Un santo patrón en horas bajas
martes 13 de mayo de 2008, 00:00h
Actualizado: 19/05/2008 18:39h
San Isidro Labrador nació en 1082. Sus hazañas y milagros, que esta semana celebramos –sobre todo los trabajadores de los bancos, que salen una hora antes- le convirtieron en patrón de los madrileños a partir de 1212. Ahora, casi ochocientos años después, sus fiestas están muy devaluadas, son miles los madrileños que nunca han pisado una de sus verbenas, no han bailado un chotis y no saben dónde está la pradera del santo. Una pena: cualquier pueblo, por pequeño que sea, vive sus fiestas como algo grande, las disfruta, participa en ellas y, si puede, las publicita. Aquí, en muchos casos da como vergüenza hacerlo; son legión los que aprovechan el puente para huir de la ciudad. Y se cuentan con los dedos de pocas manos quienes saben marcarse un chotis, y menos sobre un ladrillo, como marca la tradición.
Desde hace unos diez años a esta parte, los colegios realizan acciones para promocionar las fiestas de San Isidro. Los niños acuden a clase vestidos de chulapas o manolos, llevan rosquillas “listas” y “tontas” para compartir, y hasta escuchan algunos chotis. Pero no es suficiente: la tradición se pierde, es rarísimo encontrar a un joven ataviado con parpusa y chaleco de pata de gallo, y las adolescentes con claveles dobles enmarcando su cara son prácticamente inexistentes. No les gusta, no les llega o no aprenden a quererlo. Parece que los madrileños no nos sentimos identificados con nuestra fiesta.
Tampoco desde las administraciones se anima mucho el cotarro, la verdad: al alcalde actual, Alberto Ruiz-Gallardón, no le gusta mucho lo que huele a castizo. De hecho, pasa cada año por la pradera como una aparición, muy temprano y por muy poco tiempo. Nada que ver con la presidenta Aguirre, que el año pasado no dudó en presentarse con un traje de manola con los colores “populares”.
Pero, ¿esta reacción tan fría es por indiferencia, por pasotismo, o por ignorancia? Lo digo porque si hay algo aún menos concurrido por el grueso de la población madrileña que las fiestas de su patrón, San Isidro, es la festividad de la otra patrona, la Virgen de la Paloma. Porque a ver quién es el guapo que se pasa en Madrid el 15 de agosto, dirán algunos. Pero quien se ha quedado y se ha pasado por Embajadores en esos días, ha descubierto una celebración sorprendente, cercana y llena de sabor.
San Isidro, además de ser un patrón muy simpático y acorde con los tiempos – preocupado por la lluvia y el medio natural tranquilote, asalariado, con un solo hijo- , es protagonista de costumbres que todo madrileño debería conocer: su ermita, su fuente de agua milagrosa, su pradera, su pozo, el museo que hoy se abre donde estuvo su casa… Y la parafernalia que acompaña a las fiestas también tiene su aquel. Incluido ese dialecto madrileño que sólo utilizaron los zarzueleros pero que tanto casa con el tópico del “gato” del foro.