

El teatro Pavón corrió un serio riesgo de desaparecer en las dos últimas décadas del siglo XX. Medio arruinado el edificio, con una programación cinematográfica de reestreno, acabó cerrando las puertas. En 1984 una intrépida empresaria, Carmen Troitiño, se empeñó en recuperarlo e inició una reforma, que tuvo que ser completada con el auxilio económico de los hermanos Collado. Gracias a ellos, el 15 de enero de 1985 se pudo estrenar un gran montaje: Buenos. Pero sería debut y despedida. La noche del estreno cayó una gran nevada sobre Madrid que empujó al público a quedarse en casa. Además, la compañía ya arrastraba problemas laborales y el telón volvió caer después de tres o cuatro representaciones. Aun así, el teatro siguió abierto durante algunos meses gracias, sobre todo, a entrar en el circuito del Festival Internacional de Teatro.
Llega Zampanó
Terminó el siglo XX con el Pavón cerrado y más destrozado que nunca tras el rodaje en su interior de la película Beltenebros, dirigida por Pilar Miró. En esa situación, dos profesionales del teatro, José Maya y Amaya Curieses, acometieron la locura (así lo califican ellos) de comprar el edificio. Habían fundado en 1981 la compañía Zampanó, que se especializó en el teatro clásico español.
La adquisición del inmueble costó más de doscientos millones de pesetas, a los que hubo que sumar el importe de la reforma. El arquitecto Ignacio de la Casas se implicó desde el primer momento en la aventura. Gracias a él, el Pavón pudo recuperar la imagen original proyectada por Teodoro Anasagasti, volviendo a levantar el torreón de tres metros de altura.
Zampanó reinauguró el teatro el 1 de noviembre de 2001 con El condenado por desconfiado. No empezaron muy bien la aventura -con la espada de Damocles de pagar los créditos- pero tuvieron un auxilio inesperado: la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

El Clásico
En el año 2002 la compañía del Clásico tuvo que ser desalojada de su sede en el teatro de La Comedia ante la necesidad de acometer una gran reforma. Con José Luis Alonso de Santos al frente, buscaron un teatro en el que poder seguir produciendo y programando, y acabaron alquilando el Pavón de Embajadores. Siempre pensaron que sería por un corto espacio de tiempo, pero acabaron estando 13 años. Su presentación en el Pavón se produjo con Peribáñez y el comendador de Ocaña el 8 de octubre de 2002. Entre tanto, fue nombrado director de la Compañía, Eduardo Vasco, quien estaría durante todo su mandato en ese teatro. Al público del Clásico le costó desplazarse a Embajadores pero, gracias a un montaje de Don Gil de las calzas verdes, comenzó a llenar el teatro provisional. La vuelta a La Comedia se realizó el año 2015, abriendo otra etapa de incertidumbre en el Pavón.
Pavón-Kamikaze
Una compañía de trayectoria ascendente, Kamikaze, se decidió a alquilar el teatro para cinco años. Miguel del Arco, Aitor, Tejada, Jordi Buxó e Israel Elejalde fueron también arriesgados en esta empresa. Debutaron el 27 de agosto de 2016 con Idiota. Durante su estancia en este teatro ofrecieron una programación basada, sobre todo, en el teatro contemporáneo, con preferencia para la dramaturgia española. Además de obras de Miguel del Arco, estrenaron a Pablo Remón, Gon Ramos, Jordi Casanovas, Pascal Rambert, Alfredo Sanzol… y habilitaron el ambigú del primer piso como segunda sala de representaciones. Su labor como empresarios y creadores en el Pavón les supuso la concesión del Premio Nacional de Teatro. No acabó demasiado bien esta estancia y el Pavón quedó vacío de nuevo en el año 2021.
El Pavón hoy
Durante unos meses el teatro estuvo programado por la empresa Vértigo360, que introdujo la multiprogramación. Finalmente, antes de acabar el año 2022 se hizo con la gestión la misma empresa que había abierto los teatros Luchana y que también programó el teatro Galileo (cerrado actualmente). Esta empresa es la que está al frente al llegar la celebración del primer centenario del Pavón. Como reconocimiento a su historia, el Ayuntamiento le ha concedido la Medalla de Madrid, que se entregará en próximo 15 de mayo.