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Mural de Santibáñez en la estación de Metro de Canillejas
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Mural de Santibáñez en la estación de Metro de Canillejas (Foto: Metro de Madrid)

El legado bajo tierra de Santibañez: 90 años del artista con más murales en el Metro

La obra de Santibañez en el Metro

Por Ángela Beato
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abeatocmadridiarioes/7/7/19
domingo 15 de febrero de 2026, 09:33h
Actualizado: 16/02/2026 11:10h

Bajo el asfalto de Madrid, donde el tiempo se mide en trenes que llegan y se van, habitan unas formas que no pesan, que flotan, que parecen surgir de una lógica secreta del universo. Miles de viajeros se cruzan con ellas, algunos sin reparar en que contemplan la obra de un mismo artista: el pintor, escultor y muralista Eladio García de Santibáñez, el hombre que contribuyó a hacer del Metro un espacio museístico y que puede presumir de ser el artista más presente en el suburbano.

“Creo que yo tengo obras en muchas estaciones, pero claro, hay de otros artistas”, apunta Eladio con humildad en una conversación con Madridiario, aunque su hija Belén corrobora el dato: “Hoy por hoy es el autor con más creaciones en el Metro de Madrid, con 18 murales y esculturas”, repartidas entre las líneas 5, 6, 7 y 9.

Acaban de cumplirse 90 años del nacimiento de este artista dedicado en cuerpo y alma a perseguir la belleza. “No es que se busque la belleza, es que se encuentra. Es que hemos nacido así. Ya conoces el dicho, el artista nace, no se hace”, puntualiza desde su casa de la Alcarria este nonagenario que se encuentra “en plena forma”.

El artista, con algunas de sus obras (E.G. Santibáñez)

Eladio nació en enero de 1936 en Santibáñez Zarzaguda, un pequeño pueblo de Burgos. De allí tomó su nombre artístico llevando consigo la memoria de su origen. Creció en un paisaje rural marcado por la guerra y la posguerra, en un tiempo en el que el arte se antojaba un lujo improbable. Pero la vocación, como una semilla, fue prendiendo en él de manera silenciosa.

“No es que se busque la belleza, es que se encuentra"

A los veinte años llegó a un Madrid que le cautivó. En el Museo del Prado aprendió a mirar a los maestros. En el Círculo de Bellas Artes descubrió la efervescencia cultural. En la Plaza del Dos de Mayo vivió la bohemia de los años de formación. Ampliando horizontes, viajó a un París que le abrió las puertas de la modernidad y de las nuevas corrientes artísticas. De vuelta a Madrid, cuando la pintura contemporánea comenzaba encontrar su lugar, él sintió que ya estaba preparado para encontrar el suyo.

Formas en el espacio

Santibáñez busco su camino artístico durante años hasta que apareció aquello que definiría toda su obra artística: ‘Formas en el espacio’. No eran figuras ni objetos reconocibles. Era una abstracción a partir de formas ingrávidas, flotantes, en transformación constante. En ellas se mezclaban la intuición, la memoria y la idea de un universo en movimiento.

Esa epifanía artística coincidió con le expansión del Metro de Madrid en los años 70. A medida que se enteraba de que iban a hacer nuevas estaciones, proponía sus proyectos para decorarlas. “Yo me presentaba como otros pintores con bocetos muy hechos, muy bien terminados, a escala y todo, para que no hubiera sorpresas si se decidía hacer”, explica Santibáñez. Y siempre con creaciones fruto de su evolución creativa.

El artista en los 70 y ahora (Foto: E.G. Santibáñez)

“En aquel momento, mis pinturas, mi creación, era ‘Formas en el espacio’. Eso es lo que iguala toda mi obra, en el Metro y en la pintura de caballete”. Su hija Belén interviene para aclarar que “por la tipología, la técnica y el significado de esa obra se adaptaba perfectamente a los murales y esculturas que se podían desarrollar en el Metro, porque funcionaba muy bien con espacios grandes. Por eso utilizó la temática pictórica que ya estaba desarrollando en ese momento”.

A la hora de crear para pasillos y vestíbulos del suburbano, se guiaba por un criterio “fundamentalmente estético”, porque “un mural no es un cuadro grande”, subraya Eladio remarcando que un mural es una obra que nace para un espacio, que se integra en él, que respira con su arquitectura. Esa idea resultaría decisiva cuando su obra descendió al subsuelo de Madrid, consciente de que una pintura en un caballete tiene una fuerza distinta a la de un mural de siete metros.

Arte que crecía al ritmo del Metro

El resultado fueron 18 murales y esculturas repartidos por la red metropolitana. 18 estaciones convertidas en fragmentos de un mismo universo visual. De algunos años, como 1983, datan hasta cuatro obras, emulando el ritmo frenético de apertura de nuevas estaciones en la ciudad. “Fueron años de mucho trabajo porque se estaban construyendo estaciones y líneas nuevas”, recuerda Santibáñez.

“Fueron años de mucho trabajo porque se estaban construyendo estaciones y líneas nuevas”

Elaboraba el boceto en su estudio, pero luego la ejecución final del mural la realizaba in situ, con materiales como pintura pétrea, hierro, acero, cerámica o cemento dando volumen “sobre paredes en obras de estaciones, algunas de dos metros y medio de altura, porque no todas eran iguales” y cada espacio exigía una respuesta nueva. Esa parte, la de “encajar la obra en tamaño, tono, color y la fuerza de ese espacio es lo que más me gustaba”.

