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TAL DÍA COMO HOY EN MADRID

Aeropuerto de Barajas Terminal de Iberia
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Aeropuerto de Barajas Terminal de Iberia (Foto: Diego Sánchez)

El primer vuelo de Iberia

domingo 14 de diciembre de 2025, 07:00h
Actualizado: 14/12/2025 08:30h

Carabanchel, 14 de diciembre de 1927. El frío y el barro no impidieron que Madrid viviera uno de los hitos más decisivos de su historia moderna: el primer vuelo comercial de Iberia. Aquel día, el aeródromo improvisado en las afueras se convirtió en escenario de una ceremonia que mezclaba solemnidad y audacia. Frente a los hangares de madera, dos trimotores Rohrbach Ro VIII Roland aguardaban su momento. Eran máquinas de duraluminio, con tres motores BMW y capacidad para diez pasajeros, que prometían unir Madrid y Barcelona en apenas tres horas y media.

La compañía Iberia había nacido seis meses antes, el 28 de junio de 1927, impulsada por el empresario bilbaíno Horacio Echevarrieta y la alemana Deutsche Luft Hansa. Con un capital de 1,1 millones de pesetas y tres aviones adquiridos, la aerolínea apostó por un nombre estratégico: “Iberia”, evocador de la Península y pensado para proyectar modernidad sin tensiones nacionalistas. El objetivo era claro: conectar las dos capitales económicas del país con vuelos diarios y abrir la puerta a una red postal más eficiente.

El plan para la jornada era impecable: el rey Alfonso XIII presidiría el acto, inspeccionaría el aparato y asistiría al aterrizaje del vuelo procedente de Barcelona antes de la salida del Madrid‑Barcelona. Pero la meteorología alteró el guion: niebla y nieve obligaron al avión que venía de El Prat a aterrizar en Almazán (Soria). Finalmente, a las 12:30, el Rohrbach matriculado M‑CBBB despegó rumbo a Barcelona con diez pasajeros y dos mecánicos alemanes. El billete costaba 163 pesetas la ida y 300 ida y vuelta, un precio comparable al coche‑cama del tren, reservado a empresarios y periodistas.

Dentro, las butacas de mimbre y un pequeño lavabo eran los únicos guiños de confort en un entorno dominado por el estruendo de tres motores y el olor a gasolina. En tierra, el repostaje se hacía a mano, con bombas accionadas a brazo y bidones alineados bajo el frío. No había mangas ni pasarelas: había oficio y paciencia. El rugido del despegue marcó el inicio de una nueva era. En el primer mes, Iberia realizó decenas de vuelos y transportó centenares de pasajeros. Años después llegarían Barajas, las rutas europeas y el salto transatlántico. Pero todo empezó aquí, en Carabanchel, con barro en las botas y el futuro en las alas.

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