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El cura de Monleón

Por Miguel García Posada
viernes 08 de agosto de 2008, 00:00h
Actualizado: 08/08/2008 11:43h
Sobradamente conocido y ya revisado en esta sección, no procede hablar ahora tanto del hombre Baroja como de la peculiaridad de su pensamiento en esta novela, no demasiado conocida de don Pío, que se publicó en un año malo para su difusión, 1936, y no ha sido muy valorada por la crítica.
La novela es la historia de un cura rural, don Javier Olarán, que lleva una vida sosegada en un pueblo vasco, Monleón, donde atiende a sus dos principales aficiones  la música, sobre todo, pero también la lectura, que  consigue poner en cuestión su  ya desasosegada religiosidad y lo lleva finalmente a la pérdida de la fe, un poco como el don Manuel  Bueno de Unamuno y por fechas semejantes.

La novela carece propiamente de acción; es la novela de  una evolución espiritual, y desde este punto de vista la crítica ha objetado a Baroja que la novela se resiente no solo de la falta de dinamismo sino de no entrar en la agitación que un tal trastueque de creencias tiene que producir en un sacerdote y en cualquiera que posea esas premisas axiológicas.

Pero lo que a nosotros nos importa  ahora es el uso que Baroja hace de las ciencias sociales –historia y filología sobre todo, incluida la crítica textual-- para lanzar un ataque implacable contra todos los fundamentos de la religión cristiana y, por analogía, de toda religión. Así se suceden en la  última parte capítulos sobre el monoteísmo, el Génesis, la historia de Jesús, los helenistas y judeófilos, las posiciones de los grandes santos y creyentes –de San Agustín a Pascal—y de un filosofo puro como Kant.

Hasta entonces no se había hecho nada semejante –al menos con tanta “autoridad” literaria y científica— en nuestra literatura. La única fe que mantuvo Baroja  toda su vida fue la absoluta increencia, que a punto estuvo de costarle la vida al producirse la guerra civil cuando una partida carlista pretendió asesinar al “hombre impío de Itzea”.

Sean o no verdaderos, sólidos, definitivos,  los argumentos antirreligiosos de Baroja, lo que importa aquí, para la misma valoración del texto, es la veracidad del escritor , que depone siempre su verdad con absoluta autenticidad. Don Javier Olarán es, como tantos otros personajes, un álter ego del autor, que se vale de él para poner patas arriba la religión.

De paso, se atestigua otro elemento, no siempre tenido en cuenta por la crítica: la profunda cultura de Baroja y su  interés por la ciencia de su tiempo, de la que estaba mucho más al tanto de de lo que se ha creído, aunque ese interés tampoco generara en él ningún entusiasmo especial, convencido  como estaba de que la ciencia –y así lo dice-- no era humana, en el preciso sentido de que la movía la misma ciencia, el ansia de los científicos por hacer ciencia y  no ninguna especial filantropía de la comunidad científica.

Miguel García-Posada


Título: El cura de Monteleón
Autor: Pío Baroja
Ficha editorial: Obras completas,  Vol.  X, Edición de José-Carlos Mainer, Círculo de Lectores, Barcelona, 1997.
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