Los aeropuertos son lugares de paso, de salida y de llegada, espacios a caballo entre el allí y el aquí, que han inspirado a Cosme del Olmo para realizar un proyecto fotográfico que se exhibe en el Espacio Jovellanos de Madrid hasta el 22 de enero. 'Aeropuertos Liminales' se presenta como una pausa reflexiva en medio del movimiento constante asociado a estos entornos. Tras explorar otros lenguajes, como el cinematográfico en 'Everywhere' (2021), el artista se adentra aquí en la fotografía desde una experiencia vital marcada por el desplazamiento continuo y la vida repartida entre distintos países.
La muestra reúne más de treinta imágenes en blanco y negro realizadas a lo largo de tres años de viajes ininterrumpidos. Durante ese tiempo, Del Olmo convirtió los aeropuertos en espacios de observación prolongada, escenarios donde el tiempo parece diluirse y adoptar una cualidad suspendida. Para el artista, estos enclaves funcionan como “membranas entre vidas posibles”, una definición que subraya su condición de umbral y su papel como símbolo extremo del tránsito contemporáneo.
Lejos de limitarse a documentar la arquitectura aeroportuaria, la exposición se adentra en la contradicción que define a estas infraestructuras. Bajo su apariencia impersonal y funcional, los aeropuertos concentran algunas de las emociones más intensas de la experiencia humana, como las despedidas difíciles, los regresos ansiados o los nervios del inicio de las aventuras. Al mismo tiempo, operan como sistemas que despojan a los individuos de singularidad, reduciéndolos a piezas de un engranaje mecanizado, a flujos ordenados por cifras, tarjetas de embarque y siluetas anónimas en movimiento.
El uso exclusivo del blanco y negro no es una elección estética casual, sino una estrategia consciente para eliminar distracciones y reforzar la tensión latente en estos espacios diseñados para no detenerse. A lo largo del recorrido, la presencia humana se va transformando: de ocupar un lugar central pasa progresivamente a diluirse en la escala de la arquitectura, acabando desplazada hacia los márgenes o absorbida por la lógica geométrica del entorno. Esta desintegración visual refleja, según Del Olmo, la condición fragmentada del viajero actual, atrapado entre reflejos, identidades inestables y pertenencias provisionales.
La luz, los contrastes marcados y las líneas de fuga propias de la geometría industrial actúan como hilo conductor emocional. Cada imagen parece prometer una salida que, sin embargo, se aplaza, reforzando la sensación de recorrer un laberinto interminable de pasillos, cintas y salas de espera. En ese juego de promesa y negación se instala buena parte de la potencia poética de la serie.
Las fotografías revelan la dimensión filosófica y estética de unos espacios que normalmente cruzamos con la mirada ausente. Más que una crónica visual del viaje, la exposición propone una reflexión sobre el desarraigo y el estado psicológico de quienes, aunque sea por unas horas, viven entre lo que queda atrás y aquello que todavía no ha comenzado.