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La peluquería

miércoles 06 de mayo de 2020, 09:13h

Un nuevo día y ya estamos otra vez en mitad de semana.

Y es curiosa esta sensación de que el tiempo pasa lento y sin embargo la vida rápido. No sé si sólo me pasa a mi, pero a veces no pasan las horas, ni tan siquiera los minutos y otra veces van a toda velocidad. Sin embargo cuántas veces hemos querido detener el tiempo, volver momentos eternos, pero no, han volado y el tiempo sigue volando y se nos escapa. Y esa duda permanente de si habrá tiempo perdido... Bueno, mejor pensar que no hay tiempo perdido sino vivido. Aunque sea este tiempo de pandemia, este tiempo monopolizado por el COVID 19, pero que también está siendo parte de nuestra vida. Una experiencia vital que ninguno de nosotros olvidaremos, o al menos no deberíamos olvidar. Un antes y un después.


Pero bueno, hoy quiero hablar de lo que para mi ha sido toda una experiencia. Vivida casi con nervios, con ilusión, con cierta emoción, con curiosidad, con ganas... ¡Como una primera vez! Una cita casi a ciegas incluso con cierto punto de clandestinidad. Ayer fui a la peluquería. ¡Una ansiada cita con mi peluquero! He de reconocer que aunque ahora tenemos una guía para todo no me leí “las claves y consejos para ir a la peluquería”. No se asusten, que tampoco he ido a la aventura, me he dejado guiar por él, vamos... ¡Una cita en toda regla!

He ido vestida para la ocasión con guantes, mascarilla y mi gel hidroalcoholico que es el mejor perfume para estos días. He sido muy puntual, sabía que no me podía adelantar ni retrasar ¡Hora exacta! Y con nervios he llamado al timbre y ahí estaba él, con la peluquería enterita para mi.

Quizá en los grandes salones se nota menos, pero les confieso que ha sido una sensación muy extraña incluso inquietante y sobre todo, totalmente nueva. Pasar y saludarte en la distancia y entrar a un lugar que antes del 15 de Marzo estaba lleno de vida, de ruido, de secadores, de conversaciones, de risas, de arreglar el mundo. De pruebas de comunión, de novias eligiendo peinado... Y ahora, encontrar un sitio vacío, en silencio aunque con esa música de fondo que nos hace sentir bien, que nos reconcilia con la normalidad. Y les cuento otro detalle, se acabó el papel. ¡Entiéndanme! Que ya no hay revistas, las que devorabas para ponerte al día en el apasionante mundo del corazón. Ni de belleza. Ni de salud. Ni de recetas, de esas que todas te parecían buenísimas y facilísimas... Ni de nada de nada. No hay ni siquiera esos catálogos de tendencias. De peinados y colores imposibles pero que nos encantaba mirar.

Ahora llegas, te saludas y sonríes con la mirada que es lo único que en este momento se nos ve. Te dan una bolsa como a los presos para tus pertenencias y más gel. Te vuelven a desinfectar de arriba abajo y esperas órdenes para sentarte. Y tu peluquero va vestido como si fuera a operar a corazón abierto y el paciente eres tú. Pero todo eso me dio igual, porque lo realmente importante era que ¡Por fin estaba en la peluquería! ¡Por fin me iba a dar el tinte! ¡Por fin me iba a cortar el pelo! ¡Por fin me iba a mirar al espejo y me iba a reconocer! Porque estuve tentada a jugar a la peluquería en casa pero afortunadamente, resistí la tentación. Y hasta me ha gustado verme con el tinte puesto, incluso debajo de esa especie de ovni en el que te meten. Y hasta he dicho la frase que nunca antes me hubiera atrevido “corta sin miedo”. Con el peligro que conlleva decirle eso a un peluquero. Pero ayer Adán, mi peluquero, fue la persona en la que más confié y más feliz me hizo en tan sólo dos horas.

Por eso cuando esto pase, que pasará... Recordaremos que hubo un virus y que además de cambiarnos la vida, se creyó estilista y nos cambió la imagen y quiso que cayéramos en el abandono y nos acostumbráramos a vernos de cualquier manera. Pero una vez más se equivocó, porque hubo valientes que se atrevieron a ser peluqueros en casa y otros que resistimos. Y una vez más nos rebelamos a aceptar la “nueva normalidad” .Porque gracias a confinarnos, valoramos algo tan extraordinariamente normal como ir a la peluquería y nos hizo disfrutar de una maravillosa y excitante primera vez.

Esther Ruiz

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