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Andrea, mujer que ejerce la prostitución, denuncia que ni ella ni sus compañeras pueden acceder a ayudas
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Andrea, mujer que ejerce la prostitución, denuncia que ni ella ni sus compañeras pueden acceder a ayudas (Foto: Chema Barroso)

"Las putas también tienen que comer": el drama de la prostitución durante la pandemia

La improvisada protesta por los derechos de las prostitutas

domingo 24 de mayo de 2020, 09:38h

Este sábado en la capital, se dieron cita dos manifestaciones: la gran caravana que recorrió el centro de Madrid de la mano de Vox, con banderas de España y gritos de “libertad” y “Gobierno dimisión”, y la sencilla protesta del Partido Comunista, que congregó en la Puerta del Sol a poco más de una veintena de manifestantes que salieron a la calle por 'Por el trabajo, por nuestros derechos y por un plan de emergencia social'.

Por la Puerta del Sol pasó Andrea, prostituta que, al ver que se mencionaba el tema de la prostitución en la concentración del PCPE, decidió dar su opinión e iniciar su propia protesta.

“Estaba paseando por allí y vi que se manifestaban e incluso hablaron del tema (prostitución), por lo que me uní a la conversación y se armó una trifulca porque no pensaban lo mismo que yo, así que hice un show de desnudo en el momento. Los periodistas se pusieron de mi lado. Lo que les dije fue: las putas también tienen que comer”, confiesa a Madridiario.

Andrea y muchas de sus compañeras forman parte de la cara B de esta pandemia. Sin derecho a ERTE, paro o ayudas sociales, muchas mujeres que ejercen la prostitución se han visto abocadas a vivir de ahorros –si los tienen– o a dormir en albergues e incluso en la calle.

“Muchas personas trabajan en la prostitución permanente o esporádica y no tienen derechos al no ser un trabajo legalizado. Sin ayudas, la única solución es darse de alta como autónoma en la Seguridad Social como masajista, por ejemplo, pero yo no soy masajista”, señala Andrea.

Según la web Escort Advisor, alrededor de 600.000 trabajadoras sexuales ejercen la prostitución en España, de las que alrededor de 100.000 son independientes y anuncian sus servicios a través de internet, igual que Andrea.

“Nosotras nos publicitamos por anuncios en internet, y seguimos pagando lo mismo por ello a pesar de no poder realizar los mismos servicios”, apunta.

Ante las restricciones de movilidad que ha traído consigo el decreto del estado de alarma, comenta que muchas compañeras se han planteado llevar a cabo sus servicios a través de videocámaras, pero asegura que no es un buen negocio.

“Existe mucha hipocresía porque muchos clientes, padres de familia, están confinados con sus mujeres y sus hijos, y no se van a esconder para hacer una videocámara, al igual que muchos no quieren pagar ni los 20 euros que ofrecemos por algo que puede durar como mucho cuatro minutos. El cibersexo no es viable”, indica.

Expuestas al coronavirus

Además del drama económico al que se han visto expuestas estas mujeres, su profesión hace imposible mantener las medidas de seguridad pertinentes para no contagiarse de COVID-19.

“Somos vulnerables al tener un trabajo que exige contacto físico con los clientes”, subraya Andrea. A ello se suma que los clientes no quieren desplazarse por miedo al contagio.

“Los clientes buenos, los respetuosos y prudentes, los que son padres de familia, no se van a arriesgar a contagiarse ni a dar explicaciones a su mujer de por qué sale de casa. A menos que encuentren una cura, los clientes responsables no vendrán”, lamenta.

Denuncia además la posición en la que se encuentran muchas compañeras, que reciben aproximadamente un cliente cada tres días, pero ninguno cumple las medidas de seguridad. “Son clientes que pasan del tema y de cuidarse de contagiarse de enfermedades de transmisión sexual o del propio coronavirus. Ellas se la juegan para poder pagar las facturas”, critica.

Ayudas básicas

Es por ello que Andrea hace un llamamiento para pedir ayuda para todas estas mujeres que desde la llegada del coronavirus, como otros muchos trabajadores, se han visto desamparadas.

“Exijo que se nos habilite una vivienda para trabajar y una paga para comer”, demanda. Cuenta que las asociaciones a las que pueden acudir para pedir ayuda están limitadas, y para conseguirlo se ha de pasar por un largo proceso al que solo puede acceder un pequeño número de personas.

No hay opción a ayudas por ser un trabajo clandestino, completamente en la economía sumergida”, censura Andrea, partidaria de legalizar la prostitución.

La incertidumbre con la que están viviendo estas trabajadoras la pandemia, sin saber cómo será su ‘nueva normalidad’, tanto en términos económicos como sanitarios, hizo que Andrea, que solo pasaba por Sol este sábado, alzase la voz. “No vemos nada claro, nos están tomando el pelo”, sentencia.

Confía en que su pequeña protesta ante la Puerta del Sol sirva para algo, al menos para visibilizar la situación de las prostitutas en Madrid y en el resto del país, y que puedan contar con el apoyo de las instituciones para salir adelante.
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