Napoleón envió sus tropas a conquistar Portugal, territorio aliado de los ingleses. Para ello necesitaba atravesar con sus tropas el territorio español, cuyo rey, Carlos IV y su valido, Manuel Godoy, eran aliados del emperador. No importaba porque Napoleón había decidido que ya puestos era necesario cambiar la dinastía que gobernaba España y pasar de los Borbones a los Bonaparte.
Su hermano José era el designado para tan alta misión. Pero había que sacar a los Borbones de España, a sabiendas de que el pueblo español era imprevisible y no veía todo aquel politiqueo con buenos ojos. A fin de cuentas, la alianza con Napoleón nos estaba saliendo cara, con derrotas sonadas como la de Trafalgar.
Por eso, cuando las tropas francesas, engoladas y chulescas, encabezadas por Murat, desfilaron por Madrid, recibieron abucheos, silbidos y bronca generalizada. Lo peor es que el 2 de Mayo se corrió la voz, por los mentideros de la Villa, que las tropas francesas intentaban sacar de Palacio al menor de los hijos de Carlos IV, el infante Francisco de Paula.
Para allá que se fueron grupos de madrileños con la intención de impedirlo hasta que un batallón de artillería de guardia se lía a cañonazos contra la multitud que se dispersa, pero termina encendiendo a toda la ciudad. Los madrileños intentan bloquear la calle de Alcalá pero son empujados por la caballería francesa hacia la puerta del Sol.
Allí, mal armados, intentan responder, con lo que tienen a mano, a la carga de los mamelucos egipcios. Al final los cañones imponen su ley y, a los muertos de la revuelta popular, vienen a sumarse de inmediato los ejecutados en el claustro de la iglesia del Buen Suceso.
La batalla campal queda reflejada en el cuadro La carga de los Mamelucos de Francisco de Goya, pero la venganza continúa durante la noche por toda la ciudad. Es también Goya, quien mejor ha retratado aquellos momentos en su cuadro Los fusilamientos del 3 de Mayo.
Goya, hasta ese momento había pintado cartones para la Real Fábrica de Tapices con escenas festivas, luminosas, alegres, aunque a veces no podía dejar de reflejar estampas duras y dramáticas de la vida diaria, como El albañil herido.
También había realizado retratos de personajes conocidos, o de amigos, como Jovellanos, toreros, como Pedro Romero, o actrices, como la Tirana, la Duquesa de Alba, o las Majas desnuda y vestida. Muchos de ellos sobre la familia real, en los que refleja la grandeza, o las bajezas humanas y en los que sólo salva a los niños.
A partir de este 2 de Mayo de 1808 el carácter del artista se verá marcado por la crueldad humana, la represión absolutista borbónica, la guerra brutal. De ahí nacerán Los desastres de la guerra, las Pinturas Negras, los Desastres y Disparates. Es un hombre amargado, triste, sin esperanza en el futuro, ni en el género humano.
Huye de Fernando VII y su absolutismo para refugiarse en Burdeos. Acaba recuperando algo de paz interior que le permite reflejar, de nuevo, escenas populares, como los Toros de Burdeos y alguna obra maestra final como La lechera de Burdeos.
Aquel 2 de Mayo, aquel 3 de Mayo, marcaron para siempre a Madrid. Toda la noche tocó a muerto la campana del Buen Suceso. Se abrieron fosas junto a las paredes de la iglesia, que luego fueron cegados. Paños negros cubrieron el lugar.
Madrid se la jugó dos veces y perdió en ambas ocasiones, al igual que nos cuenta Víctor Manuel en su canción Asturias. El 2 de Mayo y el ¡No pasarán! forma parte de la misma lucha por la libertad que impregna al género humano.