El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía presenta la exposición ‘Alberto Greco. Viva el arte vivo’, una muestra que recupera la figura del creador argentino y subraya su relevancia dentro de las prácticas artísticas experimentales y participativas del siglo XX. La exposición puede visitarse desde el 11 de febrero hasta el 8 de junio de 2026 en el edificio Sabatini.
La propuesta revisa la trayectoria de Greco (Buenos Aires, 1931 – Barcelona, 1965), considerado una figura clave de la vanguardia y uno de los impulsores del concepto de “arte vivo” y de formas cercanas al happening en la España de los años 60.
Comisariada por Fernando Davis, la muestra reúne más de 200 piezas y documentos (entre pinturas, dibujos, collages, escritos, fotografías y registros de acciones) que recorren su producción entre 1949 y 1965, permitiendo entender la evolución de su práctica artística y vital.
Durante la presentación, el comisario definió el itinerario creativo del artista como un "derrotero torcido", marcado por "el desvío, la inadecuación y una sensibilidad camp y queer que desafió las narrativas clásicas de la vanguardia". Asimismo, explicó que uno de los núcleos principales del proyecto es el concepto de "arte vivo o vivo-dito", con el que Greco planteaba "enseñar a ver con el dedo" la realidad cotidiana señalando personas o lugares como obras de arte.
"A través de un desvío queer, Greco desafió las instituciones y los programas estéticos convencionales"
Davis también describió al creador como "un artista decisivo de la vanguardia experimental", cuya obra integra elementos de "lo popular, lo pueril, lo fantástico y lo cursi, anticipando sensibilidades camp y queer", y señaló que su recorrido fue "breve pero intensa" y cercana a una "línea quebrada" que cuestiona las expectativas tradicionales sobre la carrera artística.
En esa misma línea añadió: "Se trata de una trayectoria disruptiva que habita el desvío, el traspié y la desorientación. A través de un desvío queer, Greco desafió las instituciones y los programas estéticos convencionales".
El recorrido presta especial atención a las acciones realizadas por el artista durante su estancia en España, especialmente en Madrid y en la localidad de Piedralaves, donde llevó al límite su idea de participación colectiva al declarar el propio entorno y a sus habitantes como parte de la obra.
En ese contexto, el director del museo explicó que "Allí (en Piedralaves) desarrolló el gran manifiesto-rollo arte vivo-dito, una tira de papel de cerca de 300 metros que integraba textos, dibujos, fotografías y aportaciones de los vecinos y que simboliza su voluntad de convertir un pueblo entero en arte".
Por su parte, la Delegada del Área de Gobierno de Cultura, Turismo y Deporte, Marta Rivera de la Cruz, destacó que "el arte participativo es hoy una constante", aunque recordó que "hacer algo así en la España en blanco y negro de los años sesenta exigía una valentía difícil de imaginar hoy", subrayando la importancia de "recuperar la memoria de los pioneros".
La exposición funciona como una retrospectiva de la intensa pero breve trayectoria de Greco, que abarca desde sus primeras pinturas informalistas y escritos hasta sus acciones, collages y proyectos vinculados al llamado arte vivo, donde buscó borrar los límites entre vida y creación artística.
Además, el proyecto expositivo se complementa con actividades públicas y un catálogo que reúne textos inéditos del artista junto a estudios críticos sobre su obra.