El tiempo que dedicaba a cada mural variaba en función de muchos factores. “Yo creo que sobre todo lo que le llevaba más tiempo es desarrollar el proyecto, la idea. Y una vez aprobada, la tenía que ejecutar, pero ya creativamente la había bocetado y había aprobado la idea estética de la obra”, comenta su hija.

Preguntarle al maestro si recuerda todas sus creaciones en el suburbano “así, de corrido” entraña cierta dificultad porque “ha pasado mucho tiempo, alrededor de 40 años, desde que se hicieron algunos de esos murales. El Metro de Madrid creció mucho y en esas décadas es cuando está hecho todo mi trabajo”. No recuerda exactamente cuál fue la primera, aunque se aventura a mencionar Parque de las Avenidas. Luego vendrían el resto.

Murales para ver en movimiento

Sus murales han resistido el paso del tiempo y la erosión del tránsito cotidiano. En ocasiones, el propio artista se ha encargado de restaurar algunos, consciente de que el arte, como la vida, necesita de cuidados. “Ya son muchos años de estar expuestos al paso de muchos miles de personas”, señala Eladio. La vulnerabilidad que les da a estas obras su ubicación y accesibilidad no ha significado, sin embargo, mayores daños. “Generalmente se respeta porque es un paso rápido”, apunta el artista, quien sí ha tenido en cuenta su localización a la hora de desarrollar cada obra.

Eladio García Santibáñez restaurando en 2023 el mural de la estación de Laguna (Metro de Madrid)

En el Metro, el arte no es un objeto distante, sino una presencia cotidiana. No se contempla en silencio, como en un museo, sino entre pasos apresurados yendo o volviendo de un tren. Eladio supo comprender esa lógica y convertirla en parte esencial de su lenguaje. De modo que estos murales no están pensados para ser mirados desde un único punto de vista, sino para ser recorridos.

“Hay una manera de hacer eso para que se vea con rapidez, porque cuando se va en el Metro no es como si fueras de paseo por un jardín, sino que se pasa rápido y entonces hay que tenerlo en cuenta en la composición”, incide Santibáñez.

Como explica su hija Belén, las formas de Eladio son dinámicas: cambian según el ángulo, según el paso del viajero, según la velocidad de la mirada. El espectador no se detiene ante el mural, sino que es la obra la que acompaña el movimiento de la ciudad.

"La obra va acompañando al movimiento de los viajeros”

“Son obras realizadas conociendo el trasiego de los viajeros, siempre tienen un punto cinético en el sentido de que es el propio viajero, en este caso, el que se mueve y puede ver y observar la obra desde diferentes aspectos. Según se mueve va apreciando diferentes formas que van cambiando, que van evolucionando. Es decir, no están creados para verlos desde frente, sino desde diferentes ángulos en movimiento. Porque la obra va acompañando al movimiento de los viajeros”, apunta Belén.

En cualquier caso, en palabras de su autor, las obras de Santibáñez en los vestíbulos del Metro “se pueden ver y tomar nota estética andando deprisa o parándote a mirar”.

La belleza encontrada

Al preguntarle por su proyecto favorito en la red del suburbano, no se moja: “Todos son hijos. La obra que se ha remozado últimamente me gusta mucho pero también la primera, en eso son hermanos”, sentencia.

Tampoco se decanta de manera clara por la pintura, el mural o la escultura. Eladio duda. No hay jerarquías. Todo forma parte de la misma búsqueda. Aunque con lo que más disfruta es con la pintura, en las tres disciplinas le mueve “la búsqueda de la belleza por el mundo, que desde que naces ya estás mirando, no viendo, y es lo que te va madurando como artista, que te fijas mucho en todo lo existente, y de ahí parte todo, de tus conocimientos respecto a lo que vas viendo en la vida”.

Hoy, la obra de Eladio García de Santibáñez forma parte del paisaje subterráneo de Madrid. Sus formas flotantes siguen allí, bajo tierra, esperando a ser vistas. Tal vez no siempre las miremos al pasar. Quizá las percibamos solo de reojo. Pero están. Acompañan el movimiento de la ciudad y rompen la rutina cotidiana. Mientras los trenes llegan y se van, mientras los viajeros cruzan las estaciones sin detenerse, con los murales de Eladio, Madrid ha encontrado la belleza en el subsuelo.

Estaciones del Metro de Madrid donde hay obras de Santibáñez

Murales cerámicos: Conde de Casal (L6); Pacífico (L6); Barrio de la Concepción (L7); Cartagena (L7); Parque de las Avenidas (L7); Las Musas (L7); Canillejas (L5) y Sainz de Baranda (L6).

Murales de pintura pétrea y cemento: Torre Arias (L5); Suances (L5); Concha Espina (L9); Carpetana (L6) y Oporto (L5).

Murales de pintura pétrea metalizada: Méndez Álvaro (L6) y Laguna (L6).

Esculturas murales en hierro: Cruz del Rayo (L9) y Duque de Pastrana (L9).

Proyecto escultórico: Valdebernardo (L9)

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