en la ampliación de la línea 57, una victoria que perdura hasta el día de hoy.
Este encuentro, además de ser un homenaje a las luchas pasadas, también ha servido como un recordatorio de que las batallas vecinales no terminan nunca. Como ha expresado Rosi Martín, “es importante recordar que, aunque las circunstancias cambian, el espíritu de lucha vecinal sigue siendo el mismo. Los problemas de hoy no son tan diferentes a los de hace décadas. La lucha por un futuro justo y equitativo sigue viva”.
Un empujón para que nuevas generaciones sigan luchando por el acceso a derechos fundamentales como la vivienda, la movilidad y la justicia social. José Manuel ha destacado que "no podemos permitirnos olvidar nuestra historia. Es fundamental que las nuevas generaciones sepan que todo lo que tenemos hoy, desde el transporte hasta los servicios básicos, fue conquistado a pulso por la lucha vecinal".
La jornada ha terminado con manos levantadas por parte del público, quienes han recordado sus luchas personales y vecinales de barrios del distrito de Vallecas. Una de las vecinas que ha participado en el coloquio ha recordado como ella luchó por el barrio y los secuestros que realizaron para avanzar con los derechos que se merecían, y se ha dirigido personalmente a Mariano señalando que “tenemos los mismos años personales que de lucha, y aunque ya tengamos una edad, vamos a luchar hasta el final”. Y, por último, uno de los vecinos de Vallecas ha reivindicado la importancia de las asociaciones vecinales: “Hay que volver a conseguir esa unidad de barrio y salir a las calles, no para conseguir nuevos derechos, que también, sino para luchar por los que nos quieren quitar”.
Con un fuerte aplauso, el encuentro ha finalizado renovando el compromiso con la justicia social y el derecho a una vida digna en los barrios populares del país.