Desde que arrancaron las grandes obras y se
cerró parte de la línea 6, la rutina en Madrid ha cambiado: el transporte público se ha convertido en un embudo donde la multitud se acumula día tras día. Andenes abarrotados, viajeros apiñados contra las puertas de los trenes y esperas interminables para poder entrar en un vagón de Metro. “He tenido que dejar pasar cuatro metros, iban abarrotados”, cuenta una usuaria a pie de estación. No importa si es la hora punta de la mañana o la del regreso a casa: la saturación es constante.
El cierre parcial de la línea 6 entre Moncloa y Legazpi, uno de los tramos más estratégicos del suburbano, ha desbordado la capacidad del sistema. A esto se suman las grandes obras que atraviesan la ciudad (el soterramiento de la A-5, la reforma del Paseo de la Castellana o las intervenciones en la M-30 a su paso por Ventas), que han expulsado a miles de madrileños de sus coches hacia el transporte público.
La movilidad madrileña se ha convertido en un rompecabezas diario. Entre aglomeraciones y retrasos, emerge ahora una figura que combina desconcierto, ironía y polémica: los ya conocidos como 'empujadores' del Metro de Madrid.
La escena se repite en distintos puntos de la red. En Príncipe Pío, donde la línea 6 conecta con la 10, cuatro personas con chaleco amarillo se mueven por el andén, levantan los brazos, piden calma, distribuyen a los viajeros. La misma imagen se da en Alonso Martínez, en Gregorio Marañón o en Moncloa, estación clave donde confluyen la línea 3 y la 6 y donde las aglomeraciones han sido especialmente intensas estos días.
“Pasen, pasen, aún cabe uno más”, grita un trabajador en la boca de un vagón. Su función no es tanto "empujar" físicamente como recordar a los pasajeros que avancen unos pasos más hacia el interior del coche o que se distribuyan por todo el andén y no se quedan amontonados en un mismo lugar. En la estación de Gregorio Marañón, uno de estos auxiliares responde con naturalidad cuando se le pregunta por el mote que los usuarios del suburbano madrileño han puesto a este personal auxiliar: “Nosotros solo nos encargamos de gestionar el tráfico de personas para que no haya incidentes. El término 'empujadores' es un poco feo”.
El término de 'empujadores' no tardó en correr como la pólvora en redes sociales. “Otro día en el infierno antes de llegar a casa. La solución de Metro de Madrid es poner empujadores en los andenes para que entremos más personas como sardinas en lata”, criticaba un usuario en X (antiguo Twitter). Otro añadía con sorna: “Metro de Madrid, hacina”.
Las imágenes de los “chalecos amarillos” gestionando el tráfico de personas en los andenes se han hecho virales en redes sociales. Y no solo entre los usuarios habituales de Metro: también algunos responsables de la política madrileña han querido subirse al vagón de la polémica para criticar la situación. Una de las primeras fue la portavoz de Más Madrid, Manuela Bergerot, quien grabó un vídeo en el que denunciaba lo que calificó como un síntoma de la precariedad del servicio: "Han convertido Madrid en los Juegos del hambre". A las críticas se sumó también la portavoz socialista en la Asamblea, Mar Espinar, con un vídeo de estilo similar al del programa 21 días de Samanta Villar, aunque sin la célebre frase: "como no es lo mismo contarlo que vivirlo".
Hace unos días y con algunas críticas ya vertidas por algunos representantes políticos, Miguel Ángel García Martín, consejero de Presidencia y portavoz del Ejecutivo madrileño, acusó a la oposición de manipular: “Creo que solamente la izquierda y la mentalidad de izquierda pueden pensar que Metro de Madrid puede contratar lo que ellos llaman empujadores. Estos trabajadores ayudan, asesoran y garantizan la accesibilidad al Metro”.
Pero...¿Por qué se les llama 'empujadores'?
El apodo no es casual y remite inevitablemente a una imagen muy conocida en otra parte del mundo. En Tokio, los oshiyas forman parte de la iconografía del metro: empleados de traje oscuro y guantes blancos que, sin titubear, empujan a los pasajeros hasta llenar cada rincón del vagón. Su labor incluye cerrar las puertas a la fuerza o apartar mochilas que obstaculizan el cierre, una rutina que refleja la magnitud de un suburbano que mueve más de 8,3 millones de viajeros diarios.
En Madrid, sin embargo, la escena es muy diferente. Los llamados 'empujadores' no llevan uniforme de gala, sino chalecos reflectantes con el logo de la compañía, y su trabajo dista mucho de empujar físicamente a la multitud. Su tarea consiste en ordenar el flujo de pasajeros, pedir que avancen hacia el centro del vagón o que se repartan a lo largo del andén. “No empujan a la gente, ni los tocan”, subrayan desde Metro de Madrid a este digital.
Más que empujadores en sentido literal, son gestores del espacio en momentos de saturación. Y no son una novedad absoluta, ya que se recurre a ellos de manera puntual en grandes eventos, como partidos de fútbol o conciertos multitudinarios.
Metro ha explicado con detalle cómo funciona el actual despliegue a Madridiario. En total, son 120 trabajadores del propio suburbano -no contratados ex profeso- que rotan por distintas estaciones en función de las necesidades del día. “Su labor es distribuir a los viajeros a lo largo del andén para evitar que haya acumulaciones en un punto mientras otro queda vacío, lo que ayuda también a que la circulación de los trenes sea más fluida”, explican desde la compañía. En Embajadores, Moncloa o Alonso Martínez suele haber dos o tres personas, mientras que en estaciones especialmente tensionadas como Gregorio Marañón o Moncloa pueden llegar a concentrarse cuatro o más.
Se trata de personal habitual de Metro, como jefes de línea o técnicos, que en estas semanas se destinan a la gestión de flujos en los andenes. “No ha supuesto una inversión extra”, insisten.
Andenes de Nuevos Ministerios, cerrados
Este jueves, 2 de octubre, la estación de Nuevos Ministerios cerró temporalmente sus andenes. Metro de Madrid decidió interrumpir de forma puntual la entrada de usuarios para evitar que las aglomeraciones junto a las vías derivaran en un problema de seguridad. La medida, que sorprendió a muchos pasajeros que se dirigían al trabajo, se aplicó en plena hora punta y provocó colas en los vestíbulos de la estación.
La explicación de la compañía llegó poco después: la feria internacional Fruit Attraction, celebrada en Ifema, había disparado la demanda en la línea 8, con Nuevos Ministerios como punto de partida natural para miles de visitantes. Entre las 07:00 y las 10:00 horas de la mañana se activó un dispositivo especial, que incluyó dos “microcortes” de acceso al andén hasta la llegada de los siguientes trenes. Según Metro, se trató de una actuación preventiva y limitada en el tiempo, pero que refleja hasta qué punto la red se encuentra tensionada en un contexto marcado por las obras en la ciudad y el cierre parcial de la línea 6.